Reflexión de Shabat 09/03/2024
A simple vista no existe relación entre la Parashá Vayakhel y la desconexión que hubo milenios antes, descrito en Bereshit, cuando Eva desobedeció la orden del Creador de no comer del árbol del conocimiento del bien y del mal. Sin embargo, la Kabbalah nos enseña algunos secretos que nos permitirán revelar la conexión existente entre ambos capítulos de la Torá.
A modo de contexto, hay que saber que, según la Kabbalah, una forma de interpretación arquetípica de Adán, Eva y la serpiente es la correlación de estos personajes con el cerebro, el corazón y el hígado. Sin profundizar demasiado en esta relación, es importante mencionar que el cerebro (correlacionado con Adán), corresponde a las Zefirot de Jojmá y Biná del árbol de la vida (hemisferios izquierdo y derecho), el corazón, correlacionado con Eva, corresponde a Zeir Anpin (las seis Zefirot emocionales). Finalmente, el hígado se correlaciona con la serpiente, que su vez se asocia con Maljut, nuestro mundo físico, el mundo denso de la materia y sin luz propia.
Paralelamente, la Parashá Vayakhel nos detalla, una vez más, los elementos y las instrucciones que la gente debía seguir para la construcción del tabernáculo, este lugar santo que serviría al pueblo de Israel como portal energético donde residiría la Shejiná.
Ambos episodios, tanto el de Bereshit como el de Vayakhel tienen algo en común y además un personaje que los une – Eva.
Lo primero que tenemos que entender es que ambas historias hablan de cada uno de nosotros como humanidad, no de las mujeres, no de los hombres, sino que de todos colectivamente. Así la historia de Adán y Eva en el jardín del Edén y la desconexión que se produjo al comer del fruto prohibido no es más que el arquetipo de la humanidad y la evolución del deseo, donde se debe corregir el deseo egoísta por un deseo altruista. Por otro lado, el tabernáculo también es un arquetipo de la humanidad que nos muestra cómo debemos, a través de los sacrificios (corvanot), elevarnos por sobre nuestros instintos animales y así alcanzar nuestro propósito de corregir esta desconexión.
¿Y Eva?
Eva, al estar asociado al corazón nos enseña que la desconexión, el mal llamado pecado original, se produjo en Zeir Anpin, en nuestras emociones. Son nuestras emociones las que no dejan fluir la luz de nuestra alma más elevada, Neshamá, hacia nuestro mundo físico gobernado por el Nefesh. El miedo, la angustia, la desesperanza, la falta de Emuná son sólo algunos ejemplos de como se provoca esta desconexión. Es aquí donde cobra sentido la razón del porque Di-s pide al pueblo de Israel que donen los materiales, para la construcción del tabernáculo, sólo aquellos que tienen un corazón dispuesto (Tetzave 28 – 3)
Tener un corazón dispuesto significaba que los materiales para la construcción del tabernáculo debían estar impregnados de la esencia de la corrección de nuestras emociones, impregnados de Emuná y de un deseo altruista por compartir.
De hecho, la palabra corazón (“Lev” en hebreo) se repite, aparentemente con una insistencia sin sentido, doce veces:
Shemot – Vaiakel 35 – 5
Shemot – Vaiakel 35 – 10
Shemot – Vaiakel 35 – 21
Shemot – Vaiakel 35 – 22
Shemot – Vaiakel 35 – 25
Shemot – Vaiakel 35 – 26
Shemot – Vaiakel 35 – 29
Shemot – Vaiakel 35 – 34
Shemot – Vaiakel 35 – 35
Shemot – Vaiakel 36 – 1
Shemot – Vaiakel 36 – 2
Shemot – Vaiakel 36 – 8
¿No es curioso que Di-s insista tanto en usar esta palabra? Y es que la corrección de nuestras emociones debe provenir del corazón de toda la humanidad y el Eterno se encargó de dejarlo claro repitiendo esta palabra doce veces en esta Parashá llamada “Y convocó” ¿A quienes convocó?, al pueblo de Israel, un pueblo organizado en 12 tribus, cada una con un aspecto emocional que corregir. Ese es el secreto del pectoral, con la inscripción de los nombres de las 12 tribus, que llevaba el Kohen Gadol colgado al pecho, lugar donde se alojan las emociones del corazón (Tetzavé 28 – 29):
Como Kohen Gadol de nuestros templos, debemos convocar a nuestras emociones alojadas en el corazón para, a partir de ahí, corregir la desconexión de Eva.
Lo anterior queda confirmado ya que al sumar la gematría reducida de “Y Convocó” Vayakhel (ויקהל) que es 7, más las 12 veces que aparece la palabra corazón en esta Parashá, formamos el número 19 que corresponde a la gematría de la palabra Eva (חוה)
Hoy más que nunca debemos luchar para no corromper nuestras emociones con las ilusiones y espejismos que este mundo nos muestra cada día. Hoy, si disponemos nuestros corazones, podremos hacer residir a la Shejiná en nuestros templos y así traer la redención a este mundo pronto.
Shabat Shalom
