Si leemos literalmente las primeras porciones del libro de Vaycrá (levítico) sólo veremos instrucciones de ritos extravagantes de adoración a Dios, como si Dios necesitara de holocaustos y ofrendas quemadas en altares. Esta forma literal de leer los textos sagrados nos traslada a imágenes paganas de adoración a dioses y nos lleva a confusiones pues el Dios de la Biblia no coincide en nada al Dios en el cual creo o espero creer.
Sin embargo, la Torá no está hecha para leerse de forma literal, sino que es un manual que nos muestra, de forma encriptada, como conectar con el Creador a través de la depuración de nuestra alma viviendo esta agobiante experiancia humana.
El tabernáculo hace referencia a nuestro cuerpo físico, el sacerdote a nuestra alma ( y representa el pilar derecho del árbol de la vida), los Leví representan el aspecto de rigor de nuestra alma (situado en el pilar izquierdo del árbol de la vida) y el pueblo de Israel representa nuestra emociones, las que a su vez son gobernadas por las 12 tribus (en representación de las 12 constelaciones zodiacales que están en correspondencia al pilar central y a Zeir Anpin).
Todo lo anterior conforma un arquetipo completo del ser humano, tanto físico como espiritual y todo lo que se describe en la Torá no es más que el manual de cómo hacer que este arquetipo revele toda su luz manteniéndose encendida de forma perpetua.
Los servicios de los sacerdotes nos habla del trabajo que debe hacer cada día nuestra alma para corregir nuestros tikunim, la obligación de mantener fuego encendido no es más que un código para expresar esta instrucción de mantener nuestra llama encendida constantemente. También, la obligación de ofrecer animales en sacrificio nos habla de cómo, a través de la restricción (sacrificio), quemamos a nuestro instinto animal. El uso de sal y aceite nos habla de cómo somos responsables, no sólo de elevarnos a nosotros mismos sino que también a los demás reinos (mineral y vegetal). El recoger las cenizas por la mañana es la instrucción para indicarnos que lo primero que debemos hacer, al iniciar nuestro día, es hacernos cargo de aquello que no fue consumido por nuestro trabajo espiritual anterior, para trabajarlo durante el nuevo día.
Todo lo anterior, son sólo algunos de los significados ocultos en la Torá para que cada uno de nosotros obtengamos plenitud y alcancemos nuestro propósito.
Este arquetipo completo de ser humano, tiene el atributo de ser una vasija receptora de toda la luz del Creador. Esto lo aprendemos al unir las primeras letras de las palabras Kohen (כּהן), Leví (לוי) e Israel (ישׂראל) lo cual conforma la palabra Vasija o Kli (כלי).
Que tengamos la voluntad de cada día hacer nuestro trabajo sacerdotal, elevar nuestras conciencias y revelar al fin toda esa luz que Dios nos tiene reservada.
Shabbat Shalom
