Tiempo de lectura: 5 minutos – Kabbalah: Intermedio
Comienza una nueva temporada de la serie de la vida. Con la finalización del libro de Bereshit (Génesis) termina la misión de los patriarcas y matriarcas que, como intenté presentar en las reflexiones anteriores, estos personajes bíblicos representan fuerzas o energías que moldean nuestra realidad en base atributos provenientes de una misma fuente infinita de amor incondicional a la que llamamos Di-s.
Dicho en otras palabras, la luz infinita de otorgamiento es moldeada y filtrada a través de un sistema de tuberías y receptáculos que descomponen esta luz en diferentes niveles de conciencia, con el único fin de habilitar un espacio en donde el nivel de ocultamiento de la luz sea tal que esta no sea percibida de forma natural. A ese espacio denso y oscuro es al que llamamos materia y conforma nuestro universo observable.
Es en este lugar, nuestro mundo, el tablero del juego, donde por nuestro propio mérito debemos ganarnos el derecho a la luz, debemos trabajar para revelarla.
¿Cómo revelamos esa luz? ¿Cómo revelamos a Di-s?
Aprendiendo a recibir, pero con la intención de compartir. Es decir, transmutando nuestra esencia natural egoísta (de desear para uno mismo) a una conciencia altruista como la de Di-s, de compartir incondicionalmente.
Para eso tenemos al mejor sparring, al propio ego, lo que la Torá llama Faraón. Ese personaje que durante el libro de Bereshit fue como el “amigo” que puso de virrey a Joseph y permitió que toda su familia viviera con lujos en Egipto, fue el que participó del proceso de “la Creación” de este tablero del juego y la puesta en marcha del mismo.
Ahora, en esta primera porción del libro de Shemot, nuestra alma desciende a nivel de Maljut y se inicia nuestro proceso de evolución. Sin embargo, nadie nos dijo que una de las condiciones del juego era que nos olvidaríamos de quienes somos realmente.
¿Quiénes somos realmente?
Muy similar a los títulos nobiliarios hollywoodenses al estilo “Señor de los anillos” podríamos decir que somos Joseph hijo de Jacob rey de Zeir Anpin, heredero de la tierra prometida, príncipe descendiente del linaje de Abraham e Itsjak.
Sin embargo, para ganar el juego necesitamos olvidarnos de nuestro título nobiliario y desenvolvernos en un mundo donde el ocultamiento de la luz solo abre las puertas a que ejerza su poder un nuevo rey, nuestro yo físico gobernado por los deseos de la materia. Es así que en Maljut de Maljut vive Joseph olvidado de quien es realmente y en Keter de Maljut podemos tener acceso al Joseph con títulos nobiliarios. Esto está codificado en la Torá en el versículo 8 del capítulo 1 de la Parashá de Shemot.

Donde, las 10 palabras del versículo están en relación con las 10 zefirot anidadas dentro de la zefirá de Maljut. El Joseph oculto en la primera palabra del versículo representa al humano sin conciencia espiritual, viviendo en Maljut de Maljut y, por otro lado, el Joseph de la décima palabra representa al Joseph viviendo en Keter de Maljut, siendo capaz de acceder al Joseph espiritual.

Es así entonces que nuestro primer proceso de evolución es elevarnos hasta alcanzar al Joseph espiritual quien nos permitirá acceder a los cielos y hacer descender a luz proveniente de Bina.
Entonces, el libro de Shemot habla de cómo inicia y se desarrolla este proceso de evolución, pasando de la esclavitud a la libertad.
Que durante esta nueva travesía espiritual de lectura y estudio del libro Shemot tengamos todos el mérito de librarnos de nuestras esclavitudes para acceder a todas las bendiciones que Di-s nos tiene preparadas.
Shabat Shalom
