BREVE REFLEXION (Tiempo de lectura: menos de 5 minutos)
Muchas personas viven con la sensación de estar esclavizados de algunos aspectos de sus vidas, pero aun así continúan repitiendo los mismos patrones que los oprimen. Cambian de circunstancias, pero no de conciencia. Se liberan externamente de una situación y, sin darse cuenta, entran en otra muy similar. Por ejemplo, hay personas que pueden declararse más tolerante con sus hijos, pero en el trabajo siguen siendo los mismos de siempre, inflexibles y rígidos con los demás; la conciencia sigue siendo la misma.
Tal como lo hizo el pueblo de Israel en Egipto, a veces aprendemos a sobrevivir dentro de sistemas que nos limitan y, con el tiempo, incluso construimos identidad alrededor de ellos.
El problema no es la esclavitud, sino la dificultad interna para imaginar una vida verdaderamente libre. La Parashá Shemot comienza precisamente ahí: no con la liberación en sí, sino con la gestación de la fuerza capaz de liberarla.
Esa fuerza tiene un nombre: Moshé. Una fuerza que nace en medio de la opresión de un pueblo que anhela, desde lo más íntimo de su corazón, ser liberado. Ese deseo íntimo se refleja en los 3 meses en que la identidad de Moshé permanece oculta. Dice en Shemot 2:2:
וַתַּ֥הַר הָֽאִשָּׁ֖ה וַתֵּ֣לֶד בֵּ֑ן וַתֵּ֤רֶא אֹתוֹ֙ כִּי־ט֣וֹב ה֔וּא וַתִּצְפְּנֵ֖הוּ שְׁלשָׁ֥ה יְרָחִֽים
La mujer quedó embarazada y tuvo un hijo. Y vio que era bueno y lo mantuvo oculto durante tres meses.
¿Por qué ocultarlo?
Desde la Kabbalah se sabe que toda fuerza de liberación debe gestarse desde lo más íntimo del ser, tal como un bebe está oculto en el vientre de la madre. Debe permanecer oculto, porque una revelación prematura puede ser destruida por el ego, por el sistema que pretende transformar. La libertad no nace a la vista del opresor; se gesta en silencio.
Y ¿Por qué 3 meses?
Porque el tres representa la estabilidad en este plano tridimensional (un objeto al menos necesita 3 patas para sostenerse equilibrado). Esto habla de la maduración de esta fuerza interna de liberación. Tal como un embrión a los 3 meses logra la formación básica de todos los órganos y sistemas, así también la conciencia de liberación ya está suficiente madura para darse a conocer.
En nuestra vida cotidiana funciona igual. Si una persona decide dejar de fumar, es mejor que no lo cuente de inmediato. Si lo hace, abre las puertas para que el ego se manifieste haciendo que obre en su contra. Por ejemplo; una persona le cuenta a un amigo su intención de dejar el cigarro, su amigo quizás lo mire y le diga; “no te creo, siempre dices lo mismo” y no lo tome en serio, haciéndolo dudar de que efectivamente lo logrará. La fuerza de liberación se apaga y el ego logra mantenerlo esclavizado. Contrariamente, si la persona decide dejar de fumar y trabaja por tres meses en silencio, alcanzando logros demostrables, entonces va con su amigo y le dice, llevo tres meses sin fumar, he dejado el cigarro, el amigo lo mirará y no tendrá más opción que felicitarlo, ya que no ve sólo intención, sino fuerza en desarrollo, el ego se queda desarmado.
Los tres meses de ocultamiento son, en este contexto, el tiempo necesario para que la fuerza de liberación tenga el potencial real de manifestarse sin el riesgo de que se extinga.
Por otro lado, las tres primeras palabras de este versículo también contienen una clave profunda. Cada una de estas palabras tiene cuatro letras, que son las semillas de los tres períodos de 40 años que marcarán la vida de Moshé. Cuarenta años en Egipto, cuarenta en Midián y cuarenta liderando a Israel. El 40 es el número de la transición completa: el tiempo necesario para que la conciencia antigua muera definitivamente y otra nueva pueda nacer.
