Tiempo de lectura: 4 minutos – Kabbalah: Avanzado
El episodio de la vida de Noé es una de las historias más enigmáticas de la Torá. El haber presenciado uno de los sucesos sobrenaturales más impresionantes jamás vistos y ser el responsable de iniciar una nueva civilización en el mundo, lo transforma en el primer paladín post diluviano de la historia.
Sin embargo, a nivel metafísico otra historia paralela estaba ocurriendo.
El libro de Bereshit es el libro de la creación y como tal, explica como Di-s construye tanto el mundo físico como el arquetipo metafísico que permitirá la subsistencia y desarrollo de nuestra alma para su proceso de corrección y posterior retorno al Uno.
En una interpretación mística, las 10 generaciones desde Adán hasta Noé corresponden a la evolución del deseo y las 10 generaciones de Noé hasta Abraham a la corrección y restricción de este. Dicho en otras palabras, los canales y vasijas que ayudarían a la circulación de la luz y su contención estaban siendo puestas a punto y se encontraban en un proceso de maduración.
El nivel máximo de deseo egoísta se alcanzó en la generación de Noé, al menos así lo describe el capítulo 6, versículo 11 de la parashá Noaj, donde se indica:
וַתִּשָּׁחֵ֥ת הָאָ֖רֶץ לִפְנֵ֣י הָֽאֱלֹהִ֑ים וַתִּמָּלֵ֥א הָאָ֖רֶץ חָמָֽס
“El mundo era corrupto ante Dios, y la tierra estaba colmada de crimen.”
Lo anterior es la descripción de como la luz fluía irrestrictamente, sin una pantalla (masaj), hacia el mundo físico, creando cortocircuitos y corrupción en el mundo, pero Di-s encontró gracia en Noé.
¿Quién es este Noé que encontró gracia ante los ojos de Di-s?
Noé es Yesod, es la Zefirá que hace de embudo entre los mundos superiores y este mundo.
Noé fue la vasija que puso el filtro para que el flujo de luz irrestricto (diluvio) fuera corregido y se sometiera a la fuerza de la restricción. En otras palabras, Noe, como vasija, debía dar vida al deseo de recibir para compartir, así las aguas femeninas se elevarían y provocarían que la luz descendiera para dar vida y no muerte. SIn embargo, antes, el mundo tal y como se conocía debía ser destruido. El mal que propagó la serpiente en la Parashá anterior y que fue esparcido por el mundo durante 10 generaciones, debía ser aniquilado.
De hecho, serpiente en hebreo se dice Najash y se escribe con las letras Nun, Het y Shin (נחש). El Zohar enseña que la letra Het central corresponde a todo el mal que quiere ser esparcido por el mundo y que, las letras Shin y Nun lo contienen. Así, uno de los secretos del arca dice relación a que sus dimensiones permitieron aislar el mal de quienes estaban dentro. Esto lo aprendemos ya que el tamaño del arca, que es 300 codos de largo y 50 de ancho, son los mismos valores que la gematría de las letras Shin y Nun, mismas letras que aislaban al mundo del veneno de la serpiente.
El deseo egoísta residual de dentro del arca fue transmutado en un proceso de 40 días y esto propició que se estableciera correctamente el mundo de Zeir Anpin, las 7 Zefirot emocionales en el árbol de la vida. Es en ese momento que los canales energéticos estuvieron lo suficientemente maduros para hacer que la luz retorne y se comience el viaje al establecimiento de la Zefirá de Jesed, que es la semilla del amor en el mundo, el nacimiento de Abraham, la fuerza que eliminará el caos en Maljut.
Respecto a esto último, es interesante notar como en el capítulo 11, versículo 27 de la Parashá Noaj, justo en las palabras donde se menciona que Teraj engendró a Abraham, aparecen la palabra “Amor” (אהבה) y el nombre de Di-s número 26 (האא) que corresponde a la fuerza del orden a partir del caos.

En conclusión, en esta Parashá aprendemos, por un lado, acerca de cómo fue el establecimiento y maduración de Zeir Anpin en el arquetipo del árbol de la vida y por otro, de cómo el deseo egoísta debe ser aislado y corregido en un proceso de transformación personal con el fin de sembrar la semilla del amor en el mundo.
Que al igual que Noé podamos tener gracia ante los ojos de Di-s a través de nuestro trabajo espiritual, transmutando nuestros deseos egoístas en deseos altruistas y sembrar así la semilla del amor por medio de nuestras acciones luminosas en este mundo.
Shabbat Shalom
