Si vas a crear, entonces lo debes purificar.
Tiempo de lectura: 10 minutos Kabbalah: Avanzada
En ciertas porciones de la Torá, cuando hacemos una lectura literal, pareciera que la historia que se nos cuenta es violenta, en otros casos sin sentido, otras inentendible y otras, como es el caso de la Parashá Tazria, pareciera que discriminara a las mujeres en favor de los hombres. Sin embargo, al adentrarse en los secretos místicos de los textos sagrados se pueden revelar nuevas ideas que dan sentido a esas historias.
Específicamente en la Parashá de esta semana, la Parashá Tazría, inicia con una declaración que pareciera discriminatoria respecto a las mujeres dice:
“Dios le habló a Moshé, diciéndole que hablara a los israelitas, refiriendo lo siguiente:
Cuando una mujer conciba y dé a luz un varón, estará ritualmente impura durante siete días, tal como cuando está impura durante el tiempo de separación cuando tiene su período.
Al octavo día, el prepucio [del niño] será circuncidado.
Entonces, durante 33 días adicionales, tendrá un período de espera durante el cual su sangre es ritualmente pura. Hasta que este período de purificación esté completo, no tocará nada santo y no entrará en el santuario.
Si da a luz una niña, tendrá durante dos semanas el mismo estatus ritualmente impuro que durante su período menstrual. Entonces, durante 66 días después de eso, tendrá un período de espera durante el cual su sangre es ritualmente pura.”
¿Por qué la mujer al tener un varón requiere menos tiempo de purificación que cuando tiene una niña?, ¿Acaso las niñas son más impuras que los niños por el hecho de ser mujeres?
Estas dudas saltan a la vista y son motivo de controversia continuo para aquellos que ven a la Torá como un texto anticuado, machista y obsoleto.
Sin embargo, a la luz de la Kabbalah podemos presentar un enfoque diferente que nos puede dar más sentido a como este párrafo lo podemos aplicar incluso a nuestras propias vidas.
En sentido metafísico mujer y hombre se entienden como dos fuerzas únicas que gobiernan el universo, el deseo de recibir y el deseo de otorgar respectivamente. Ambas fuerzas no tienen una connotación moral, valórica o que discrimine entre algo bueno o malo, sólo son dos fuerzas que lo rigen todo. También se entienden como dos polaridades donde la fuerza de recibir se asocia con Maljut, nuestro mundo físico, la vasija donde residen todos los deseos. Y en contra posición, Zeir Anpin se corresponde con la fuerza de otorgamiento que fluye desde Biná hasta Yesod.
De izquierda a derecha en el árbol de la vida se cumple también este principio. El pilar izquierdo del árbol de la vida se asocia a la fuerza de recibir y el pilar derecho a la fuerza de otorgamiento. Entonces, según lo dicho anteriormente tanto Maljut, como Biná (la Zefirá desde donde se racionalizan todas las ideas que Jojmá implanta como semilla) son, por así decirlo, “mujeres”. Biná es la que da luz a las ideas elaboradas y Maljut es la que da a luz la materialización de dicha elaboración de ideas.
He explicado todo esto para poder darle sentido al texto anterior de la Torá a través del siguiente enfoque. Cuando el texto habla de la mujer que concibe, no se está refiriendo a un ser humano de sexo femenino concibiendo, se está refiriendo a Biná y a Maljut como la fuerza de “recibir” que conciben. Ahora bien, la siguiente pregunta que debemos hacernos es ¿Qué pueden concebir estas dos Zefirot?
Ya dijimos que una concibe ideas refinadas y la otra da a luz la materialización de dichas ideas, pero la Torá habla de que la mujer puede dar a luz un varón o a una mujer ¿Quiénes son estos posibles niños o niñas que nacen?
Son la conciencia que subyace a aquello que está por nacer.
Es aquí donde Biná toma protagonismo, porque antes de que algo se materialice en este plano, primero debe ser concebido en esa Zefirá. Dicho sea de paso, esta Parashá nos insinúa a gritos la presencia de Biná como la mujer que da a luz;
- La Parashá tiene 67 pasukim, mismo valor que la gematría de la palabra Biná
- La palabra “conciba” del segundo pasuk se encuentra en la posición 8, misma posición de Biná dentro del árbol de la vida
Pero como entender a esta mujer (Biná) que da a luz. Supongamos que una persona tiene problemas con su jefe en el trabajo y está dispuesto a hablar con él para arreglar las cosas. La persona tiene la posibilidad de actuar bajo los efectos de dos tipos de conciencia, puede elaborar en su mente las ideas de un enfrentamiento directo, sin filtros, sin importar lo que pase y lleno de rigor o, de forma contrapuesta, pensar en enfrentar a su jefe con altura de miras y buscando una solución que los ayude a ambos, siempre impulsado por el amor y la empatía.