Más profundo aún, el notarikón de esas mismas tres palabras, oculta el primero de los 72 Nombres de Dios, que está directamente asociado a la liberación: והו (Vav–Hei–Vav).

Este Nombre representa la capacidad de liberar el presente de las ataduras del pasado, asumir responsabilidad por las propias acciones y transformar las consecuencias. No hay liberación sin verdad, y no hay verdad sin conciencia renovada y eso es bueno para el alma. Por eso la gematría de este nombre es 17, mismo valor que el de la palabra “טוב” (tov – bueno), la cualidad con la que la misma Torá describe a Moshé en este versículo: “y vio que era bueno”,
Este mismo Nombre divino vuelve a aparecer, exactamente en la misma posición, oculto ocho versículos más adelante, en Shemot 2:10, justo donde por primera vez, en toda la Torá, se revela el nombre de Moshé. Aquí ya no se trata de gestación, sino de manifestación. Moshé es “extraído de las aguas” y llevado a un nuevo dominio.
וַיִּגְדַּ֣ל הַיֶּ֗לֶד וַתְּבִאֵ֨הוּ֙ לְבַת־פַּרְעֹ֔ה וַֽיְהִי־לָ֖הּ לְבֵ֑ן וַתִּקְרָ֤א שְׁמוֹ֙ משֶׁ֔ה וַתֹּ֕אמֶר כִּ֥י מִן־הַמַּ֖יִם מְשִׁיתִֽהוּ
Cuando el niño se desarrolló, [su madre] se lo llevó a la hija del faraón. Ella lo adoptó como su propio hijo y lo llamó Moshé; porque “de las aguas lo saqué”.
Acá el simbolismo es profundo, el nombre Vav-Hei-Vav está presente tanto en lo oculto como en la revelado, impulsando en cada momento al ser humano a una nueva identidad.
Hay otro dato adicional profundamente revelador: el nombre Moshé aparece, de forma revelada, exactamente 37 veces en toda la Parashá Shemot. Si a ese número se le suman los 3 meses de ocultamiento, se alcanza nuevamente el 40, lo que muestra como la fuerza de la renovación, que porta Moshé, se alcanza desde el despertar oculto hasta su revelación.
El propio nombre de Moshé es una lección completa sobre la liberación.
Mem (מ) representa el agua, el útero, el origen. Moshé surge del agua, del útero, porque toda liberación comienza acompañada de un proceso de purificación.
Shin (ש) representa el fuego, la energía de la zarza ardiente: un fuego que transforma sin consumir, que despierta sin destruir. Es la fuerza que rompe las cadenas internas.
Hei (ה) representa el aliento divino, la presencia de Dios que acompaña el proceso y le da dirección hacia algo más elevado.
Juntas, estas letras forman משה (Moshé), un modelo espiritual donde agua, fuego y espíritu se integran para que el humano se libere de sus limitaciones más profundas y alcance un nuevo estado.
El agua (la mem – inicial de Moshé) se acerca al fuego (la Shin – la zarza), y se transforma en vapor (la Hei – vapor que se eleva), pasando de estado líquido a gaseoso, manifestando un nuevo estado del ser, libre y más elevado.
En definitiva, la Parashá Shemot nos habla de algo esencial: cómo se forma una conciencia capaz de alcanzar la libertad. Antes de que caigan las plagas, antes de que se abra el mar, antes incluso de que el pueblo pueda imaginar la libertad, debe nacer Moshé. Y Moshé nace oculto, amenazado, vulnerable, pero portando una fuerza de libertad que el ego, el faraón, no logra destruir.
Esta semana miremos nuestras cadenas con ternura, pues en ellas está la semilla de la liberación. Y que tal como ocurrió con Moshé, dejemos que lo oculto germine en silencio, que el agua, el fuego y el aliento divino nos transformen.
Renovemos nuestra historia: no huyamos del pasado, reescribámoslo a partir de la conciencia que regará la semilla que nos hará caminar decididos hacia la tan ansiada libertad.
Shabbat Shalom.
