Tiempo de lectura 5 minutos – Kabbalá: Básico
Estamos pronto a finalizar con todas las Parashiot de la Torá. Sólo quedan 3 porciones, de las cuales 2 de ellas se estudian juntas este año y quedaría la última reservada para el próximo Shabbat, previo a Rosh Hashaná, el primero de los grandes eventos cósmicos que se nos aproximan, un portal de luz que nos habla de “comienzo” o de un nuevo ciclo de evolución para la humanidad y para cada uno de nosotros.
Dicho sea de paso, estas 3 porciones que quedan ocurren todas en el mismo día en que Moisés muere, es decir, estamos a sólo horas de que se cumpla la promesa que Di-s hizo a Abraham muchos años antes de que este pueblo saliera de la esclavitud.
A partir del momento en que entren a la tierra prometida ya no contarán con Moisés para que los guíe, ni tendrán la columna de fuego que los iluminaba por las noches, ni a las nubes de gloria que los protegían. Ahora es el momento de valerse por sí mismos y aplicar todo aquello para lo que fueron preparados durante todo este proceso de transformación y evolución de 40 años.
En un breve resumen, las parashiot Nitzavim y Vayelej contienen mensajes profundos sobre la unidad y la valentía. En Nitzavim, Moisés reúne a todo el pueblo de Israel para renovar el pacto con Dios, enfatizando la importancia de la responsabilidad colectiva y la unidad que debe mantener el pueblo de Israel. Por otro lado, Vayelej narra los últimos momentos de vida de Moshé, quien, a los 120 años, se despide del pueblo y entrega el liderazgo a Yehoshúa, recordándoles la importancia de seguir las leyes de la Torá y confiar en Di-s. Estas parashiot subrayan la necesidad de firmeza en los principios de la Torá y la continua evolución espiritual.
Sin duda hay mucho que aprender de estas últimas porciones, sin embargo, me gustaría hacer una reflexión acerca de los dos primeros versículos de la porción Nitzavim, dice así:
אַתֶּ֨ם נִצָּבִ֤ים הַיּוֹם֙ כֻּלְּכֶ֔ם לִפְנֵ֖י יְהֹוָ֣ה אֱלֹֽהֵיכֶ֑ם רָֽאשֵׁיכֶ֣ם שִׁבְטֵיכֶ֗ם זִקְנֵיכֶם֙ וְשֹׁ֣טְרֵיכֶ֔ם כֹּ֖ל אִ֥ישׁ יִשְׂרָאֵֽל
“Hoy están todos ustedes parados firmes hoy ante Dios su Señor: sus líderes, sus jefes tribales, sus ancianos, los que hacen cumplir las leyes, todo hombre israelita”
Luego continúa…
טַפְּכֶ֣ם נְשֵׁיכֶ֔ם וְגֵ֣רְךָ֔ אֲשֶׁ֖ר בְּקֶ֣רֶב מַֽחֲנֶ֑יךָ מֵֽחֹטֵ֣ב עֵצֶ֔יךָ עַ֖ד שֹׁאֵ֥ב מֵימֶֽיךָ
“sus hijos, sus mujeres y los prosélitos de tu campamento; incluso tus leñadores y los que sacan tu agua.”
¿Qué tipo de declaración es esta?
¿No bastaba con decir que estaban todos parados frente a Di-s y listo?
¿Cuál es la necesidad de detallar cada persona que estaba parada frente al Yardén en ese momento?
Los Kabbalistas saben que no hay que subestimar cada palabra que la Torá utiliza en sus textos ya que cada una de ellas tiene un significado y enseñanzas que nos puede ayudar en nuestra vida.
Por ejemplo, la intención de utilizar la palabra “parados firmes” (נצבים) es clave a la hora de entrar a un nuevo ciclo de nuestras vidas, un nuevo año, un nuevo comienzo.
Estar parados firmes habla de estabilidad, del equilibrio de las 3 columnas del árbol de la vida, del dominio de las emociones, del despertar de conciencia que cada ser humano debe buscar para revelar la Zefirá Daat que está oculta.
