Tiempo de lectura: 5 minutos – Kabbalah: Avanzado
A partir de esta Parashá se inicia lo que llamo el camino de los patriarcas, un camino de maduración de intelectos en cada una de las luminarias de Zeir-Anpin, las siete zefirot del árbol de la vida pertenecientes al mundo de Ietzirá, el mundo de las emociones.
El trabajo de los patriarcas fue preparar y habilitar los canales energéticos del humano primordial para que comience su batalla espiritual y camino a la evolución a través de derrotar al ego, que es el deseo de recibir para uno mismo.
Así, en la Parashá de la semana pasada fue engendrado Abraham que, tal como vimos en la reflexión anterior, corresponde a la semilla del amor (Ir a la reflexión de la semana pasada).
Pero ¿Qué es el amor según la Kabbalah?
El amor es, a mi juicio, la fuerza espiritual más difícil de entender por nosotros las personas. Si bien definirlo puede llegar a ser simple, vivir el amor suele ser extremadamente complejo.
El amor es esa fuerza de otorgamiento pura e incondicional que vive en el interior de cada persona, sí, en todos y cada una de las personas, incluso si nos vemos tentados a pensar en que hay personas en el mundo incapaces de amar.
El amor es como el agua de un río que no se detiene nunca y que va dando vida por dondequiera que pase. Sin embargo, todos sabemos que un río también puede provocar muerte en casos extremos.
¿Cuándo el amor puede provocar muerte?
Cuando esta fuerza es opacada con los velos y engaños del ego.
Esa es la razón por la cual vivir el amor es extremadamente complejo, porque muchas veces el ego nos ciega y creemos que amamos cuando la verdad es que sólo estamos buscando un beneficio personal.
Es justo en este punto donde se diferencia el amor del placer temporal por la luz. El placer son pulsos de luz que bajo una conciencia egoísta terminan apagándose y sumiéndonos en la oscuridad y en muchos casos sumiendo en la oscuridad a otros. En cambio, el amor es luz permanente que genera plenitud.
Ojo que no estoy situando al amor únicamente en la relación entre un hombre y una mujer. El amor está presente en cada cosa que hacemos.
Cuantas veces podemos decir que amamos a la naturaleza y sin embargo el planeta está sumido en una crisis ecológica, o cuantas veces decimos que nos amamos a nosotros mismos, pero tratamos a nuestro cuerpo de la forma menos saludable que existe.
Entonces ¿Cómo puedo distinguir entre el amor y el placer temporal por la luz?
Afortunadamente el amor, a diferencia del placer, tiene una característica única y que lo hace distinguible. Para amar hay que hacerlo desde fuera de la zona de confort.
Cómo, ¿Amar cuesta?
Respuesta definitiva, ¡sí!
Al menos en Maljut, nuestro plano físico. El amor es una perla de valor que hay que ganársela.
Si digo que me amo, entonces debo cuidarme, si digo que amo a la naturaleza, entonces debo procurar protegerla, si digo amar a mi esposo o esposa, entonces debo asegurar hacerla(o) feliz, si digo que amo al prójimo, entonces debo preocuparme de proveer a los demás en todo lo que necesiten, etc.
El amor va en una sola dirección, en dirección hacia lo que se ama, no esperando que aquello que se ama retribuya con algo.
Abraham entendió esto y fue capaz de salir de su zona de confort para expresar amor del puro, un amor incondicional y sin una agenda escondida.
Esto lo aprendemos de la idea del primer pasuk que dice:
וַיֹּ֤אמֶר יְהֹוָה֙ אֶל־אַבְרָ֔ם לֶךְ־לְךָ֛ מֵֽאַרְצְךָ֥ וּמִמּֽוֹלַדְתְּךָ֖ וּמִבֵּ֣ית אָבִ֑יךָ אֶל־הָאָ֖רֶץ אֲשֶׁ֥ר אַרְאֶֽךָּ
Dios le dijo a Avram: “Vete para ti, de tu tierra, de tu lugar de nacimiento y de la casa de tu padre a la tierra que te mostraré.
