RESUMEN DE LA PARASHA TZAV (Tiempo de lectura: menos de 1 minuto)
BREVE REFLEXION (Tiempo de lectura: menos de 3 minutos)
ANALISIS KABBALISTICO (Tiempo de lectura: menos de 5 minutos)
RESUMEN DE LA PARASHA TZAV
La Parashá Tzav, que abarca Vaykrá 6:1-8:36, profundiza en las leyes relacionadas con los sacrificios y las responsabilidades de los sacerdotes, los cohanim. Comienza con la mitzvá de «terumat hadeshen», que instruye a los sacerdotes a recoger las cenizas de las ofrendas quemadas y mantener el fuego del altar encendido de manera perpetua. Este fuego simboliza la conexión constante entre el pueblo y Dios.
Aarón, el sumo sacerdote, debía presentar diariamente una ofrenda de comida, tanto por la mañana como por la noche, como parte de su servicio continuo. Además, se establecen las leyes sobre las porciones de las ofrendas que los sacerdotes podían consumir, siempre que estuvieran ritualmente puros y dentro del atrio del Santuario.
La Parashá culmina con la ceremonia de consagración de Aarón y sus hijos como sacerdotes. En esta ceremonia, Moisés los bañó ritualmente, los vistió con ropajes especiales y ungió el Tabernáculo y sus elementos, incluyendo el Arca, la mesa del pan de proposición, los candelabros y los altares. Aarón fue santificado con el aceite de unción, y los demás sacerdotes también fueron vestidos con sus ropas distintivas. Durante siete días, Aarón y sus hijos permanecieron en el atrio mientras se repetían los ritos de consagración.
BREVE REFLEXION
En nuestra sociedad actual, enfrentamos una creciente epidemia de trastornos emocionales y cognitivos como la ansiedad, la depresión y el TDAH. Estos desórdenes no solo afectan la calidad de vida de quienes los padecen, sino que también reflejan un desequilibrio profundo en la forma en que procesamos nuestras emociones y pensamientos. Vivimos en un mundo acelerado, lleno de estímulos constantes y demandas que sobrecargan nuestra capacidad de adaptación, lo que contribuye a la proliferación de estos problemas.
La psicología y la neurociencia han aportado perspectivas reveladoras sobre las posibles causas de estos desequilibrios. Una de las hipótesis más interesantes y que, curiosamente tiene que ver con la Parashá de esta semana, es la desconexión entre los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro, lo que se conoce como des sincronización de hemisferios cerebrales. Estos hemisferios, que trabajan en conjunto para integrar la lógica y la emoción, pueden perder su sincronía debido a factores como el estrés crónico, traumas o estilos de vida desbalanceados. Cuando esta comunicación se ve afectada, el resultado puede ser una incapacidad para regular adecuadamente las emociones, lo que amplifica los síntomas de ansiedad, depresión y otros trastornos.
En este contexto, la ciencia propone terapias que buscan estimular la comunicación entre los hemisferios, como el EMDR o ejercicios de integración bilateral, que han mostrado resultados prometedores. Estas intervenciones no solo ayudan a restaurar el equilibrio cerebral, sino que también ofrecen herramientas para manejar mejor las emociones y mejorar la calidad de vida.
La Torá por su puesto también nos habló de lo mismo hace milenios y también nos ofrece soluciones efectivas y duraderas. La Parashá Tzav nos ofrece una profunda enseñanza sobre el balance, el equilibrio y la sincronía de nuestros hemisferios, reflejado en los elementos del Atrio y el tiempo de preparación de los sacerdotes. El Atrio, con sus dos fuerzas fundamentales, el fuego del altar de cobre y la fuente de agua, simboliza las polaridades que rigen nuestro ser. El fuego, asociado con la polaridad izquierda (hemisferio izquierdo), representa la energía transformadora, la pasión y el sacrificio. Por otro lado, la fuente de agua, vinculada a la polaridad derecha (hemisferio derecho), simboliza la purificación, la calma y la conexión espiritual. Ambos elementos trabajan en conjunto para iluminar Tiferet, el equilibrio y la belleza en el árbol de la vida.
