Tiempo de Lectura: 5 minutos – Kabbalah: Intermedio
La Parashá Haazinu es un cántico, así como Miryam hizo un cántico de unificación una vez que el recién inaugurado pueblo de Israel atravesó el mar rojo, así también Moisés, antes de su fallecimiento, elevó un cántico previo a que este pueblo atravesara hacia la tierra prometida.
Este cántico busca recordar quienes somos, cual es nuestra misión en este mundo y como podemos alcanzar este objetivo.
Pero ¿sabemos cuál es esa misión?
En simple, nuestra misión es revelar a Di-s en este mundo a través de nuestras acciones luminosas.
En términos kabbalisticos, nuestra misión es revelar el nombre de Di-s en este mundo, iluminando nuestro árbol de la vida para permitir la unificación de la letra Hei de Maljut con la letra Hei de Biná.
Lo anterior lo aprendemos de los primeros Pasukim de esta Parashá donde, de forma codificada, Moisés revela el arquetipo del árbol de la vida y el funcionamiento del Universo inmerso dentro de este enigmático sistema metafísico.
El primer versículo dice:
Haazinu 32:1 – “¡Escuchen los cielos, Hablaré!. ¡Tierra! ¡Oye las palabras de mi boca!”
Cielo y tierra son el secreto de Biná y Maljut donde habitan las dos letras Hei del nombre inefable de Di-s. Así mismo, este primer versículo hace alusión directa al árbol de la vida a través de las 32 letras y 7 palabras que lo conforman, que se corresponden a los 32 senderos del árbol y a las 7 zefirot de Zeir Anpin incluyendo Maljut.
Por otro lado, la palabra “los cielos” (השמים) que tiene gematría 10, nuevamente hace alusión a las diez zefirot del árbol de la vida.
Finalmente, la reducción de la gematría total de todo el primer versículo (utilizando valores Zofit) es 3515, que reducido es 5 y corresponde a la letra Hei de Biná.
Luego, en el siguiente versículo Moisés revela que la luz del Creador fluye a través del árbol de la vida hacia Maljut como un rocío, dice el versículo 2:
Haazinu 32:2 – “Mi lección goteará como la lluvia, mi dicho fluirá como el rocío: como un aguacero sobre la hierba, como un chaparrón sobre el herbaje.”
La palabra «herbaje» en hebreo se dice «esev» (עשב) y si cambiamos el orden de las letras se obtiene la palabra «siete» (שבע). De esta forma el versículo anterior quedaría:
“Mi lección goteará como la lluvia, mi dicho fluirá como el rocío: como un aguacero sobre la hierba, como un chaparrón sobre el siete.”. De esta forma el significado místico de esta oración es que la luz del Creador fluye por la siete Zefirot desde Biná hasta Maljut.
En el tercer versículo Moisés enseña que es la acción del hombre la que propicia la conexión con esta luz que fluye a través del árbol de la vida:
Haazinu 32:3 – “Cuando proclame yo el nombre de Dios, alaben a Dios por Su grandeza.”
Para luego en el cuarto y quinto versículos, revelarnos las leyes de causa y efecto que rigen este sistema metafísico y que se manifiestan en nuestro mundo físico:
Haazinu 32: 4 al 5 – “Las acciones del Poderoso son perfectas, puesto que todos Sus caminos son justos. Él es un Dios fiel, jamás inicuo; recto y moral es Él.
La destrucción es culpa de Sus hijos, no Suya, tú, generación pervertida y retorcida.”
Y finalmente, en el sexto versículo se revela la letra Hei de Maljut, que es la Hei con que inicia este Pasuk y que tiene un tamaño más grande que el resto de las letras de la Torá:
הַ לְיהֹוָה֙ תִּגְמְלוּ־זֹ֔את עַ֥ם נָבָ֖ל וְלֹ֣א חָכָ֑ם הֲלוֹא־הוּא֙ אָבִ֣יךָ קָּנֶ֔ךָ ה֥וּא עָֽשְׂךָ֖ וַֽיְכֹֽנְנֶֽךָ
Haazinu 32:6 – ¿Es éste el modo en que le pagas a Dios, tú, nación desagradecida y necia? ¿No es Él tu Padre, tu Amo, Quien te hizo y te estableció?
Es en este mismo Pasuk donde también se oculta el nombre de Di-s ענו (primeras letras de las palabras 5, 6 y 7) que es la apreciación, agradecimiento y gratitud, atributos que Moisés manifestó durante su vida y que todos debemos imitar para lograr la unificación de estas dos letras Hei. También este nombre proviene de las iniciales de עָזְרֵנִי נוֹרָא וְאַדִּיר (Ayúdame terriblemente y poderosamente), herramienta que podemos utilizar como asistencia en los momentos de dificultad.
Así entonces, la Tierra Prometida no solo se refiere a un lugar físico, sino que también tiene su ubicación dentro de este arquetipo energético y espiritual llamado árbol de la vida.
La tierra prometida espiritual representa un estado de conciencia elevado y una conexión más cercana con la divinidad al unificar estas dos letras Hei del nombre inefable del Creador. Este concepto se relaciona con la idea de alcanzar un nivel de espiritualidad donde uno puede experimentar la plenitud y la paz interior.
La Tierra Prometida simboliza el viaje del alma hacia su propósito divino, un proceso de transformación, crecimiento y evolución. En este contexto, la «tierra» es una metáfora para el estado del ser en el que se vive en armonía con las leyes espirituales y se alinea con el propósito divino que es asemejarnos al Creador a través del recibir para compartir incondicionalmente.
En conclusión, Moisés en este cántico nos da la llave para saber como vivir en esta nueva tierra que, bajo una conciencia adecuada, se transforma en una tierra que mana leche y miel.
Que estas semanas de profunda introspección y revisión interior sean propicias para que en este nuevo año espiritual tengamos el mérito de entrar triunfantes a nuestra tierra prometida.
Shabbat Shalom
