Tiempo de lectura: 9 minutos – Kabbalah: Básico
Cada comienzo es prometedor y comenzar un nuevo libro de la Torá también lo es. Después de venir elevando la conciencia de este guerrero espiritual protagonista de varias de las reflexiones pasadas, esta semana comienza el estudio de Bamidbar (en el desierto), el tercer libro del Pentateuco, el cual corresponde al arquetipo de Zeir Anpin (el mundo de la formación, nuestras emociones) y de como éstas se desarrollan en nuestra vida.
La primera Parashá se llama igual que el libro “en el desierto” y aunque el nombre suena árido, la verdad es que es una porción que está colmada de enseñanzas profundas. Y es que la imagen de un desierto es perfecta para explicar a este mundo como el gran tablero del juego de la vida donde el humano, el guerrero espiritual, se debe desenvolver, ¿Por qué?
En primer lugar, un desierto es un lugar árido, seco y donde los desafíos para la subsistencia de la vida son extremos. Así también este mundo físico está lleno de desafíos constantes para nuestra alma, la cual añora encontrar un pozo de agua abundante para su subsistencia, al que llamamos Di-s.
Adicionalmente, el desierto es el lugar de los espejismos, donde la realidad se distorsiona con imágenes falsas que parecen reales por la refracción de la luz. De manera similar, en la vida nos enfrentamos a situaciones que parecen prometedoras o amenazantes, pero que pueden no ser lo que parecen. Incluso los espejismos de la vida nos pueden dar falsas imágenes de agua (Di-s), llevándonos por caminos equivocados o dejándonos estancados en lo que respecta a nuestro desarrollo espiritual.
Ahora bien, cuando tenemos que identificar a los jugadores que van sobre el tablero de este juego de la vida, solemos pensar que son todas las personas con las que nos toca vivir en este mundo, entre ellos a nuestra esposa o esposo, a nuestro jefe, al colega que nos hace la vida imposible, a nuestros padres, hijos, etc. Y nosotros, como un jugador más, debemos sortear todas las dificultades y desafíos que ellos nos van poniendo.
Sin embargo, lo anterior es el primero de todos los espejismos de este desierto, la ilusión de la separación y la fragmentación. Los sabios de la antigüedad nos han enseñado que todos somos una única alma colectiva y que en el desierto sólo existen dos jugadores, tú y el mayor de tus enemigos, tu ego.
Si bien esta alma colectiva fue fragmentada en los niveles inferiores de la existencia con el fin de adaptarse a las condiciones del juego, aún así todos estamos unidos en los confines más profundos y elevados del ser superior.
Para entenderlo mejor, podemos imaginarlo como un juego en equipo. De un lado está la humanidad completa y del otro lado está el ego. La esposa o esposo, el jefe, el colega insoportable, el que en algún momento de tu vida te hirió y te hizo sufrir, todos son de tu mismo equipo y todos te están ayudando, sí, como lo oyes, están dando todo de sí mismos para ayudarte a ganar el juego, a vencer a tu único y real enemigo que es el ego.
Se que debes estar pensando, ¿Acaso el socio que me estafó dejándome en bancarrota está ayudándome?, la respuesta que dan los sabios es categórica, sí. El juego es implacable y se desarrolla en el plano de la fragmentación por lo que entre sus reglas hay una ley, la ley de causa y efecto. Esta ley nos dice que todo lo que nos ocurre es un efecto de una causa subyacente, de este modo, haber quedado en la bancarrota no es más que el efecto de una desconexión que tú mismo, ya sea en esta vida o en otras, provocaste (dándole un punto en el juego al ego).
La buena noticia es que esos puntos que el ego nos ha ido ganando se los podemos arrebatar ¿cómo? Volviéndonos causa y no efectos.
Cuantas historias conocidas hay respecto a matrimonios rotos por que la otra persona no cumplía las expectativas o miles de casos en que el jefe es el peor déspota del mundo y nos hace la vida imposible. El ego siempre buscará hacerte pensar que tú eres la víctima y los demás son los enemigos que lograron poner tu mundo al revés. Sin embargo, tu pareja y tu jefe no están haciendo más que mostrarte que algo debes cambiar en ti mismo.
Cuando nos volvemos causa debilitamos las fuerzas del enemigo, nos hacemos responsables de nuestra vida, el caos se convierte en un orden comprensible, se revela el entendimiento de aquellas desconexiones del pasado, aprendemos, transformamos el sufrimiento en sólo un dolor temporal y así evolucionamos.
Esta Parashá nos muestra este secreto, el secreto del desierto, de este lugar inhóspito, árido y donde reina la ilusión de la fragmentación, pero que es el lugar perfecto para que nuestra alma se desarrolle y alcance su mayor potencial, el potencial de volver a vernos como una sola alma. De ahí la importancia de toda la preparación previa del guerrero espiritual, porque este juego no es fácil y si hay algo que este guerrero debe hacer es, atravesar el desierto.
