Tiempo de lectura: 8 minutos – Kabbalah: Básico
Nos enseñan los sabios que el mundo fue hecho para cada persona de forma individual. Pero claro, quizás esta aseveración es más asimilable al pensar en Adán, quién fue el primer ser viviente llamado hombre y a quien Di-s le puso a disposición toda la creación.
Sin embargo, lo que nos quieren decir los sabios es que por extensión nosotros también tenemos al universo entero a nuestra disposición, el problema es que no lo creemos debido a nuestro estado de conciencia en dormita.
La Parashá de esta semana, llamada Shlaj Lejá nuevamente desafía a nuestro mundo emocional y advierte al guerrero espiritual acerca de una de las armas más letales que utiliza el ego para vencer sus batallas, la emoción de no sentirnos merecedores del mundo.
En un resumen muy breve, la Parashá Shlaj Lejá narra cómo Moshé, a sólo pocos días de que Di-s cumpliera su promesa de entregarles la Tierra Prometida, envía a un grupo de avanzada de doce príncipes (uno de cada tribu) a explorarla. Diez de ellos regresan con un informe negativo, aseverando que la tierra está plagada de gigantes, desalentando al pueblo y provocando su rebelión. Solo Iehoshúa y Calev confían en que pueden conquistar la tierra. Debido a las quejas y falta de fe del pueblo, Di-s decreta que deambularán por el desierto durante cuarenta años hasta que la generación incrédula muera.
Es curioso pensar como un pueblo, que hace sólo 2 años atrás había presenciado los más grandes milagros en Egipto, que vio con sus propios ojos la apertura del mar rojo, que comió a diario Maná del cielo, que caminó con una nube día y con una columna de fuego en la noche y que escuchó a Di-s mismo desde los pies del monte Sinaí, cuando fue entregada la Torá, pudo haber dudado de que la Tierra Prometida no sería buena, tanto así que la gente se vio en la necesidad de mandar exploradores. Más aún, cómo se pudieron atrever a dar un informe negativo y calumnioso del lugar que Di-s mismo les tenía prometido para que fueran felices.
Por su puesto que si a nosotros hoy nos pasara lo mismo no caeríamos en ese tipo de desconfianzas con Di-s. ¿o sí?
Déjenme poner un ejemplo llevado a nuestra realidad actual.
Una persona odia su trabajo porque lo explotan, tiene poco tiempo libre, el sueldo no es suficiente y además le pagan de forma impuntual, es decir, está viviendo su desierto. El universo lo empuja a cambiar, a evolucionar, a entrar a una nueva tierra, a una tierra que mana leche y miel. Sin embargo, por más señales que recibe, esta persona prefiere mantenerse donde está por miedo a quedarse sin sustento o miedo a que el siguiente trabajo sea peor que el actual.
¿Reconocemos situaciones como esta en nuestras vidas?
Quizás esta persona ha tenido comida, educación, salud y momentos significativos no sólo desde hace 2 años atrás, sino que desde su nacimiento, pero aun así renuncia a la nueva tierra prometida pensando que Di-s podría, por una mala decisión, suspender todas las bendiciones pasadas. No quiero que lo anterior se mal interprete, evidentemente en la vida uno puede tomar malas decisiones y caer de las brasas al fuego, sin embargo, el real problema es pensar que el resultado negativo de mis decisiones son producto del caos y no de ser causa de mi propia evolución.
Cuando somos causa y actuamos bajo una conciencia elevada, no necesitamos explorar tanto y más bien confiamos en que lo que vendrá mana leche y miel. Desafortunadamente, a menudo nos hacemos un flaco favor a nosotros mismos y no creemos en lo grandioso que somos, nos apocamos y no creemos que el universo está a nuestros pies, más bien pensamos que este nos aplasta, como a insectos, con su bota de destino incierto y aleatorio para nuestras vidas.
Dice el versículo 33 del capítulo 13:
וְשָׁ֣ם רָאִ֗ינוּ אֶת־הַנְּפִילִ֛ים בְּנֵ֥י עֲנָ֖ק מִן־הַנְּפִלִ֑ים וַנְּהִ֤י בְעֵינֵ֨ינוּ֙ כַּֽחֲגָבִ֔ים וְכֵ֥ן הָיִ֖ינוּ בְּעֵֽינֵיהֶֽם
“Mientras estábamos allí, vimos a los titanes. Eran hijos del gigante, que descendían de los titanes [originales]. ¡Nos sentimos como saltamontes! ¡Eso es todo lo que éramos a los ojos de ellos!”
El pueblo de Israel cayó en esta trampa del ego, se subyugó al enemigo y se rebajó a una posición de insecto. Incluso a algo más insignificante que las propias langostas que azotaron a Egipto durante la cuarta plaga. La palabra utilizada en el versículo de la plaga fue “langosta”, pero los exploradores se compararon con un saltamontes, un insecto aún más pequeño.
Más profundo aún, la palabra en hebreo para decir “como saltamontes” es “כחגבים” y aparece en la Torá de forma exclusiva en este Pasuk. Esta frase tiene gematría 83 y se corresponde a otra palabra de la misma gematría, que es “איביכם” (“tus enemigos”). A diferencia de la primera, esta es la frase con gematría 83 que más se repite en la Torá (14 veces en total)
¿Qué aprendemos de esto?
