Tiempo de lectura: 10 minutos - Kabbalah: Avanzado
En un mundo tan vertiginoso y acelerado no es fácil mantenernos espirituales y mucho menos ser unos guerreros de luz. Realmente es completamente a la inversa, las oportunidades que tenemos para convertirnos en personas reactivas y egoístas son demasiadas y están a la vuelta de cada esquina.
Desde que nos levantamos y nos quejamos de nuestro jefe, las reacciones de odio que podemos llegar a tener durante el trayecto en el auto, las frustraciones que podemos tener en el trabajo, la impaciencia que podemos demostrarle a nuestros hijos con nuestros gritos, la intolerancia y falta de amor que expresamos a nuestras parejas, etc. etc. todo es un racimo de oportunidades que el ego aprovecha muy bien para desconectarnos de la verdadera fuente de la plenitud que es el Creador.
La humanidad ha venido evolucionando basado en un plan maestro que tiene un único objetivo, revelar la unicidad de D-os con nosotros y hoy estamos transitando por la curva final de esta evolución, la cual ha sido reconocida por profetas, sabios, maestros, gurús, como queramos llamarles, por una época que está en la cúspide del deseo egoísta.
La Torá, el libro sagrado del pueblo de Israel, describe metafísicamente esta evolución y nos da las pistas necesarias para que podamos realizar esta última etapa del viaje lo más preparados posibles.
¿Cómo?
Una de las formas es manteniendo nuestra luz interior encendida
¿Pero qué es y quién mantiene esta luz encendida?
La Parashá Tetzavé y Ki Tisá nos revela algunos secretos. Comenzando por la Parashá Tetzavé, en el Capítulo 27, versículo 20 se nos exhorta a:
“Tú, [Moshé], debes ordenarles a los israelitas que te traigan aceite de iluminación claro, hecho de olivas prensadas a mano, para mantener la lámpara ardiendo constantemente.” Tetzavé 27-20
Una lectura literal del texto podría llevarnos a encender a diario una vela, como un ritual, como si esa fuera la fórmula mágica para mantener a D-os contento. Sin embargo, por su puesto hay elementos mucho más profundos que este pequeño versículo nos puede enseñar.
¿Qué representa la lámpara desde una perspectiva espiritual?
Una lámpara es el arquetipo en este mundo físico que representa el mecanismo con el cual la humanidad puede ascender espiritualmente gracias a la misericordia del Creador. Esto lo aprendemos gracias a las 2 letras de mayor tamaño que aparecen en la Parashá Ki Tisá (una letra Nun en Ki Tisá 34-7 y una letra Resh en Ki Tisá 34-14). Ambas letras, que rodean la declaración de los 13 atributos de la misericordia, conforman nada más y nada menos que la palabra Ner (Lámpara) y la cantidad de palabras existentes entre ambas letras es 130 que corresponde a la gematría de la palabra Sulám (Escalera) y de la palabra Sinaí. נהירו
Por lo tanto, como análisis inicial, podemos decir que una lámpara espiritual es el mecanismo que tiene el pueblo de Israel (nuestra alma) para elevarse a las alturas del monte Sinaí, tal como lo hizo Moshé, gracias a la misericordia del Creador.
Dando un paso más allá, una lámpara de aceite encendida consta de 5 elementos principales; La vasija que contiene al aceite, el aceite en sí mismo, la mecha que se encuentra entre el aceite y la llama, la chispa de luz que se encarga de encender la mecha y finalmente la luz o llama que se irradia permanentemente.
Si analizamos cada elemento por separado vemos que:
La vasija o Kli (en hebreo), es aquel recipiente que contiene el deseo potencial, el que puede ser un deseo egoísta o un deseo altruista. Representa nuestro mundo físico, es decir representa a la Zefirá de Maljut en el árbol de la vida y así mismo representa nuestro nivel de alma más bajo conocido como Nefesh. Respecto a la energía que subyace a Maljut está la energía de la letra Hei.
La mecha está en representación de nuestro ser emocional conocido como la dimensión de Zeir Anpin, la cual a su vez se correlaciona con el nivel de alma llamado Ruaj y es gobernada por la fuerza de la letra Vav (la que coincidentemente tiene la forma de una mecha).
