BREVE REFLEXION (Tiempo de lectura: menos de 6 minutos)
Muchas personas viven con la sensación de tener un volcán dentro de si, al menos en algunos aspectos de la vida. Demasiada energía, demasiadas ideas, demasiada sensibilidad, demasiada intensidad. Ese “demasiado” a veces suele percibirse como un problema. Algo que hay que controlar, bajar, reprimir o disimular para poder encajar. Si no sabemos manejarlo, esta sensación puede traducirse en frustración, en desgaste interno o en la idea silenciosa de que algo en uno está mal. Sin embargo, la Torá propone una lectura completamente distinta, el exceso lo considera una fuerza que, cuando es bien canalizada, está llamada a ampliar la luz en el mundo.
La Parashá Itró es una de las expresiones más claras de esta idea. Si bien esta es la Parashá donde se entrega la Torá en el monte Sinaí, lleva el nombre de un personaje que no pertenece originalmente al pueblo de Israel, un extranjero, un sacerdote de Midián. Este dato, que podría parecer anecdótico, es en realidad profundamente intencional. La Torá no se entregó en una Parashá llamada Moshé, ni Aharón, ni Israel. Se entregó en una Parashá llamada Itró. Esto nos obliga a detenernos y a preguntarnos.
¿Quién es Itró realmente?
Su propio nombre revela su esencia. Itró proviene de la raíz yéter, exceso, añadido, aquello que sobra. Pero según la kabbalah, lo que sobra no necesariamente es inútil. Sólo es energía que todavía no ha encontrado forma. Dicho en otras palabras, el exceso no es un defecto, sino que es una fuerza no integrada. Cuando el yéter no encuentra recipiente, se derrama. Se desperdicia. Se convierte en ruido, en tensión, en ruptura. Pero cuando el yéter encuentra una vasija adecuada, amplía el sistema haciendo que todo su exceso sea para un propósito superior, que todo sea para el Creador.
Interesante es notar que la gematría del nombre Itró (יתרו), que es 616, refleja exactamente lo dicho antes:
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Itró |
|||||||||
ו |
ר |
ת |
י |
||||||
| 6 | 200 | 400 | 10 | 616 | = | 11 | x |
56 |
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Donde 11 corresponde al exceso, a aquello que está sobre el 10 y el número 56 corresponde a la gematría de las palabras “y todo” (וכל) “para el Creador” (ליהוה).
Por lo tanto, interpretando su nombre a partir de los números, tenemos que Itró es el arquetipo de esa fuerza en exceso (el 11) con el potencial de redimir y volcar todo para el Creador (וכל ליהוה).
Es por eso que la Torá define a Itró como un kohén, un sacerdote. La tradición subraya este rol de sacerdocio con una precisión llamativa, que va más allá de la propia palabra, extendiéndose nuevamente a los propios números que la conforman. En el primer versículo de esta porción aparece la palabra Kohen, cuyo valor gemátrico es 75, versículo que coincidentemente tiene 75 letras, dentro de una Parashá que tiene un total de 75 versículos. Pareciera que la Torá está marcando, desde la arquitectura misma del texto, que la identidad sacerdotal de Itró no es simbólica ni decorativa, sino estructural y de relevancia dentro de toda esta porción.
Profundizando aún más en los números, podemos notar que el milui del nombre de Itró tiene gematría 939:
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Itró |
||||
ו |
ר |
ת |
י |
|
|
6 |
200 | 400 | 10 | |
וו |
רש |
תאו |
יוד |
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| 12 | 500 | 407 | 20 |
939 |
Este número corresponde a la gematría de la frase “cuando ofrezcan”.
Así mismo la parte “sod” del milui tiene gematría 323
| milui sod |
ו |
ש |
או |
וד |
|
| gematría |
6 |
300 | 7 | 10 |
323 |
Valor que corresponde a las gematrías de las palabras “degollar” y “acercar”, todas palabras que son utilizadas en los eventos de los sacrificios.
Estos valores y palabras anteriores sitúan el nombre de Itró en el registro del sacrificio, del acercamiento, de la transformación.
Todo esto apunta en una misma dirección:
Itró encarna una vasija espiritual intensa, capaz de transformarse y volcarse por completa al Creador a través del servicio con propósito.
