BREVE REFLEXION (Tiempo de lectura: menos de 3 minutos)
El relato de Noaj es la revelación de la fuerza del amor, la luz del Creador, que busca restaurarse. El agua cubrió la tierra porque el amor se había desbordado, había perdido su equilibrio porque el veneno de la serpiente se había esparcido a través de las 10 generaciones, desde Adán hasta Noaj, provocando que el caos reinara producto del deseo descontrolado, haciendo que el alma primordial se fragmentara y el principio de lo masculino con lo femenino se dejaran de ver.
En el caos de aquellas aguas, el Creador encontró gracia en Noaj, y a través de él preparó un nuevo comienzo, una oportunidad para que el amor reencontrara su cauce y todo fuera renovado.
La Teivá, el Arca, fue un útero de luz en medio de esa oscuridad. En el arca se debía rectificar la conexión entre lo masculino y lo femenino, por eso, para los kabbalistas la petición de Di-s de que entraran al arca cada especie en pareja no es una casualidad.
Cada pareja de seres —macho y hembra, masculino y femenino— representaban el principio del reencuentro entre Zeir Anpín (masculino) y Maljut (femenino), las fuerzas cósmicas que sostienen la creación.
No solo eso, la Torá menciona parejas en tres tipos de grupos, animales voladores, terrestres y rastreros. Dice así la Tora:
מֵֽהָע֣וֹף לְמִינֵ֗הוּ וּמִן־הַבְּהֵמָה֙ לְמִינָ֔הּ מִכֹּ֛ל רֶ֥מֶשׂ הָֽאֲדָמָ֖ה לְמִינֵ֑הוּ שְׁנַ֧יִם מִכֹּ֛ל יָבֹ֥אוּ אֵלֶ֖יךָ לְהַֽחֲיֽוֹת
De cada especie individual de ave, de cada especie individual de ganado y de cada especie individual de animales de suelo, trae para ti dos de cada clase para que vivan.
(Noaj 6:20)
¿Por qué esta agrupación?
Porque la corrección debía ocurrir en los 3 niveles del alma; la Neshamá representada por las aves, los animales terrestres representando al Ruaj y los rastreros que representan al Nefesh.
El Zohar lo confirma, Zeir Anpín es el flujo del amor que da, y Maljut es la vasija que lo recibe para multiplicarlo. Cuando ambos se separan, el universo se desordena; pero cuando se miran y se reconocen, todo florece. Así ocurre también dentro de cada uno de nosotros: cuando el pensamiento (Neshamá) , el sentimiento (Ruaj) y la acción (Nefesh) logran unirse, el alma encuentra paz y el amor se vuelve creador.
Es por eso que el arcoíris, signo del pacto divino, fue la señal de que el amor había sido restaurado. Sus colores son los matices del amor en equilibrio entre Zeir Anpin y Maljut: la bondad de Jesed, la fortaleza de Guevurá, la armonía de Tiferet. Cada uno de ellos brilla y se asienta en la tierra, en Maljut, cuando aprendemos a amar con conciencia: a dar sin dominar, a recibir sin perder nuestra esencia.
En nuestra vida cotidiana, el Arca se manifiesta cada vez que transformamos el conflicto en comprensión, la distancia en encuentro, el dolor en ternura. La restauración del amor no es una idea lejana, sino una práctica diaria: escuchar, perdonar, sostener, abrazar. Cada acto de amor verdadero reconstruye el mundo, une el cielo con la tierra y vuelve a encender la chispa divina dentro de nosotros.
Que esta semana podamos reconocer el Arca interior que nos protege y nos enseña a amar desde un lugar más puro. Que Zeir Anpín y Maljut vuelvan a encontrarse en nuestras palabras, en nuestros gestos y en nuestros corazones. Porque solo cuando el amor se restaura, el universo respira de nuevo.
Shabbat Shalom.