El aceite de oliva, por su lado, representa nuestra alma más elevada Neshamá, que también la rige la fuerza de la letra Hei. Este aceite es conocido también como el pueblo de Israel, tal como enseñan los sabios:
“Así como el aceite de oliva trae luz al mundo, así el pueblo de Israel trae luz al mundo” (Midrash Shir Hashirim Rabbá 1:2)
Luego tenemos la chispa de luz que enciende la mecha cuando las condiciones están dadas. Es decir, cuando el aceite está impregnado en la mecha (La Neshamá está impregnando de su luz al Ruaj y éste a su vez cubre completamente al Nefesh). Esta chispa la reconocemos como la chispa de luz superior proveniente del nivel de alma Jaiá y es gobernada por la fuerza de la letra Yud.
Finalmente tenemos la fuente de luz infinita que se irradia hacia toda la humanidad proveniente desde lo más alto y que está en representación del nivel de alma Yejidá y está regida por la fuerza del ápice de la misma letra Yud anterior.
Como vemos entonces, una lámpara es un arquetipo espiritual que contiene las leyes metafísicas de como ascender, a través de los diferentes olamot (mundos) a las alturas del monte Sinaí, encendiendo la luz en nuestro árbol de la vida y manteniendo iluminados todos los niveles de nuestra alma y el mundo entero con la fuerza integradora del יהוה

Pero de todos estos elementos ¿Cuál es el combustible?
Es el aceite, también llamado el pueblo de Israel. Sin aceite la llama simplemente no se mantendría encendida y por lo tanto sin duda este elemento vale la pena llevarlo a un nivel más profundo de explicación.
La palabra aceite en hebreo se dice Shemen (שמן) y comparte la misma raíz que la palabra Shmone (שמונה) que significa ocho, haciendo referencia a la octava Zefirá del árbol de la vida que es Biná, esfera desde donde provienen todas las bendiciones.
Biná a su vez se asocia al nivel de alma Neshamá (נשמה) que coincidentemente también comparte raíz con la palabra aceite (Shemen), corroborando la idea expuesta párrafos anteriores de que el aceite de oliva representa el nivel de alma Neshamá
Ahora bien, así como en una lámpara el aceite debe residir dentro de la vasija, así también espiritualmente Biná debería estar contenido en Maljut, por lo tanto, lo que debemos hacer es traer Biná a Maljut (Biná de Maljut).
¿Qué se logra trayendo Biná a nuestro Maljut?
Se logra el Shabbat. De hecho, el trabajo espiritual (abodá) que realizan los místicos durante los días de la semana es ir elevándose desde Maljut a través de los 7 senderos (7 días) que los llevarán a Biná, que es la plenitud y la fuente de todas las bendiciones disponibles.
Shabbat es la conciencia que debe tener el pueblo de Israel, también llamado aceite de oliva.
Esta conciencia de Shabbat, que es el combustible (el aceite) para mantener la luz encendida, también está codificado en la Torá, ya que la ordenanza de respetar Shabbat está mencionada en la Parashá Ki Tisá antes y después de la construcción del becerro de oro. Esto nos enseña que, en medio de una desconexión con el Creador, sin importar cuan grande pueda ésta llegar a ser, siempre tenemos la oportunidad de volver a conectarnos a través de esta conciencia de Shabbat.
Más aún, así como el aceite de oliva al juntarlo con agua, éste no se mezcla y tiende a estar por sobre el agua, así también nuestra conciencia debe estar apartada y por sobre los pensamientos negativos, depresivos, de escases, de tristeza y de ansiedad del mundo común.
Entonces, en la práctica, ¿Qué significa mantener nuestra lámpara encendida?
Teniendo una actitud positiva, de agradecimiento y por sobre todo de Shalom, es decir de plenitud absoluta, estaremos sintonizando con una conciencia de Shabbat, así nos transformaremos en el combustible adecuado para generar la chispa necesaria que nos llevará a un estado tan elevado, como aquel alcanzado hace más de 3500 años en el monte Sinaí, donde la luz infinita del Creador estuvo disponible, en su máximo esplendor, para cada uno de nosotros y para toda la humanidad.
