Imagina por un momento esa sensación asfixiante de estar atrapado en un callejón sin salida, una situación en tu vida cotidiana donde las paredes parecen cerrarse sobre ti, ya sea una deuda que no puedes pagar, un diagnóstico médico que paraliza el aliento o una relación que parece haber llegado a un punto muerto y doloroso. En esos instantes, miramos hacia atrás y vemos los fantasmas del pasado persiguiéndonos, tal como los israelitas veían al ejército del Faraón, y al mirar hacia adelante, solo vemos un océano inmenso e intransitable, un obstáculo que la lógica humana dicta como imposible de cruzar. Es precisamente en ese punto de quiebre, cuando la desesperación amenaza con ahogarnos antes de que siquiera toquemos el agua, donde ocurre el milagro de la apertura; una intervención que se siente como un abrazo cósmico, una fuerza que nos eleva por encima de la realidad.
Esta experiencia humana de encontrar una salida donde no la había refleja lo que bíblicamente representa la apertura del mar, un evento que trasciende la historia para convertirse en una enseñanza sobre la naturaleza divina, pues lo que en las plagas fue romper, romper hábitos, apegos y frustraciones, con la apertura del mar se transforma radicalmente en la apertura de nuevos caminos, en puertas que se abren donde no las había, manifestándose como la fuerza del amor que te sostiene justo cuando crees que vas a flaquear.
Es vital comprender la transición espiritual que ocurre entre la salida de Egipto y el cruce del mar, pues marca un cambio en la «mano» con la que el Creador interactúa con su mundo. Durante el proceso de las diez plagas, la energía predominante fue la Gevurá, el rigor y la fuerza necesaria para destrozar las estructuras de la esclavitud y del Faraón; sin embargo, al llegar a la orilla del mar, la dinámica cambia hacia una dimensión de amor infinito. Di-s termina anulando la amenaza del Faraón no con más rigor, sino con una fuerza aún mayor, la fuerza del Amor, conocida en la Kabbalah como Jesed.
La destrucción del mal, en este contexto, es un efecto secundario de la revelación abrumadora de la bondad divina que no deja espacio para la oscuridad. Dicho en otras palabras, cuando el poder del Amor se revela en su máxima potencia, la oscuridad del ego y la esclavitud simplemente no pueden coexistir con ella, siendo la destrucción de la oscuridad la única posibilidad.
Lo anterior se encuentra codificado, en el lenguaje oculto de la Kabbalah, en Beshalaj 15 – 16, durante “el Cántico del Mar” en la estrofa:
שָֽׁמְע֥וּ עַמִּ֖ים יִרְגָּז֑וּן חִ֣יל אָחַ֔ז יֽשְׁבֵ֖י פְּלָֽשֶׁת
אָ֤ז נִבְהֲלוּ֙ אַלּוּפֵ֣י אֱד֔וֹם אֵילֵ֣י מוֹאָ֔ב יֹֽאחֲזֵ֖מוֹ רָ֑עַד נָמֹ֕גוּ כֹּ֖ל יֽשְׁבֵ֥י כְנָֽעַן
תִּפֹּ֨ל עֲלֵיהֶ֤ם אֵימָ֨תָה֙ וָפַ֔חַד בִּגְדֹ֥ל זְרֽוֹעֲךָ֖ יִדְּמ֣וּ כָּאָ֑בֶן עַד־יַֽעֲבֹ֤ר עַמְּךָ֙ יְהֹוָ֔ה עַד־יַֽעֲבֹ֖ר עַם־ז֥וּ קָנִֽיתָ
«Las naciones oyeron y se estremecieron; el terror se apoderó de quienes moran en Filistea.
Entonces los jefes de Edom entraron en pánico; los héroes de Moab fueron presa del temblor; los residentes de Cnáan se desvanecieron.
El temor y el pavor cayó sobre ellos. Por la grandeza de Tu Brazo están inmóviles como piedra. Hasta que Tu pueblo cruzara, oh Di-s, hasta que el pueblo que adquiriste cruzara al otro lado.»
«bígdol zeroajá», que se traduce como «por la grandeza de Tu brazo», una frase que está diciendo en lenguaje kabbalístico; «por la grandeza de Tu Jesed, Tu brazo derecho».