El tiempo de preparación de los sacerdotes, siete días, también es significativo. Este período representa la integración de las dimensiones emocional y material, un proceso que representa el camino de ascensión que debe recorrer el sacerdote para elevarse desde Maljut hasta Bina, desde la físico a lo espiritual. Los siete días de permanencia en el Atrio aluden a las siete zefirot inferiores, que incluyen tanto aspectos emocionales como físicos, y nos enseña que el equilibrio no es solo un estado, sino un proceso continuo de conexión, elevación y armonía.
Sin dudas el guerrero espiritual pasará por devenires en cada lucha que le toque enfrentar, habrá traumas, conflictos, duelos no sanados, etc. Sin embargo, el llamado es a superar todas esas situaciones y restaurar el equilibro a través de la elevación de nuestra conciencia y reconexión de nuestras fuerzas, provenientes del amor y el rigor.
¿Cómo elevar nuestra conciencia?
A través de la elevación de nuestro ser divino, expresado en esta realidad, hacia nuestro ser divino superior. Esto, como explicaré más detalladamente en el fundamento Kabbalistico, corresponde a la elevación de la letra Hei de Maljut hasta la letra Hei de Biná. Y como herramienta para alcanzar este objetivo tenemos la plegaria, la meditación y las acciones positivas que permiten mantener el fuego encendido para nosotros y el mundo.
Cuando logramos balancear nuestros polos energéticos—las fuerzas opuestas que habitan en nuestro interior, como la expansión y la restricción, la pasión y la calma—creamos un espacio de armonía donde nuestro cerebro restaura su coherencia y sincronía, haciendo que nuestras emociones dejen de ser un obstáculo y se conviertan en un puente hacia nuestra esencia más elevada. Este balance actúa como un catalizador para la integración de nuestra fisicalidad y nuestro espíritu.
Nuestro sacerdote interior entiende que este trabajo no es ocasional, sino continuo. Más allá de los desafíos y las pruebas que la vida presenta, mantener este equilibrio y sincronía entre nuestros hemisferios es lo que nos permite trascender las limitaciones del mundo material y elevarnos hacia una conexión más profunda con lo trascendental. Así como el fuego del altar transformaba lo físico en humo que ascendía hacia lo alto, nuestro balance emocional nos ayuda a transformar nuestras experiencias terrenales en crecimiento espiritual.
En este camino, el guerrero espiritual no solo busca la paz interior, sino también la capacidad de reflejar esa paz en el mundo que lo rodea, convirtiéndose en un canal de luz y armonía. Este es el verdadero poder del equilibrio, que no solo nos transforma a nosotros, sino que también eleva todo lo que tocamos.
FUNDAMENTO KABBALISTICO
El Atrio corresponde a la primera estación de conexión espiritual, el nivel que representa al mundo de Asyáh y corresponde al escalón inicial de nuestro trabajo espiritual. En este lugar están los dos elementos místicos que reflejan nuestro equilibrio emocional. Por un lado, el fuego, representado por el altar de cobre donde se ofrecían los sacrificios y por otro lado la fuente de agua, donde los sacerdotes purificaban su cuerpo para los servicios.
El agua de la fuente representa la conexión con la polaridad derecha, asociada con la purificación y la calma (Jesed), equilibrando la energía transformadora del fuego en el altar de cobre (Gevurá). Este equilibrio era fundamental para la armonía en el servicio divino y para iluminar Zeir Anpin, Tiferet, el centro de nuestras emociones y el equilibrio en el árbol de la vida.
Lo anterior lo vemos reflejado, de forma muy hermosa, en la treceava palabra del segundo pasuk de la Parashá Tzav, que es “fuego” (מוֹקְדָ֨ה). Esta palabra contiene una letra más pequeña al inicio, la letra “mem” (a esto los kabbalistas lo llaman “otiot ze’irot” y por lo general conlleva significados místicos profundos). La letra “mem” en general es asociada con el agua (מַיִם), siendo su característica su poder transformador y purificador.