La sabiduría de la Kabbalah nos ayuda a entender este maravilloso secreto a partir del número 1 como el Alef, la unicidad y el Uno Supremo, y también del número 2 que significa fragmentación, división y polarización. Ambas cifras están presentes en la Parashá de esta semana coincidentemente en los versículos 1 y 2. Dice el versículo uno:
וַיְדַבֵּ֨ר יְהוָֹ֧ה אֶל־משֶׁ֛ה בְּמִדְבַּ֥ר סִינַ֖י בְּאֹ֣הֶל מוֹעֵ֑ד בְּאֶחָד֩ לַחֹ֨דֶשׁ הַשֵּׁנִ֜י בַּשָּׁנָ֣ה הַשֵּׁנִ֗ית לְצֵאתָ֛ם מֵאֶ֥רֶץ מִצְרַ֖יִם לֵאמֹֽר
“Dios le habló a Moshé en el desierto de Sinaí, en la Tienda de Comunión, el día primero del mes segundo en el segundo año del Éxodo, diciendo”
Bamidbar 1:1
Ya de entrada Di-s nos deja algunas pistas respecto a este desierto por el que tenemos que caminar, donde el 2 pareciera estar más presente que el 1, como diciéndonos que percibir todo con dualidad es más común que vernos todos como una única existencia.
Luego en el segundo Pasuk dice:
שְׂא֗וּ אֶת־רֹאשׁ֙ כָּל־עֲדַ֣ת בְּנֵֽי־יִשְׂרָאֵ֔ל לְמִשְׁפְּחֹתָ֖ם לְבֵ֣ית אֲבֹתָ֑ם בְּמִסְפַּ֣ר שֵׁמ֔וֹת כָּל־זָכָ֖ר לְגֻלְגְּלֹתָֽם
“Hagan un censo de toda la comunidad israelita. [Háganlo] por familias siguiendo el linaje paterno, según los nombres de cada varón, tomados individualmente.”
Bamidbar 1:2
En este versículo nuevamente se encuentran ocultos los números 1 y 2 pero esta vez como la representación de las fuerzas de la unificación y de la dualidad.
Al ver las cuatro primeras palabras del segundo Pasuk se nos revela el nombre inefable del Eterno (יהוה)como El Uno, el único Creador de todo y todos.
|
Hebreo |
כל |
ראש |
את |
שאו |
| Gematría |
50 |
501 | 401 |
307 |
| Reducción |
5 |
6 | 5 |
10 |
| Letras reveladas |
ה |
ו |
ה |
י |
Así mismo, si tomamos el milui de las primeras 3 palabras del versículo tenemos:
ראש |
את |
שאו |
Que conforman la palabra “levadura” (Seor), la cual místicamente representa al ego como la fuerza que reina en este mundo físico y que el pueblo de Israel debió evitar comer durante la salida de Pesaj.
¿Y aquí la “levadura” no aparece dos veces como fue en el caso del Pasuk anterior, donde el número 2 aparecía dos veces?
La respuesta es sí. Si reordenamos las letras de la tercera palabra (ראש), que refiere a hacer un censo, veremos que aparece nuevamente la palabra “levadura”.
Tenemos aquí entonces dos versículos claves respecto al escenario al que la humanidad se ve enfrentada. Un mundo donde la misión es revelar a Di-s, el Uno, en el desierto de la fragmentación y de la ilusión del ego.
Una cosa adicional, para aquellos más perspicaces y que se están preguntando ¿Si Di-s quiere que su pueblo camine por el desierto como un solo equipo, para qué contarlos? ¿acaso Di-s que es omnisciente no sabe cuántos son? Efectivamente contar nos lleva a una conciencia de fragmentación, de lo contrario no habría nada que contar más que una única entidad. Pero en este caso había una diferencia, Di-s no ordenó hacer el censo con el fin de saber cuántos eran, sino que ordenó contarlos para nuevamente enseñarnos que el desierto es el reino de los espejismos – dice el versículo 46:
וַיִּֽהְיוּ֙ כָּל־הַפְּקֻדִ֔ים שֵׁשׁ־מֵא֥וֹת אֶ֖לֶף וּשְׁל֣שֶׁת אֲלָפִ֑ים וַֽחֲמֵ֥שׁ מֵא֖וֹת וַֽחֲמִשִּֽׁים
“Toda la cuenta fue 603.550”
Bamidbar 1:46
Si reducimos la cifra a su mínima expresión veremos el valor sin espejismos:
6+0+3+5+5+0 = 19 luego 1+9 = 10 finalmente 1+0 = 1
Por lo que reescribiendo el versículo quedaría:
“Toda la cuenta fue 1”
Esto es Bamidbar (en el desierto), el lugar por donde el guerrero espiritual, con una conciencia unificada, debe transitar para ganar el juego de la vida y ser merecedores del gran premio, la tierra prometida, aquella tierra de abundancia infinita, desde donde mana leche y miel.
Shabbat Shalom
