Tiempo de lectura: 7 minutos Kabbalah: Intermedio
Nos encontramos atravesando tiempos en los cuales cada vez menos la humanidad se siente identificada con doctrinas, religiones o dogmas que aparentemente carecen de sentido o se ven como anticuados mecanismos que tenían las personas para hacerse esclavos de creencias obsoletas basadas en un Dios castigador de pecadores. Lo anterior también nos ha llevado a rechazar todo tipo de lugar o santuario donde se expresen estas ideologías arcaicas.
Sin embargo, hay un profundo secreto escondido en la Torá cuando D-os le pide a Moisés que construya un Santuario donde El pueda comunicarse con los Israelitas.
Es ahí, en medio del desierto, que D-os entrega todo un manual de instrucciones, muy detallado, para la construcción de dicho Santuario (En hebreo Mikdash). Entre los materiales para la construcción de este Mikdash se encuentran el oro, la plata, el cobre, piedras preciosas, finas maderas, telas de seda, lino, todo de diferentes hermosos colores como el púrpura y el carmesí. Realmente debió haber sido impresionante ver, en medio del desierto, una obra tan magnánime y de tal grado de belleza, que sólo de pensarlo se torna algo alucinante.
Pero, ¿para qué D-os pide algo así a los Israelitas?, ¿Para qué pedir un lugar tan ostentoso y lleno de lujos cuando los Israelitas atravesaban las dificultades del desierto?
¿Será que D-os necesita de lujos para que lo adoren? O volviendo a nuestra realidad actual ¿Será que D-os necesita que vayamos a una gran catedral, sinagoga, mezquita, etc. para rezarle y que Él se sienta a gusto?
Sin duda que ir a un lugar que nos traiga paz, tranquilidad y que nos permita conectarnos con D-os tiene una real importancia, pero también es nuestro deber preguntarnos si eso es lo más importante y que si es verdad que mientras más despampanante sea ese lugar, más posibilidades tenemos de alcanzar la tan ansiada salvación que prometen la mayoría de las religiones.
Analizando lo que aparece en la Parashá Terumá leemos claramente la instrucción de D-os:
“Me harán un santuario, y Yo moraré entre ellos.” [Shemot – Terumá 25-8]
¿No tendría más sentido que dijera “Me harán un santuario, y Yo moraré en él”?
Al menos así lo confirma la misma Torá unos versículos más adelante:
“Entraré en comunión contigo allí, hablándote desde arriba de la cubierta del arca, de entre los dos querubines que estén sobre el Arca del Testimonio. [De este modo] te daré instrucciones para los israelitas.” [Shemot – Terumá 25-22]
Entonces, ¿hay un error?, ¿Dónde mora D-os?, Entre ellos o en el Santuario?
La respuesta a esta aparente contradicción es que el Santuario realmente está dentro de nosotros (entendiéndonos nosotros como los israelitas [nuestra alma] viviendo en el desierto [nuestro cuerpo físico])
Sí, tal sublime obra debe estar construida dentro de nosotros y por lo tanto la siguiente pregunta obligada es ¿cómo es posible que todos esos hermosos materiales como el oro, plata, seda, lino, piedras preciosas, aceites, especies aromáticas, etc. habiten dentro nuestro?
Los místicos han ubicado el santuario dentro de nuestro mundo emocional. El mundo emocional está representado por el corazón del hombre. Tal como dice la Tora al inicio de esta misma Parashá:
“Habla a los israelitas y haz que Me traigan una ofrenda. Toma Mi ofrenda de todo aquel cuyo corazón lo impulse a dar.” [Shemot – Terumá 25-2]
Toda la belleza del Santuario debe ser la belleza de nuestras emociones provenientes del corazón. Cada vez que nuestras emociones vibran alto estamos adornando este santuario donde D-os se comunicará con nosotros.
Que nuestras mociones vibren alto significa que en la vida cotidiana estoy permanentemente viendo la belleza en todo:
- Al concentrarme en lo bueno de las personas con las que me relaciono estoy embelleciendo mi Santuario.
- Cuando veo lo positivo de todos los eventos que me ocurren, aunque algunos de ellos no sean gratos, estoy embelleciendo mi Santuario.
- Cuando me alegro al compartir desinteresadamente, estoy embelleciendo mi Santuario.
- Cuando pongo limitaciones a mis hijos porque sé que es mejor para ellos, estoy embelleciendo mi Santuario.
- Cuando veo a mi pareja con amor, estoy embelleciendo mi Santuario.
- Cuando siento amor y misericordia por el prójimo, estoy embelleciendo mi Santuario.
- Cuando me estremece la belleza de la naturaleza, estoy embelleciendo mi Santuario.
- Toda emoción vibrante y que hincha nuestros corazones es embellecer nuestro santuario
Sin embargo, la Torá no dice que el Santuario se aparece de repente ya hecho entre el pueblo de Israel, sino que el santuario debe ser construido y no es D-os quien lo construye. Son los mismos Israelitas (nuestra alma) que lo deben construir, es decir hay un trabajo que hacer.