La Zefirá Daat, que es el conocimiento supremo, se conoce también como el sendero número 33 del árbol de la vida. Esto ya que el árbol de la vida tiene 32 senderos místicos (10 zefitort + 22 canales que conectan cada zefirá). Al revelarse Daat, se está revelando el sendero 33 que es la culminación del ciclo de evolución espiritual revelándose toda la luz del árbol de la vida, árbol que está representado por el nombre inefable de Di-s (יהוה). Interesante es notar que en esta Parashá aparece justamente 33 veces el nombre יהוה haciendo referencia a la revelación del nombre supremo de Di-s una vez alcanzado la cúspide del proceso espiritual del individuo.
Esta misma palabra “parados firmes” (נצבים), de gematría 192, esconde este estado de evolución espiritual ya que, al multiplicar los 32 senderos del árbol de la vida por la reducción del número 33, se obtiene 192.
Es importante aclarar que el pueblo de Israel de la Torá está por primera vez entrando a la tierra que mana leche y miel, sin embargo, nosotros (que también somos el pueblo de Israel) hemos venido a este mundo en muchas oportunidades en un espiral evolutivo de aprendizaje. En ese sentido, estar parados firmes es la declaración de nuestra alma de honrar una vez más el pacto que hicimos originalmente con el Creador, el cual es alcanzar total afinidad de forma con Él a través de los desafíos de cada experiencia terrenal.
Adicionalmente, estar parados firmes es, paradójicamente, una declaración de nuestra firme intención de avanzar en nuestra evolución. Esto lo aprendemos ya que 192 también es la gematría de la palabra “y marchaban” o “y salían” (ונסעו). Esta palabra es muy especial ya que la Torá la utiliza sólo seis veces y todas ellas en una única Parashá, que es la Parashá Bejalotjá. En esa porción es donde se explica cómo el pueblo de Israel desarmaba el campamento y el tabernáculo para avanzar por el desierto cada vez que así lo solicitó Di-s durante los 40 años.
En otro orden de ideas, la Torá no se limitó a decir que el pueblo de Israel estaba parado firme, sino que además se tomó el tiempo y espacio en el pergamino sagrado para enfatizar y detallar todos los que están en ese momento en ese lugar.
Lo anterior tiene más de una interpretación, sin embargo, una de ellas me parece importante destacar ya que dice relación a que, por más que vivamos en el espejismo de la fragmentación y nos veamos como individuos independientes, finalmente todos somos uno y la corrección de cada alma es la corrección del alma unificada.
Si bien vivimos una experiencia terrenal separados unos de otros, finalmente siempre nos paramos juntos bajo un mismo objetivo, que es nuestra transformación personal y despertar de conciencia colectiva.
Estar parados firmes es la declaración fundamental que renovamos año tras año en Rosh Hashaná en lo que se puede considerar el cumpleaños de Adán, el primer hombre. Rosh Hashaná es entonces una ventana cósmica que nos permite comenzar un nuevo ciclo, una nueva etapa del despertar.
Finalmente, estar parados firmes también es la certeza de que nuestra alma es más que nuestras circunstancias actuales, por más desafiantes que estas sean. Parte de nuestro aprendizaje es entender que no somos nuestras circunstancias, no somos nuestra pobreza, nuestra enfermedad, nuestra soledad, nuestra infertilidad o lo que sea que se nos esté manifestando en nuestra existencia. Estas circunstancias son el costo de las caídas producto de nuestro aprendizaje y por lo tanto no son nuestros, son nuestras marcas de guerra.
En último término, somos almas iluminadas aprendiendo a ser Di-s, guerreros espirituales que retornan batalla tras batalla, ensangrentados, sucios, cansados y agobiados, para volver a presentarnos firmes ante el rey de los ejércitos y repetirle nuevamente la palabra más poderosa y valiente pronunciada por Abraham en Vayerá Capítulo 22, versículo 1, cuando Di-s lo iba a poner a prueba pidiendo a su hijo Isaac como ofrenda:
הנני
“Heme aquí”
Shabbat Shalom