Los sabios enseñan que “vete para ti” es la acción de ir a nuestro interior, dejar nuestro estado actual del “ser”, para movernos a un estado renovado de amor incondicional, el cual es la luz proveniente de Jesed, que nos mostrará el camino para llegar hasta Biná, desde donde podemos alcanzar la plenitud.
Los kabbalistas lo llaman el camino de la derecha, es decir, la salida desde Maljut que es “tu tierra”, pasando por Yesod y Netsaj que son “tu familia”, para llegar a Jesed que es “tu padre”.

Ese fue el peregrinar de Abraham por el árbol de la vida, recorrer las zefirot de la columna derecha hasta elevar la conciencia al punto de percibir el amor en toda su dimensión y no el pseudo amor que nos ofrece la fisicalidad.
Con esto se revela otro gran secreto oculto en la Parashá de esta semana, en los Pasukim 11 y 12 del capítulo 12, dice:
וַיְהִ֥י רָעָ֖ב בָּאָ֑רֶץ וַיֵּ֨רֶד אַבְרָ֤ם מִצְרַ֨יְמָה֙ לָג֣וּר שָׁ֔ם כִּֽי־כָבֵ֥ד הָֽרָעָ֖ב בָּאָֽרֶץ
וַיְהִ֕י כַּֽאֲשֶׁ֥ר הִקְרִ֖יב לָב֣וֹא מִצְרָ֑יְמָה וַיֹּ֨אמֶר֙ אֶל־שָׂרַ֣י אִשְׁתּ֔וֹ הִנֵּה־נָ֣א יָדַ֔עְתִּי כִּ֛י אִשָּׁ֥ה יְפַת־מַרְאֶ֖ה אָֽתְּ
“Hubo una hambruna en la tierra. Avram se dirigió al sur hacia Egipto para permanecer allí durante un tiempo, puesto que la hambruna se había vuelto muy severa en la tierra.
Cuando se aproximaban a Egipto, le dijo a su mujer Sarai: “Ahora me doy cuenta de que eres una mujer hermosa a la vista.”
¿Qué acaso Abraham recién ahora se da cuenta que Sarai es hermosa?
¿Antes de llegar a Egipto no lo era?
El secreto detrás de este aparente sin sentido es que, en el estado de amor puro en que se encontraba Abraham hacía que sólo pudiera ver la belleza del Alma de Sarai, su alma gemela, mas cuando bajó a Egipto (Maljut), recién ahí reconoció la belleza física de ella.
Sabemos que Sarai era su alma gemela ya que las primeras letras de las palabras “Sarai su mujer mira” conforman el nombre de Di-s 28 que se corresponde a la energía de las almas gemelas.

Se debe entender el concepto de alma gemela como la pareja (hombre o mujer) que conforma la otra mitad de tu alma, pero más ampliamente como el reconocimiento de mi alma unificada con el Creador, que es la fuente única e inagotable del amor verdadero.
En conclusión, Abraham inició el camino de los patriarcas haciendo madurar los intelectos de la zefirá de Jesed, el amor incondicional. Nuestra alma es capaz de conectar y precipitar dichos intelectos a través de nuestro trabajo espiritual. ¿Fácil?, no, posible, ¡claro que sí!
Hace unos días atrás me enteré del caso de un hombre que requería de un trasplante de riñón, estaba en la lista de espera y recibió la noticia de que por fin habían encontrado a un donante que cumpliera todas las condiciones y requisitos para que fuera el candidato ideal para él. Evidentemente todos se pusieron felices con la noticia ya que llevaban tiempo esperando por un donante.
Tomar la decisión de donar los órganos al fallecer es ciertamente un acto de amor por el prójimo. Sin embargo, lo que hace que esta historia la comparta en esta Parashá, es que el donante está vivo y no tiene ningún vínculo, ni siquiera cercano, con el o la familia del paciente.
Esa es la fuerza que Abraham reveló en este camino de los patriarcas, la fuerza del amor puro e incondicional, ese amor que hoy en día sostiene al mundo y que impulsa a nuestra alma a conectarnos con la única fuente infinita de amor que es Di-s.
Shabbat Shalom
