Tiempo de Lectura: 5 minutos – Kabbalah: Avanzado
Con la Parashá de esta semana, Vayerá, se da continuidad al camino de los patriarcas, en esta oportunidad es el turno de Itzjak que nace y se desarrolla en esta porción de la Torá.
La Zefirá de Jesed, el amor, que es la carroza de Abraham, ya se había establecido y ahora se debe dar paso a la maduración de intelectos de su contraparte, Gevurá. Esta Zefirá que se encuentra en ciernes y que es la carroza del patriarca Itzjak, es la fuerza de la restricción, de los límites, del rigor y requiere ser corregida a través de establecer el flujo de luz entre ella y su padre, Jesed.

Una Gevurá inmadura sólo busca recibir sin importar el para qué, es decir no tiene la fuerza de la restricción del egoísmo. En contraposición, una Gevurá madura recibe siempre buscando someterse y complacer a quien le provee de la luz, su padre, Jesed.
Tal como mencioné en otras reflexiones, nuestra única misión en este mundo es aprender a transmutar nuestro deseo de recibir de forma egoísta, a recibir, pero con la intención de compartir incondicionalmente. Este lema cobra sentido con Gevurá ya que, así como Jesed es “compartir”, Gevurá, que es “recibir”, debe buscar “recibir”, pero con la intención de ser como Jesed. Dicho en otras palabras, el deseo debe siempre restringirse y someterse a la fuerza del amor, sólo de esa forma se abrirá el canal de luz que los une y así continue el flujo de luz hacia nuestro mundo físico.
El episodio donde Di-s le pide a Abraham que sacrifique a su hijo Itsjak como ofrenda para Él fue el acto en Maljut (nuestro mundo físico) que logró que, metafísicamente se abriera el canal entre estas dos zefirot.
Específicamente el momento en que Abraham alza su mano con el cuchillo, para degollar a su hijo, fue que se desencadenó esta unión y maduración de intelectos en el árbol de la vida. Lo anterior lo aprendemos dado que, la palabra “el cuchillo” (המאכלת), que aparece en Vayera 22 – 10, tiene gematría 496, mismo valor que la palabra “Maljut”, lo que referencia al acto de alzar el cuchillo en el mundo físico (acto de rigor y fuerza) para matar el deseo egoísta. Por otro lado, al reducir la gematría de 496, da como resultado 1, que representa la letra Alef, misma letra con más repetición dentro de este Pasuk, lo que denota que es la fuerza más dominante dentro del versículo, tal como la letra Alef es la fuerza presente en el camino que une Jesed con Gevurá en el árbol de la vida.

Dicho en otras palabras, Itzjak restringió su deseo de recibir para sí mismo con el fin de cumplir lo que su padre y Di-s les estaba pidiendo. Así, la fuerza del amor (Jesed) de Abraham pudo llegar hasta Itzjak quien a su vez respondió a ese amor sometiéndose por completo a su padre, quien amarró su ego con el fin de ofrecerlo en sacrificio.
Siguiendo otra terminología kabbalistica, podemos decir que el acto de matar nuestro ego, representado en la acción de alzar “el cuchillo” en este mundo físico, permitió que se elevaran las aguas femeninas desde Maljut para que, en una etapa nueva de maduración de los mundos superiores, pudieran cupular Jesed y Gevurá iluminando así los canales energéticos del hombre primordial.
En la reflexión de la semana pasada mencioné lo complejo que es amar, no sólo porque a veces somos engañados por el ego al pensar que amar es un acto para mi propio beneficio, sino que también porque la revelación del amor en este mundo se inicia por un acto de restricción.
Di-s mismo se contrajo, en lo que, kabbalisticamente, se conoce como el Tzimtzum, con el fin de abrir el espacio necesario para la creación de este mundo. Dicha contracción (restricción) fue un acto de amor para cumplir el deseo de la “vasija” que deseaba ser “otorgadora” como Di-s.
Pero, ¿Qué significa esto en nuestras vidas?
Cada vez que estoy a punto de explotar con un grito de enojo hacia mi esposo o esposa debemos frenar y preguntarnos ¿Ese grito es la búsqueda desesperada de querer tener yo la razón?, ¿con ese grito gano más poder o respeto en la relación?, ¿con ese grito podré obtener aquello que tanto anhelo? Reconozcámoslo, las peleas y gritos en las parejas jamás solucionan los problemas, sólo los empeoran. Pero el ego está siempre dispuesto a robarnos la paciencia y nublar nuestra razón. Es en ese tipo de ejemplos donde debemos aplicar la restricción, detenernos y buscar someternos al amor, amor que en ningún caso significa doblegarse ante una injusticia o renunciar a nuestras propias convicciones. El acto de restricción que debemos aplicar surge del entendimiento de que el odio y la rabia sólo traen más odio y más rabia, que puedo mirar a mi esposo o esposa con compasión y buscar, dentro de mi corazón, la forma más amorosa de tratarlo(a) para que, tanto ella como yo, crezcamos a partir de las diferencias.
Aún más, la restricción la podemos aplicar en cualquier ámbito de nuestras vidas, por ejemplo, podemos restringir nuestro deseo de comer en exceso por amor al templo que es nuestro cuerpo. Podemos restringir o poner límites a nuestros hijos para que ellos no se desvíen de los valores que cada padre quiere entregar, podemos restringir el deseo buscar la sexualidad sin amor, sólo con el fin de autocomplacernos.
Cada deseo egoísta puede ser transmutado gracias al poder de la restricción. Ese es el mérito del patriarca Itzjak, quien es el portador de la fuerza de Gevurá, zefirá que permite, a través de la restricción revelar a Di-s en este mundo. Tal como lo leyeron, es a través de la restricción que podemos revelar a Di-s en este mundo, igual como Él se reveló a nosotros a través de Su creación, en un proceso de restricción (tzintzum).
Esto último lo aprendemos del capítulo 22, versículo 14 de esta Parashá, donde Abraham bautiza el lugar en donde ocurrió todo este episodio del sacrificio de su hijo:
וַיִּקְרָ֧א אַבְרָהָ֛ם שֵֽׁם־הַמָּק֥וֹם הַה֖וּא יְהֹוָ֣ה | יִרְאֶ֑ה אֲשֶׁר֙ יֵֽאָמֵ֣ר הַיּ֔וֹם בְּהַ֥ר יְהֹוָ֖ה יֵֽרָאֶֽה
Abraham llamó al lugar “Dios se revelará”. Por consiguiente, hoy se dice: “En la montaña de Dios, Él será visto”.
Al reemplazar en el texto original algunas combinaciones de gematrías que resultan en las palabras Itzjak y Gevurá, se revela una nueva frase que deja claro el establecimiento de la zefirá de la restricción:
Abraham llamó al nombre de Itzjak “restricción del Eterno”, por lo que se dice hoy “El monte de la restricción del Eterno”

De esta forma ambas lecturas, tanto la literal como la oculta, se complementan enseñándonos que el lugar donde establezcamos la restricción (Gevurá-Itzkaj) subyugada al amor (Jesed-Abraham), es el mismo lugar donde se revelará el Creador.
Que cada uno de nosotros tengamos la fuerza y voluntad de establecer aquel lugar santo donde revelar a Di-s a través de limitar nuestros deseos egoístas, de atar a nuestro ego y dejar florecer la luz del amor en todo su esplendor.
Shabbat Shalom
