Tiempo de lectura: 5 minutos - Kabbalah: Básico
Desde una mirada cabalística, el proceso evolutivo de la humanidad es el tránsito de la ilusión de la fragmentación a una realidad de unificación de todo y todos con el Creador.
Sólo cuando alcancemos ese estado de conciencia unificado seremos verdaderamente libres, libres del caos, del miedo y de la falta de emuná (certeza).
El “pueblo de Israel”, que místicamente corresponde a la chispa divina que toda la humanidad tiene en su ADN espiritual, tuvo que transitar por este aprendizaje.
Un pueblo recién liberado por el faraón es como un niño pequeño, donde la madre debe darle toda la supervisión posible, pero al mismo tiempo debe procurar los espacios necesarios para el aprendizaje y su desarrollo.
En la Parashá Beshalaj – Pasuk 4 vemos lo señalado con anterioridad al interpretar místicamente los 2 lugares que se mencionan en él – Sukot y Etam:
| המדבר | בקצה | באתם | ויחנו | מסכת | ויסעו |
| desierto | al borde del | en Etam | y acamparon | desde Sukot | y partieron |
Seis palabras, que representan las seis Zefirot emocionales, donde Di-s nos insta a movernos desde Sukot, lugar que representa la manifestación de la protección divina en la vida del individuo, hasta un lugar llamado Etam.
Etam (אתם) generalmente se traduce como «vosotros» o «ustedes». Místicamente se utiliza este término para referirse a un grupo de personas que están siendo dirigidas, enseñadas o involucradas en un proceso espiritual. Es una forma de reconocer la existencia y el poder colectivo de un grupo y su capacidad para lograr la elevación y la conexión con lo divino. En términos más amplios, אתם se refiere a la capacidad de un individuo para influir positivamente en su entorno y en el mundo en general a través de sus acciones y pensamientos.
Así entonces, moverse de Sukot a Etam se trata de un viaje espiritual simbólico que simboliza la preparación del pueblo de Israel para un proceso de crecimiento, transformación y evolución con el fin de alcanzar la unión con lo divino.
Sin embargo, esta preparación no fue color de rosas como muchos hubieran esperado, al igual que un niño que se cae al aprender a caminar, así también el pueblo de Israel enfrentó desafíos en esta travesía.
Estando entre la espada y la pared, entre el mar y el faraón, el pueblo se dividió. Unos querían luchar, otros rendirse, otros huir por el costado y otros evaluaban la opción de lanzarse al mar. El caos, el miedo y la falta de fe invadió al pueblo elegido y no se veía esperanza alguna en ese momento.
Sin embargo, Moisés, que místicamente representa la parte más elevada de muestra alma, aquella parte del alma que no sabe de fragmentación tomó el mando y convenció al pueblo de Israel a tomar una decisión colectivamente, hacer lo que el Eterno les indicó – adentrarse en el mar.
El simbolismo de esto es crucial, nuestra chispa divina experimentando el caos y la fragmentación, necesitando transformarse, ¿cómo?, entrando al agua. El agua representa el elemento que nos transforma y nos purifica, también representa la Torá como elemento transformador que, aunque hasta ese momento aún no existía físicamente, sabemos que ha estado presente desde la creación misma.
Así entonces, es necesario abrir las aguas (abrir la Torá) y transitar por ella para alcanzar tan anhelado estado de conciencia unificado.
¿El resultado?
Un pueblo que pasó de la división a uno que creyó, al menos por un instante, en que todo es Uno y que la fragmentación no es más que una mera ilusión de Egipto (el mundo de las limitaciones).
Fue a tal punto la unificación que alcanzó el pueblo de Israel que todos juntos, al unísono, sin conocimiento ni ensayos previos, comenzaron a entonar un cántico inédito de agradecimiento al Creador.
La humanidad entera está llamada a esta transformación y también estamos invitados a sumergirnos en las aguas de la Torá, donde la fuerza de la unificación se encuentra impregnada a través de todo su texto. La canción que interpretaron al unísono y que eliminó cualquier residuo de fragmentación, fue encapsulada en 18 Pasukim (en los primeros 18 Pasukim del capítulo 15 del Sefer Shemot), es interesante notar que la fuerza de esta cápsula energética se encuentra esparcida como olas dentro de toda la Torá. Esto lo vemos ya que la palabra con gematría 18 más repetida a través de todo el texto sagrado es la palabra האחד, aparece un total de 64 veces, y significa nada más y nada menos que “El uno”, “El único”, “La unicidad”, “El primero”.
Esta misma palabra se puede ver como ה אחד (Hei Ejad – Unión de la Hei) haciendo alusión a la unificación de la letra Hei de Biná con la letra Hei de Maljut, alcanzando así el estado de Shabat, al unir el cielo con la tierra.
El pueblo de Israel lo experimentó y nosotros, en pleno 2024, estamos también llamados a vivirlo. La verdadera libertad no se alcanzaría sólo por las plagas y la mano firme del Creador, hacía falta evolucionar, atravesar el mar de la transformación interior eliminando todo el caos, el miedo y la ilusión de la fragmentación.
Porque todos somos Uno.