Entonces, vemos aquí convivir el fuego con el agua, Jesed y Gevurá, hemisferio izquierdo y hemisferio derecho.
Sabemos también que el fuego jamás puede destruir al agua (a lo más la hace cambiar de estado de líquida a evaporación), pero el agua sí puede consumir el fuego. Esto nos da una respuesta clave respecto a la conexión de nuestros hemisferios. Que la letra mem sea más pequeña nos habla de la convivencia entre ambas polaridades, ninguna de ellas debe anularse, sino que deben complementarse para alcanzar el balance y el equilibrio.
Otros elementos que podemos añadir en este estudio, es respecto a las herramientas que podemos utilizar para mantener la coherencia en nuestro cerebro. Estos elementos también están ocultos en el mismo versículo 2 de Tzav, dice:
צַ֤ו אֶת־אַֽהֲרֹן֙ וְאֶת־בָּנָ֣יו לֵאמֹ֔ר זֹ֥את תּוֹרַ֖ת הָֽעֹלָ֑ה הִ֣וא הָֽעֹלָ֡ה עַל֩ מוֹקְדָ֨ה עַל־הַמִּזְבֵּ֤חַ כָּל־הַלַּ֨יְלָה֙ עַד־הַבֹּ֔קֶר וְאֵ֥שׁ הַמִּזְבֵּ֖חַ תּ֥וּקַד בּֽוֹ
“Manda a Aarón y a sus hijos, y diles: Esta es la ley del holocausto: el holocausto estará sobre el fuego encendido sobre el altar toda la noche, hasta la mañana; el fuego del altar arderá en él”
Este pasuk contiene 3 palabras mágicas que nos hablan de elevación, tal como el humo ascendía a los cielos cuando se hacían las ofrendas. Me refiero a las palabras 9, 10 y 11.
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La palabra central “הוא”, que gramaticalmente no es más que un demostrativo o un pronombre, cumple una función clave. Sus letras nos hablan de un mapa hacia el ascenso desde la Hei de Maljut, transitando desde Yesod hacia Zeir Anpin, a través de la Vav, para alcanzar al Uno, representado por la Alef (tal como se muestra en la imagen de más abajo).
A su vez, esta palabra la custodian, tanto por la izquierda como por la derecha, la palabra “העלה” que significa “la ofrenda”. Más allá del simbolismo que pueda llegar a significar que nuestra ofrenda deba provenir tanto de la izquierda como de la derecha, lo interesante es la peculiaridad que la propia palabra “העלה” tiene. “La ofrenda” inicia y termina con la letra Hei, que representan la Hei de Maljut y la Hei de Biná. Entremedio de ambas queda la palabra “על” que significa “sobre” o “por sobre”, obteniendo el mensaje de la “Hei de Maljut sobre la Hei de Biná”

Lo anterior nos impulsa a concluir bidireccionalmente la importancia del balance entre las columnas izquierda y derecha para el propósito de unificar las letras Hei del nombre de Di-s, poniéndolas una sobre la otra. Pero a la inversa también nos dice que la plegaria, la meditación y las acciones de conexión con los cielos nos ayudan a reconectar ambas columnas permitiéndonos alcanzar la coherencia en nuestro cerebro.
En cualquier dirección, ya sea a través de la conexión entre nuestros hemisferios o a través de las acciones espirituales como la meditación, propician que nuestras emociones se iluminen. Estas emociones están codificadas en las 12 tribus que corresponde a la gematría de la palabra “הוא”.
La primera reducción de la gematría de la palabra Moisés también es 12, potenciando aún más este mensaje de que nuestro trabajo espiritual continuo y permanente, tanto de reconexión como de elevación, permitirá a Moisés llevar a su pueblo a la tierra prometida.

Esto es Tzav, el balance entre el dar y el recibir y entre la acción en este mundo y la conexión con lo divino. Una tarea perpetua.
Shabbat Shalom
