RESUMEN DE LA PARASHA (Tiempo de lectura: menos de 1 minutos)
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RESUMEN DE LA PARASHA
La parashá Re’eh arranca con la llamada de Moshe a elegir entre bendición y maldición: ante Israel se alzan dos montes, Gerizim y Eival, donde se proclamarán respectivamente la prosperidad para quien cumpla la Torá y pesares para quien se aparte de sus preceptos.
A continuación, se ordena la centralización del culto: todo sacrificio y ofrenda debe realizarse “en el lugar que Di-s escoja”, a fin de unificar la adoración y evitar la dispersión en altos paganos. Se reafirma el rechazo a la idolatría, con normas estrictas contra falsos profetas, incluso de la familia, y decretos de erradicación para ciudades enteras que se entreguen al culto ajeno.
La porción dedica un amplio bloque a las leyes de pureza alimentaria: definición de animales puros e impuros, separación de la carne y la leche, y listo de especies permitidas.
Luego Moshe explica los tiznahim –tres clases de diezmos–: el diezmo para levitas y «visitantes», la décima parte de los frutos para los pobres cada tercer año, y la ofrenda de primicias que celebran el reconocimiento de Di-s como donante de toda cosecha. Estas prácticas fomentan la justicia social y el sustento de quienes no poseen heredad propia.
Para cerrar, se establece el año sabático y las tres fiestas de peregrinación (Pésaj, Shavuot y Sucot). Israel debe detener la tierra cada siete años, perdonar deudas y, tres veces al año, acudir a la ciudad escogida para rendir gracias y compartir la fiesta ante el altar.
BREVE REFLEXION
Es comprensible que algunas personas, al acercarse al Di-s de la Biblia, a veces se sientan incómodas al percibir a un Di-s castigador, un juez severo que reparte bendiciones y maldiciones según el comportamiento de la gente. Y si abrimos la Parashá Re’eh, esa sensación parece confirmarse: “Mira, hoy pongo delante de ustedes bendición y maldición.” Uno podría pensar que se trata de una advertencia dura, casi una amenaza. Si cumples, serás premiado; si no, serás castigado.
Pero aquí es donde aparece el misterio, ya que, al leer a través de los lentes del misticismo, descubrimos que en ningún lugar de Re’eh Di-s declara, en primera persona, explícita e inequívocamente que Él mismo maldecirá o destruirá a Israel. ¡Ninguna vez! Las maldiciones y calamidades mencionadas en esta porción son mencionadas como causas de algo y no como furia divina. En cambio, sí encontramos más de una docena de expresiones directas y claras que afirman que Di-s bendecirá al pueblo, sólo por mencionar algunas: Re’eh 12:7, Re’eh 12:15, Re’eh 14:24, Re’eh 14:29, Re’eh 15:4, Re’eh 15:6, Re’eh 15:10, Re’eh 15:14, Re’eh 15:18, Re’eh 16:10, Re’eh 16:15, Re’eh 16:17.
¿Qué significa esta diferencia? ¿Por qué se insiste tanto en la bendición, y nunca se pone en boca de Di-s la maldición?
La respuesta se encuentra en el estado de conciencia en el que Moisés y el pueblo se encuentran en este momento. Re’eh significa “mira”, “observa”. Es un llamado a elevar la visión, a pararse en un nivel más alto de percepción espiritual. Por eso esta Parashá se articula alrededor de dos montes: Gerizim y Eival. Estar en lo alto simboliza elevar la conciencia por encima de lo terrenal. Desde esa altura espiritual, la idea de un Di-s castigador se difumina. Lo que desde abajo se percibe como castigo, desde arriba se entiende como lo que es en esencia: causa y efecto.
La sabiduría de la Kabbalah nos enseña que todo lo que existe proviene de una sola fuente: la Luz del Creador. Esa Luz es infinita, abundante, constante, y solo puede dar. A lo que se le llama bendición es la manifestación natural de estar en afinidad de forma con la fuerza del otorgamiento. Cuando elegimos actuar con generosidad, compartir y vibrar alto, el canal se abre y la bendición fluye. Lo que se le indica como maldición, en cambio, no es un acto de Di-s. Es simplemente el bloqueo de ese flujo. Cuando caemos en egoísmo, caos o separación, cerramos la ventana por donde entra la Luz. No es que el sol se apague o se convierta en sombra, es que nosotros mismos decidimos vivir a oscuras.
Esto explica porque en Re’eh sólo se ponen bendiciones en boca de Di-s y ninguna maldición, simplemente porque no está en Su esencia hacer algo diferente que no sea otorgar la luz en forma de bendiciones.
Sin embargo, esto hace surgir una paradoja con otras secciones de la Torá. En parashiot como Bejukotai o Ki Tavó, Di-s sí castiga explícitamente, ¿y entonces?, ¿Qué hace que Re’eh sea diferente?
En otras Parashiot El lenguaje utilizado es exotérico, pedagógico: Di-s habla como un padre severo que castiga, para despertar responsabilidad en un pueblo que aún necesita imágenes fuertes de premio y castigo. En cambio, en Re’eh, Moisés busca algo diferente, busca apelar a la conciencia de un pueblo. Allí el énfasis no está en el castigo, sino en la elección consciente de abrir o cerrar el canal de la bendición.
El Zohar, Volumen III, en los folios 69b-70a, añade un detalle sobre esto: el monte Gerizim, donde se proclamaron las bendiciones, representa la derecha, el lado de Jésed (bondad, expansión). El monte Eival, asociado a las maldiciones, representa la izquierda, el lado de Din (juicio, restricción). Ambos están frente al mismo altar, lo que enseña que todo proviene de la misma fuente. Lo que cambia es nuestra percepción: si estamos en sintonía con la Luz, la energía se manifiesta como bendición, si no, la misma energía se percibe como restricción.
Por eso Moisés insiste tanto en las mitzvot. No son exigencias arbitrarias, sino entrenamientos que nos mantienen en afinidad de forma con la Luz. Igual que un atleta necesita disciplina constante para liberar todo su potencial, nosotros necesitamos disciplina espiritual para mantenernos en conexión con la fuente de bendiciones.
Cuando comprendemos esto, Re’eh ya no suena como amenaza. Es una invitación a mirar desde lo alto, a reconocer que la bendición siempre fluye y que la maldición no es otra cosa que ausencia de luz.
Y si damos un paso más, la física cuántica nos ayuda a comprender este misterio con un lenguaje moderno. El observador participa en la creación de la realidad: al mirar, colapsamos las posibilidades en una experiencia concreta. De igual modo, espiritualmente somos observadores que, con nuestras decisiones, abrimos o cerramos la ventana de la Luz. Di-s no castiga, somos nosotros, con nuestra conciencia limitada, quienes creamos una realidad fragmentada y sin brillo. Pero si logramos “ver” —ree— más allá de la ilusión, entonces podemos elegir abrirnos a la Luz infinita, dejar que el flujo espiritual descienda, y transformar nuestra realidad en bendición.
La decisión está siempre en nuestras manos. En Re’eh, Moisés no nos amenaza: nos muestra que estamos en lo alto de los montes y que tenemos la capacidad de ver más allá. La pregunta sigue siendo la misma hoy que ayer: ¿cerrarás la ventana y vivirás en oscuridad, o la abrirás para dejar entrar la Luz y vivir en bendición?
Shabbat Shalom.
