Tiempo de lectura: 8 minutos – Kabbalah: Básico
Hay dos grandes grupos de emociones, aquellas que nos movilizan y aquellas que nos paralizan. Lo cierto es que ambas nos fueron otorgadas como parte del proceso evolutivo y de nuestra subsistencia como especie.
Estos dos grupos de emociones no están sujetas a juicios de valor. Una emoción que paraliza, como el miedo, puede llegar a salvarnos la vida. Sin embargo, esta misma emoción mal gestionada podría llevarnos a la depresión y al estancamiento de nuestro proceso de desarrollo. Por lo tanto, las emociones más que buenas o malas, deben ser tratadas como los motores que nos impulsan a alcanzar la mejor versión de nosotros mismos.
En el libro Bamidbar (En el desierto), se nos habla acerca de este particular mundo emocional, que los kabbalistas llaman Zeir Anpin y que, a través de reflexiones anteriores, se ha puesto en evidencia utilizando como protagonista al guerrero espiritual (nosotros mismos) que libra sus batallas en este mundo, que sin ser físico, afecta directamente la realidad de Maljut por medio de nuestros sentidos.
La Parashá de esta semana, Behaaloteja (בהעלתך) está colmada de secretos relacionados a la temática anterior. Obviamente por limitaciones de tiempo, únicamente me centraré en unas pocas ideas que nos pueden ayudar a transitar a través de este desafiante desierto.
Con lo primero que me gustaría conectar es con el concepto de los espejismos, que básicamente es la dualidad a la que estamos sometidos en este mundo. Vemos todo como bueno o malo y no como “apropiado”. Los espejismos son eso, la fragmentación, la separación o, numerológicamente, es el dos (repasar la idea del dos en la reflexión de la Parashá Bamidbar).
En esta porción se nos vuelve a recordar este escenario de fragmentación donde estamos parados y el enemigo contra el cual el guerrero espiritual debe enfrentarse – el ego. De hecho, el nombre de esta Parashá – Behaaloteja, nos revela esta idea de dualidad a través de la parte Sod (secreto) del milui yud de su nombre:

Como se puede ver, Bahaaloteja esconde la palabra עשרים que se traduce como veinte, es decir 2 * 10, y sabemos que la multiplicación por 10 no es más que la amplificación de la fuerza energética del valor que precede, es decir la dualidad en su máxima expresión.
Una visión fragmentada del mundo y un mal control de las emociones puede llevar a vernos como víctima de los desafíos que nos ocurren, y por consiguiente podemos quedar paralizados, estancados y sin posibilidad de avanzar en nuestro proceso espiritual.
Pero Di-s no quiere que nos paralicemos, todo lo contrario, Él quiere que nuestras emociones nos movilicen y nos lleven a un estado de conciencia superior.
Ese es uno de los secretos de la nube sobre el tabernáculo, que representa la presencia de Di-s, nuestra conciencia suprema, que cuando se levanta de su sitio es la orden para que el pueblo de Israel comience a caminar. Dice el Capítulo 9, Versículos 16 y 17:
כֵּ֚ן יִֽהְיֶ֣ה תָמִ֔יד הֶֽעָנָ֖ן יְכַסֶּ֑נּוּ וּמַרְאֵה־אֵ֖שׁ לָֽיְלָה
וּלְפִ֞י הֵֽעָל֤וֹת הֶֽעָנָן֙ מֵעַ֣ל הָאֹ֔הֶל וְאַ֣חֲרֵי כֵ֔ן יִסְע֖וּ בְּנֵ֣י יִשְׂרָאֵ֑ל וּבִמְק֗וֹם אֲשֶׁ֤ר יִשְׁכָּן־שָׁם֙ הֶֽעָנָ֔ן שָׁ֥ם יַֽחֲנ֖וּ בְּנֵ֥י יִשְׂרָאֵֽל
“De allí en adelante permaneció de ese modo. Había una nube que lo cubría [de día], y una aparición como de fuego de noche.
Siempre que la nube ascendía de la Tienda, los israelitas emprendían la marcha. Luego los israelitas acampaban en el lugar donde la nube reposara.”
Pero este secreto va mucho más allá. Esta Parashá relata el primer viaje del pueblo elegido desde que fue inaugurado el tabernáculo. Aquella primera vez no podía ocurrir en cualquier momento, tenía que ser en el momento cósmico donde la fuerza del “dos” estuviera más presente que nunca. Esto revela el secreto del versículo 11 del Capítulo 10 de esta porción, dice así:
וַיְהִ֞י בַּשָּׁנָ֧ה הַשֵּׁנִ֛ית בַּחֹ֥דֶשׁ הַשֵּׁנִ֖י בְּעֶשְׂרִ֣ים בַּחֹ֑דֶשׁ נַֽעֲלָה֙ הֶֽעָנָ֔ן מֵעַ֖ל מִשְׁכַּ֥ן הָֽעֵדֻֽת
«En el segundo año [del Éxodo], en el día veinte del segundo mes, la nube se levantó del Tabernáculo del Testimonio [iniciando así su viaje por el desierto].»