Al compararte con un saltamontes te estás asemejando a “tus enemigos”, a los mismos a quienes Di-s venció en las batallas para hacerte libre de la esclavitud. En otras palabras, cada vez que nos minimizamos, nos ponemos bajo la bota del ego para ser aplastados tal como Di-s aplastó a quienes se interpusieron en el camino de aquellos que mantuvieron su conciencia elevada.
De aquí aprendemos algo acerca de la ley de causa y efecto. Di-s no castiga, sino que somos nosotros mismos quienes nos ponemos bajo la bota del ego para ser pisoteados.
Cuántas veces renunciamos a oportunidades por miedo, por pensar que no somos capaces o que no tenemos la inteligencia suficiente o que simplemente no lo merecemos. Tenemos el universo a nuestros pies, nuestra alma es eterna y luminosa, pero no creemos que podemos llevar al mundo a la redención a través de nuestro poder espiritual.
¿Por qué?
La respuesta se encuentra oculta en el camino que recorrieron los exploradores para evaluar la Tierra Prometida. Dice así:
וַיִּשְׁלַ֤ח אֹתָם֙ משֶׁ֔ה לָת֖וּר אֶת־אֶ֣רֶץ כְּנָ֑עַן וַיֹּ֣אמֶר אֲלֵהֶ֗ם עֲל֥וּ זֶה֙ בַּנֶּ֔גֶב וַֽעֲלִיתֶ֖ם אֶת־הָהָֽר
“Cuando Moshé envió [a los hombres] a explorar el territorio cananeo, les dijo: Diríjanse al norte hacia el Néguev, y luego prosigan hacia el norte hacia el país montañoso.”
El Néguev significa “Tierra seca”, por su aridez y dureza es un recordatorio de la capacidad humana para atravesarlo incluso en las condiciones más difíciles, pero hay un problema, los que habitan en la zona del Néguev son nada más y nada menos que el pueblo de Amalek, así lo confirma el versículo 29 del Capítulo 13:
עֲמָלֵ֥ק יוֹשֵׁ֖ב בְּאֶ֣רֶץ הַנֶּ֑גֶב וְ֠הַֽחִתִּ֠י וְהַיְבוּסִ֤י וְהָֽאֱמֹרִי֙ יוֹשֵׁ֣ב בָּהָ֔ר וְהַכְּנַֽעֲנִי֙ יוֹשֵׁ֣ב עַל־הַיָּ֔ם וְעַ֖ל יַ֥ד הַיַּרְדֵּֽן
“Amalek vive en la región del Néguev, los hititas, jebuseos y amorreos viven en las colinas, y los cananeos viven cerca del mar y junto a las márgenes del Jordán”.
Según la Kabbalah Amalek es un código para representar a esta fuerza oscura y devastadora que es la duda. Esto es así ya que la gematría de Amalek (עמלק) es 240, mismo valor que la gematría de la palabra “duda”.
Entonces, aunque los 12 príncipes eran personas elevadas y luminosas, al cruzar por las tierras de Amalek, 10 de ellos fueron víctimas de sus miedos y de la desconfianza por verse incapaces de vencer a los gigantes, o incluso peor, quizás se auto boicotearon pensando que estaban mejor en el desierto, bajo la protección de Di-s, que viviendo en una tierra que ellos mismos tendrían que labrar con sus manos.
Independiente de cuales hayan sido sus emociones, el ego logró dar una estocada profunda a estos guerreros espirituales, tanto así que al llegar al valle de Eshcol, que significa «racimo» en referencia a los enormes racimos de uva que encontraron, que místicamente representa a las bendiciones que esperan ser reveladas, no fueron capaces de verlas. Por el contrario, sus estados de conciencia sólo les permitieron ver obstáculos y desafíos infranqueables, regresando a Moisés como espías y no como exploradores.
Pero la Torá junto con mostrarnos el problema, también nos ayuda con las soluciones. Oculto en el mismo versículo 33 del Capítulo 13, en las primeras letras de las palabras 2, 3 y 4, se esconde uno de los nombres de Di-s que nos ayuda a recuperar la confianza:
| Cap 13-33 | Mientras estábamos allí, vimos a los titanes …….. a los ojos de ellos!”. | |||||
| Hebreo |
בעיניהם |
…… |
הנפילים |
את |
ראינו |
ושם |
ראה |
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| Nombre de Dios N°69
Con este nombre como brújula, la senda hacia mi hogar espiritual es iluminada. Recupero mi rumbo. Con cada paso que doy, a cada momento, siento confianza y fuerte sentido de dirección. |
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Que durante esta semana obtengamos la fuerza necesaria para que, como guerreros de luz, podamos revelar nuestra verdadera esencia luminosa. Que entendamos que cada ser humano es una chispa divina, creada a imagen y semejanza de Di-s, lo que significa que dentro de cada uno de nosotros reside una inmensa capacidad para el amor, la creatividad y la transformación.
Reconocer esta chispa divina nos permitirá ganar nuestras batallas más duras al vernos a nosotros mismos como gigantes y no como pequeños e insignificantes insectos.
Shabat Shalom
