Una historia que nos puede ayudar a entender que el camino para la igualdad de géneros no es ni el machismo ni el feminismo.
«Había un artesano soplador de vidrio que creó un hermoso jarrón para el agua y también creó a un hermoso vaso de agua. Ambos objetos forjados del mismo material, diferentes en forma, pero creados con la misma dedicación y amor.
Cuando el jarrón fue llenado de agua su esencia se vio honrada y ahora su felicidad es casi completa, pues aun falta algo por hacer, algo que también es parte de la misión para la que fue creado. Servir a su creador.
Así entusiasmando comenzó a llenar de agua el vaso, el cual a través de ese acto, vio honrada su esencia y ahora su felicidad es casi completa, pues aun falta algo por hacer, algo que es parte de la misión para la que también fue creado. Servir a su creador. Así el soplador bebió el agua sintiéndose pleno de su creación y de poder beber y saciar su sed a través de ella.
El jarrón y el vaso al ver al artesano pleno, también fueron plenos, pues cumplieron su propósito a cabalidad.»
Ambos objetos hechos del mismo material, con el mismo amor y dedicación. ¿Qué los diferencia entonces el uno del otro?
Únicamente su propósito y su forma, solo eso. Pero la paradoja es que sólo eso lo es todo.
Indiscutible es reconocer cual es el propósito del jarrón, el cual fue hecho para contener el agua que posteriormente será servida en los vasos. A su vez, innegable es el propósito del vaso, el cual fue hecho para recibir el agua del jarrón y luego ofrecerla a quien la desee beber.
No hay confusión en sus propósitos, no hay competencia entre ellos, aun sabiendo que ambos son exactamente iguales en material, no pensarían jamas en competir.
Así entonces el jarrón llega a su plenitud cuando da su agua al vaso, pues para eso fue creado con una maravillosa forma y tamaño, con un pico perfecto que le permitirá no derramar el agua al momento de cumplir su propósito, y con esa gran y delicada asa, que permite que lo sostengan de forma cómoda y segura.
Por otro lado el vaso llega a su plenitud cuando recibe el agua del jarrón, pues para eso fue creado. Con esa fina forma, con un diámetro perfecto para que quien lo sostenga no le sea incomodo mantenerlo en la mano y con esos delicados detalles de rococó perfectos para verse fino y elegante sobre la mesa.
Para ellos no tienen relevancia sus diferencias físicas. Que uno sea mas grande y resistente que el otro, o que uno sea más delicado y fino no tiene ninguna importancia mayor más que la importancia de buscar la plenitud, el uno con el otro, gracias a ser como son.
Sin embargo, pueden ambos cambiar sus roles?
La respuesta es sí, definitivamente sí.
Pero nadie en su sano juicio piensa en llenar primero el vaso de agua para luego vaciarlo al jarrón y beber desde ahí (aunque en la práctica esto se pueda hacer). Todos respetamos la esencia primordial de cada uno de esos objetos. El jarrón es jarrón y su esencia es otorgar y el vaso es vaso y su esencia es recibir. Así de simple.
Y si aun así lo hicieran y ambos decidieran cambiar sus roles?, como se sentiría el artesano viéndose obligado a llenar el vaso de agua para luego vaciarla al jarrón?..seguramente se sentiría incómodo y torpe ya que probablemente el agua escurriría y caería al suelo dado que el vaso no tiene pico. Luego, llegado el momento de beber sería aun mas incómodo, ya que el jarrón por su tamaño y diámetro no es nada fácil sostenerlo por un largo tiempo. Estas cosas harían que definitivamente el artesano se sienta frustrado y triste porque su creación no cumple el propósito para el cual la creó.
Y aun así, suponiendo que esta situación perdurara en el tiempo, llegaría un momento en el cual el vaso estaría agotado de maximizar sus esfuerzos por no derramar una gota de agua tal como lo hace el jarrón. El jarrón a su vez estaría también exhausto de constantemente estar tratando de parecer delgado y fino como el vaso. Ambos, por mas que intenten aparentar ser felices, tarde o temprano no aguantarán más y gritarán desesperados «quiero volver a ser yo!!!».
Hombres y mujeres fuimos creados por el máximo artesano Soplador del Universo, venimos de donde mismo, fuimos creados con el mismo amor y dedicación. Lo único que nos diferencia es nuestra esencia. La paradoja es que sólo eso lo es todo.
El hombre dotado de una esencia maravillosa de otorgar, con una mente objetiva y práctica proveniente del mundo de la trasendencia. Por otro lado la mujer dotada de la maravillosa esencia de recibir, con una mente analítica proveniente del mundo de la inmanencia. Ambos están llamados a reconocerse unos a otros como complementos.
Sin duda debe haber igualdad salarial, de derechos y de oportunidades. Sin duda las mujeres son igual de capaces que los hombres y sin duda las mujeres tienen razón al buscar recuperar un espacio del cual los hombres nos hemos apropiado. Pero hay que tener mucho cuidado en no equivocar el camino. Hombres y mujeres jamás seremos iguales, así como tampoco lo son el jarrón y el vaso.
Si con el título de igualdad buscamos que la esencia de cada uno se pierda, estaremos destinados al fracaso. Que los niños usen uniformes unisex escuché por ahí como iniciativa, así no habrá desigualdad ni discriminación… Que los hombres críen y las mujeres trabajen es otra cosa que se está viendo en algunos lugares… y hay mujeres que ya no aceptan que los hombres paguen la cuenta en el restaurant para no sentirse inferiores, etc.
Todas estas cosas me hacen temer que podemos estar equivocando el camino y con esto no digo que los hombres no puedan criar o las mujeres no puedan pagar el restaurant, sólo hablo de que tal como en la historia del jarrón y el vaso, debemos buscar la plenitud a través de complementarnos y no de igualarnos.
Soy un convencido de que la humanidad debe moverse entre los extremos para luego encontrar el balance, primero fue la era del machismo, hoy nos volcaremos todos al feminismo. Espero que seamos lo suficientemente sabios para encontrar pronto el balance al descubrir que la plenitud se logra sirviendo a nuestro Creador honrando nuestra esencia, la de hombres y mujeres a través de lo que somos, un complemento perfecto.
Porque todos somos Uno.