Vemos que la orden del Creador cobra total sentido; ¡cuando tus emociones y la dualidad te abrumen y te quieran paralizar, avanza!!
Es justamente por lo abrumadora que puede ser esta realidad que Di-s decidió iniciar el texto con la petición de que se encendiera la Menorá, dice el Capítulo 8, Versículo 2:
דַּבֵּר֙ אֶל־אַֽהֲרֹ֔ן וְאָֽמַרְתָּ֖ אֵלָ֑יו בְּהַֽעֲלֹֽתְךָ֙ אֶת־הַנֵּרֹ֔ת אֶל־מוּל֙ פְּנֵ֣י הַמְּנוֹרָ֔ה יָאִ֖ירוּ שִׁבְעַ֥ת הַנֵּרֽוֹת
“Habla a Aharón y dile: Cuando enciendas la Menorá, hacia el centro de la Menorá alumbrarán las siete candelas.”
Pero ¿Qué importancia tendría encender un candelabro de siete velas? Y ¿Cómo se supone que alguien podría encender algo hacia el “centro” como lo indica la Torá?
Evidentemente acá también hay grandes secretos.
Tanto el Zohar como nuestros sabios enseñan que la Menorá está en representación de Zeir-Anpin y Maljut, los 6 brazos de los extremos representan las seis Zefirot del mundo emocional y el brazo central representa a Maljut – nuestro mundo. Así, iluminar hacia el centro significa que debemos tomar control de nuestras emociones y la luz generada por dicho dominio será proyectada hacia nuestro mundo físico.
Otra interpretación de iluminar hacia el “centro” yace en la idea de que la Menorá es un arquetipo de las puertas espirituales con las que nos relacionamos con Maljut, las cuales son nuestros dos ojos, dos oídos, dos orificios de la nariz y la boca, en total 7 orificios. Todos ubicados en nuestro rostro, de hecho, la palabra utilizada en este versículo para decir “centro” es פְּנֵ֣י, literalmente también se traduce como “rostro”.
Así entonces, la Torá pide encender estas puertas con el fin de tomar control sobre nuestras emociones, iluminando aquello que escuchamos, vemos, decimos y percibimos. En especial la boca, la única de las puertas que proyecta una realidad hacia Maljut (las demás puertas sólo reciben información de esta Zefirá). Maljut se corresponde con el pilar central del candelabro, que es justamente el pilar que Di-s pide que sea iluminado por las demás ramas.
¿Por qué?
Porque a través de la boca podemos crear realidades poco luminosas en nuestro entorno, tal como se nos enseña en esta misma Parashá a través de los episodios de la continua queja del pueblo de Israel por el Maná y de la enfermedad que contrajo Myriam por causa de haber rumoreado sobre su hermano Moisés.
En definitiva, la Parashá Behalotjá nos invita nuevamente a vivir con una conciencia de unificación, de cuidar lo que perciben nuestros sentidos para así tomar control sobre nuestras emociones y evitar paralizarnos o quedar estancados en esta vida, que suele engañarnos con espejismos.
Debemos saber que nuestra conciencia suprema (la nube sobre el tabernáculo) siempre nos empujará a avanzar para que el guerrero espiritual gane este juego, que es revelar a Di-s en este mundo. Y si bien muchas veces nos podemos sentir paralizados o simplemente estemos desorientados sin saber a donde ir. No importa, sólo debemos obedecer y partir, atravesar el desierto cueste lo que cueste. Así se revela en el Versículo 23 del Capítulo 9:
עַל־פִּ֤י יְהֹוָה֙ יַֽחֲנ֔וּ וְעַל־פִּ֥י יְהֹוָ֖ה יִסָּ֑עוּ אֶת־מִשְׁמֶ֤רֶת יְהֹוָה֙ שָׁמָ֔רוּ עַל־פִּ֥י יְהֹוָ֖ה בְּיַד־משֶֽׁה
“Al mandato de Di-s acampaban, y al mandato de Di-s partían, guardando la ordenanza de Di-s como Di-s lo había dicho por medio de Moisés.”
Este versículo habla de Emuná, de la certeza de movernos sin necesariamente saber hacia donde. Es un acto de valentía, de fuerza, de Gevurá. Así se deja ver al sumar las gematrías de las palabras 13, 14 y 15 que revelan la palabra Gevurá. Y el regalo místico más poderoso que nos deja este versículo es el nombre de Di-s יבמ que nos ayuda a reconocer el orden bajo el aparente caos (Ver primeras letras de las palabras 15, 16 y 17).

Que esta semana podamos avanzar en nuestros desafíos, que tomemos nuestras espadas y escudos espirituales para vencer la dualidad, iluminar nuestras emociones y así precipitar toda la luz de bendiciones en este mundo.
Shabbat Shalom