Para profundizar en este misterio y entender cómo opera esta «grandeza» que rescata y transforma, debemos adentrarnos en el misticismo del número 39, el cual actúa como el código secreto de esta operación divina.
La presencia de este número en la narrativa de la apertura del mar es sutil, pero poderosa, ya que la palabra hebrea bigdol («por tu grandeza»), mencionada anteriormente en relación al brazo derecho, tiene una gematría exacta de 39. Lo fascinante es que esta palabra es exclusiva en toda la Torá, solo aparece aquí, en esta Parashá, señalando que este tipo de grandeza —una grandeza que salva a través del amor expansivo— es un evento singular, único y poderoso.
Por otro lado, en kabbalah sabemos que el número 39 es el número de la energía que baja desde lo alto para dar vida, unir y revelar. Se trata de una cifra cargada de significado, ya que el 39 es la unión de los números 26 y 13; el 26 corresponde al nombre inefable de Di-s, YHVH, y el 13 corresponde a la palabra Ejad, que significa «Uno», conformando así la frase fundamental de la fe del pueblo de Israel: «Di-s es Uno».
Esta unión matemática y espiritual nos enseña que la apertura del mar, y las aperturas en nuestras propias vidas, ocurren cuando logramos percibir la unidad absoluta detrás de la aparente dualidad de nuestros problemas. La unión de estas dos palabras es un puente o un canal que une lo oculto y lo revelado. Al analizar el número 39, estamos develando la arquitectura misma de la misericordia divina fluyendo hacia el mundo físico.
Este misticismo del 39 no se limita solo a la naturaleza de Di-s, sino que establece una estructura triangular que conecta al Cielo con la Tierra, creando un flujo ininterrumpido de energía salvadora. Estas aperturas bajan desde lo alto como un puente entre Di-s, Moisés y El pueblo de Israel. La Torá codifica esta interconexión de manera asombrosa en la Parashá Beshalaj, donde estas 3 palabras clave; El [Di-s], Moisés e Israel aparecen 39 veces cada una en esta porción.

Esto nos indica que para que el milagro ocurra, para que el mar se abra, debe haber una alineación perfecta: la voluntad divina (El) que extiende su brazo, el canal o líder justo (Moisés) que también extiende su brazo y el recipiente dispuesto a avanzar (Israel), todos vibrando en la frecuencia del 39, la frecuencia de la unidad y el amor. Cuando estas tres dimensiones se sincronizan bajo la fuerza de «Di-s es Uno», la realidad física no tiene más opción que doblegarse y abrir paso a la libertad.
Hoy en día, este conocimiento no debe quedar solo en la teoría mística, sino que debe ser un llamado vibrante a la reflexión y a la acción en nuestra cotidianidad. Cada vez que nos enfrentamos a un desafío insuperable, debemos recordar que la fuerza disponible para nosotros es la grandeza del brazo derecho del Eterno. Podemos ver en acción esta grandeza cuando, en lugar de reaccionar con ira o miedo ante las adversidades, elegimos conectar con la certeza de que Di-s es Uno en esa situación, buscando el propósito unificador y revelador detrás del caos. Así como Di-s extiende su brazo derecho, invitándonos a cruzar hacia la libertad, nosotros debemos aprender a identificar esas «puertas que se abren donde no las había», reconociendo que esa oportunidad laboral inesperada, ese perdón repentino en una relación familiar o esa paz interior que surge en medio de la tormenta, es una manifestación tangible del poder del Amor con el que el Creador nos salva.
Al final, la lección perdurable de la apertura del mar es que no estamos solos frente a nuestros «faraones» personales. Así como Moshé extendió su brazo sobre el mar, actuando como un canal físico para una voluntad superior, Di-s también lo extiende perpetuamente hacia nosotros, haciendo que cielo y tierra se unan en la fuerza del 39. Nos corresponde a nosotros sintonizarnos con esa frecuencia de amor (Jesed) y unidad (Ejad), permitiendo que la energía que baja desde lo alto para dar vida transforme nuestros callejones sin salida en autopistas hacia nuestra tierra prometida personal, recordándonos siempre que es por la grandeza de Su brazo, por el despliegue de Su bondad y por su amor infinito, que somos sostenidos y liberados cada día.
Jag Pesaj Sameaj