Y es que, desde un enfoque energético, un sacerdote no es alguien que “produce” energía, sino alguien que es una vasija poderosa, preparada para canalizarla. El kohén es un regulador del flujo energético, trabaja con fuerzas potentes, pero no para liberarlas sin control, sino para dirigirlas, ordenarlas y permitir que se expresen y sirvan para los propósitos divinos.
A partir de estas características, podemos entender por qué Itró era sacerdote de Midián. Midián, en la tradición mística, está asociado al juicio, a la fragmentación y al conflicto. Lo anterior lo sabemos ya que la raíz de la palabra Midián contiene la palabra “din” juicio (דין). No sólo eso, Midián comparte gematría con la palabra Sodoma (104), el epicentro del juicio severo y descontrolado, tan descontrolado que Di-s mismo la hizo desaparecer.
Entendemos ahora por que tenía que ser precisamente en Midián donde Itró ejerciera su función sacerdotal, haciendo que la energía de exceso se hiciera redimible.
Pero esto también lo vemos aplicado en la Parashá, a las afueras de Midián, en el propio pueblo de Israel. Moshé está desbordado, juzga solo, escucha a todos, sostiene todo. La energía espiritual es enorme, pero la estructura aún es pequeña y está desbordada. Entones llega Itró y le dice a Moisés que cambie la forma. Que amplíe la vasija. Que distribuya, que organice, que cree niveles. De esa forma no se reduce la luz, sino que se amplía el recipiente. Y como resultado, el pueblo puede sostener la revelación del Sinaí.
Este es el punto central. La Torá no teme al exceso. Lo que la Torá rechaza es el caos. Y el caos no proviene de demasiada energía, sino de estructuras insuficientes. Por eso, antes de la entrega de la Torá, aparece Itró. Antes de la máxima revelación, se produce una ampliación de las vasijas. La luz no cambia. Cambia la capacidad de recibirla.
Este principio no pertenece solo al plano espiritual abstracto. Es profundamente práctico y cotidiano. Cada persona carga con zonas de exceso. Personas con muchas ideas que se sienten atrapadas en marcos rígidos. Personas con una sensibilidad intensa que se abruman en entornos poco empáticos. Personas con una mirada crítica muy aguda que terminan siendo vistas como conflictivas. En todos estos casos, el problema no es la energía. El problema es el recipiente.
El error más común en la vida adulta es creer que la solución está en bajar la intensidad. En moderarse. En hacerse más pequeño. “Soy demasiado”, “tengo que calmarme”, “debería conformarme”. Esa lógica no rectifica el exceso, sino que lo reprime. Y la energía reprimida no desaparece, se filtra en forma de irritación, de cinismo, de desgaste interno o de conflictos relacionales.
La alternativa que propone Itró es distinta. Su propuesta radica en cambiar el marco en el que te mueves. Cuando una persona con muchas ideas pasa de ejecutar tareas a diseñar procesos, su exceso se vuelve visión. Cuando alguien con mucha sensibilidad encuentra un rol de acompañamiento, cuidado o enseñanza, su exceso se vuelve sostén. Cuando una persona muy crítica asume una función de evaluación, auditoría o mejora continua, su exceso se vuelve precisión y calidad. En todos estos casos la energía no se redujo, sino que se organizó diferente, con un propósito más grande, más elevado.
Una señal clara de que el exceso está siendo rectificado es el cambio en el efecto que produce. Antes generaba tensión, pero ahora genera capacidad. Antes desgastaba a los demás, ahora los sostiene. Es la misma persona, la misma fuerza, pero una vasija más grande, con la fuerza transformada en propósito más elevado.
Itró encarna este mensaje de forma completa. Es extranjero, es externo, es exceso. Y sin embargo, no es eliminado ni neutralizado. Es integrado. Su nombre queda grabado en la Torá. Su aporte no es borrado. Es elevado. La Torá nos enseña que incluso aquello que parecía sobrante, aquello que venía de afuera, aquello que no encajaba en el sistema original, puede convertirse en condición para la revelación más alta.
En un mundo que constantemente invita a achicarse para encajar, Itró nos recuerda otra posibilidad. Cuando algo en ti parece demasiado, no preguntes primero cómo reducirlo, pregunta cómo darle forma, cómo ampliar la vasija, cómo organizar la energía para que ilumine en lugar de derramarse. Ese es el movimiento sacerdotal, ese es el Sod de Itró y ese es un mensaje que no solo explica una Parashá, sino que ofrece una brújula para la vida de cada uno de nosotros.
Shabbat Shalom.