Para la primera, Biná construye un plan en el mundo de las ideas que mal conducido, es decir con una conciencia egoísta, podría impulsar a la persona a materializar la realidad de la peor forma posible. Lo anterior ocurre ya que mientras la luz de Biná fluye por el árbol de la vida, las Zefirot emocionales por afinidad de forma a la conciencia subyacente, colaborarán inyectando juicio a la luz original. Dicho de otro modo, si bien un enfrentamiento con el jefe directo y con rigor no es necesariamente una mala idea, la conciencia impregnada hará que las Zefirot emocionales de Zeir-Anpin inyecten mayor juicio al escenario planeado. Así entonces la persona posiblemente terminará dirigiéndose directo a la oficina del jefe, sin una cita previa y con el rubor en el rostro por la ira que probablemente ya inundó sus emociones.
Para el segundo tipo de conciencia Biná construye un plan diferente, que puede impulsar a la persona a materializar una realidad más luminosa, invitando a su jefe a la cafetería, previo una cita y en un horario donde ambos no estén tan estresados por el quehacer diario.
Entonces, si seguimos la idea de que místicamente una “mujer” es el deseo de “recibir” y un “hombre” es el deseo de “compartir”, entonces, de los dos planes elucubrados en Biná ¿Cuál sería un niño y cual una niña?
La primera situación sería la niña y la segunda el niño. Es decir, ambos son conciencia, pero claramente ambas conciencias están cargadas de una polaridad distinguible.
Ahora bien, la Torá dice que cuando nace un niño la madre queda impura por 7 días (entendiendo impureza como no estar apta o entrar a un período de restricción) y cuando nace una niña no está apta por el doble del tiempo ¿Cuánto tiempo?, 7 o 14 días, en correspondencia a las 7 Zefirot por las que el recién nacido (la idea que se elucubra) ha descendido. Una idea proveniente del lado del rigor requiere el doble de tiempo de restricción en cada Zefirot y por eso son 14 días.
Queda ahora entonces el trabajo de purificar aquello que será materializado en Maljut ¿Cuánto tiempo de purificación?, 33 o 66 días, dependiendo si es un niño o una niña. Así la suma total de tiempo que debemos tomar para crear nuestra realidad es de 40 u 80 días en total. Obviamente estas últimas cifras más que referenciar al tiempo cronológico, se refiere al significado místico del número 40, que es un proceso de transformación y de purificación. Cuarenta es el valor gemátrico de la letra Mem, que es las aguas de la Torá, las aguas por la que toda persona debe atravesar para depurarse y evolucionar.
Pero, ¿Cómo entendemos en la práctica este proceso de restricción y purificación?
Siguiendo el ejemplo anterior, si la persona decidió hablar en positivo con el jefe (es decir nació un niño), pero fue tan autocomplaciente que ni siquiera se atrevió a plantear cual era el problema y nada se pudo resolver, entonces en el resultado no hay mucha luz retornante y el trabajo de purificación será aprender a superar su autocomplacencia. A la inversa, si el enfrentamiento con el jefe es inminente (es decir nació una niña), entonces la persona debe esforzarse el doble ya que las cosas se pueden fácilmente salir de control, al punto de que se produzcan desconexiones o cortocircuitos que traigan Tikún a la vida de las personas. Fuera ese el caso el proceso de purificación será mucho más profundo (por eso es el doble de tiempo) y como ya está materializado, entonces deberemos purificarlo a través de la Teshuvá.
En un contexto mucho más amplio, el pueblo hebreo es llamado «Mi hijo, mi primogénito, Israel», porque este pueblo fue el que convirtió a Hashem en el Padre del mundo. Ellos son los que atestiguan Su existencia. Así entonces, nosotros como co-creadores engrandecemos Su existencia a través de cada acción que traemos a este mundo, sea ésta una niña o un niño. De hecho, la gematría de la palabra “conciba” (תזריע) tiene la misma gematría que la palabra “los hebreos” (העברית) referenciando como este pueblo ha sido también concebido para ser cocreadores en este mundo.
En conclusión, la Parashá Tazría, esconde una profunda enseñanza aplicable a cada día de nuestras vidas.
Si vamos a crear algo, entonces debemos aplicar restricción y purificarlo para atraer la luz más brillante y resplandeciente que podamos, de esa forma atestiguamos respecto a la presencia de Di-s en nuestras vidas y en el mundo entero.
Shabbat Shalom