¿Cuál es ese trabajo?
Los místicos nos enseñan que el trabajo de construcción del Santuario es un trabajo de transformación, de rectificación y de elevación. Esto lo sabemos a partir de la impresionante gematría de la palabra Santuario en hebreo.
En hebreo, Santuario se dice Mikdash y se escribe מקדש, la gematría (es decir el valor numérico de la suma de cada letra) corresponde a 40+100+4+300 = 444, es decir, 4 + 40 + 400, que es lo mismo que 4*100 + 4*101+ 4*102
El simbolismo místico de estos números es muy significativo a la hora de referirnos a los procesos de transformación ya que el 4, que representa la estructura de nuestro mundo físico, se eleva potenciándose con el 10 (que representan las 10 zefirot del árbol de la vida) y luego se vuelve a potenciar doblemente por el mismo 10. Esto habla de un proceso de elevación que nos va a conducir hasta la cúspide de nuestra alma más elevada Yejidá.
Esto último también lo aprendemos de la misma palabra Mikdash la cual, como habíamos dicho, tiene gematría de 444, que también se puede representar como 4*3*37. Esta cifra habla del viaje por los 4 mundos y los 3 pilares del árbol de la vida, elevándonos hasta el nivel de alma ubicado en la cima del árbol zefirótico, Yejidá. Yejidá en hebreo se escribe יחידה y su gematría es 10+8+10+4+5 = 37.
El proceso de transformación y elevación antes detallado representa la construcción de nuestro Santuario y comienzan a aparecer las emociones más bellas (oro, plata, seda,etc.) y nos posicionamos en el lugar espiritual exacto donde D-os se comunicará con nosotros.
¿Cuál es ese lugar?
Referenciando nuevamente el versículo Shemot – Terumá 25-22, D-os dice que se comunicará con los israelitas (alma) “…desde arriba de la cubierta del arca, de entre los dos querubines que estén sobre el Arca del Testimonio”. Estos dos querubines también ocultan un significado especial.
Querubines en hebreo se escribe כרבים y su gematría corresponde a 20+200+2+10+600 = 832, el cual reduciendo da el valor 13 (la suma de cada dígito).
La palabra “Ejad”, que en hebreo significa unidad, tiene una gematría de 13, también es una de las denominaciones que se le da a D-os. Se refiere a la omnipotencia y omnisciencia divina, a los diferentes caminos que llevan a D-os y el poder de hacerse Uno con nosotros lo cual también alude a la relación especial y de intimidad que Israel (el alma) busca con Él.
Si vamos aún más allá, y extendemos esta interpretación al hecho de que la Torá indica que son 2 Querubines, entonces podemos llegar a la gran cifra 13 + 13 = 26, la cual es el número que todo místico reconoce como el nombre de D-os, que le fue revelado al mismísimo Moisés antes de la liberación del pueblo de Israel en Egipto, éste es יהוה (tetragramatón), el cual por su puesto tiene la gematría de 10+5+6+5 = 26.
Un último secreto…
Referenciando nuevamente el versículo 22:
“Entraré en comunión contigo allí, hablándote desde arriba de la cubierta del arca, de entre los dos querubines que estén sobre el Arca del Testimonio. [De este modo] te daré instrucciones para los israelitas.” [Shemot – Terumá 25-22]
Nos damos cuenta que D-os nos hablará desde arriba dándonos instrucciones. La pregunta que como Kabbalistas podríamos hacernos es; ¿Cómo Di-os nos hablará y que tipo de instrucciones recibiremos?
El lenguaje que D-os utiliza para darnos las instrucciones es el del Alef-Bet, es decir el alefato hebreo, el cual contiene 22 letras o códigos que no son otra cosa que vasijas de energías que, combinadas en palabras, conforman este manual de instrucciones metafísico, llamado Torá, que nos conducirá al tesoro de la tierra prometida.
Esto lo aprendemos ya que sorprendentemente el versículo con más palabras de la Parashá Terumá es justamente este versículo 22, que contiene nada más y nada menos que 22 palabras.
A partir de todo lo anterior aprendemos el sentido más profundo de la petición que le hace D-os a Moisés cuando le pide construir un Santuario;
«El Santuario no es aquel lugar físico y lleno de lujos donde D-os quiere ser engrandecido, el Santuario es aquel lugar íntimo e interno que construimos a partir de nuestra transformación y elevación (444), que embellecido por nuestras emociones más refinadas (oro, plata, sedas, etc.), llevará a nuestra alma al estado más elevado de Yejidá (37), logrando la unicidad con los mundos superiores (13), donde el mismo Creador (26) se revelará hablándonos a través de su Torá (22) para guiarnos a la tan ansiada tierra prometida.»
Shabat Shalom
