RESUMEN DE LA PARASHA KI TISA: (Tiempo de lectura: menos de 1 minuto)
BREVE REFLEXION: (Tiempo de lectura: menos de 2 minutos)
ANALISIS KABBALISTICO: (Tiempo de lectura: menos de 5 minutos)
RESUMEN DE LA PARASHA KI TISÁ
La Parashá Ki Tisá contiene varios eventos importantes comenzando por la instrucción que le dio el Eterno a Moisés para realizar un censo, donde cada hombre mayor de 20 años debió contribuir con medio shekel para ser contados. Por otro lado, mientras Moisés estaba en el Monte Sinaí recibiendo las Tablas de la Ley, el pueblo de Israel crea un becerro de oro y comienza a adorarlo, lo que provoca la ira de Di-s y posteriormente de Moisés, quien rompe las Tablas al ver el pecado que habían realizado. Luego, sube de nuevo para recibir un segundo juego de tablas, que él mismo escribe bajo la supervisión divina. En la montaña, Moisés es agraciado con la visión de los Trece Atributos de Misericordia Divinos. Tan radiante es el rostro de Moisés a su regreso del monte, que debe cubrírselo con un velo, que se retira sólo cuando habla con Di-s y para enseñarle la ley al pueblo.
La Parashá destaca temas de desconexión espiritual, arrepentimiento, perdón y la relación entre Di-s y Su pueblo
BREVE REFLEXION
Dando continuidad a la publicación de la semana pasada, donde las vestiduras fueron el centro de la reflexión, esta semana la Parashá Ki Tisá nos invita a expandir esta idea de vencer a la mentira que nos propone el ego y que nos hace vestirnos con prendas emocionales pesadas y agobiante, pero esta vez a través del evento que ocurrió con el Becerro de oro.
Este relato es un recordatorio de lo fácil que podemos desviarnos de nuestro verdadero propósito y valores cuando cedemos a las presiones externas, a las expectativas de la sociedad o al encandilarnos con lo que otros han logrado.
En la actualidad, la construcción de ídolos y la creación de máscaras personales son fenómenos que reflejan la naturaleza humana y nuestras aspiraciones, temores y deseos. Hoy los ídolos no son necesariamente estatuas de metal fundido, como lo fue hace casi 3.500 años atrás, sino que toman formas más abstractas y diversas.
En lugar de adoraciones físicas, a menudo nos encontramos venerando conceptos como el éxito, la belleza, el poder y la fama, todas cosas que brillan como el oro. Creamos ídolos de personas influyentes, celebridades y figuras públicas, elevándolas a un estatus casi divino cuando detrás del brillo de esas máscaras se ocultan personas con sus propias correcciones por hacer. No sólo eso, al encandilarnos con sus caretas buscamos emular sus actitudes, logros y apariencia, y en el proceso, nos transformamos en ídolos de nosotros mismos, perdiendo de vista nuestra propia identidad y valores que realmente son valiosos, más que el mismo oro.
Un ejemplo de lo mencionado anteriormente son las redes sociales, nos sentimos presionados a presentar versiones cuidadosamente refinadas de nosotros mismos, mostrando solo los aspectos más positivos y atractivos de nuestras vidas, que estén al nivel de los demás ídolos a los que veneramos. Estas máscaras digitales pueden ocultar nuestras inseguridades, temores y fracasos, creando una imagen distorsionada pero deslumbrante, un nuevo becerro, de quiénes somos realmente.
Vemos entonces que existe una estrecha relación entre un ídolo y las máscaras que cotidianamente utilizamos en nuestra vida. Sin embargo, el poder que nos otorga el transformarnos en nuestros propios sumos sacerdotes (ver reflexión de la semana pasada) más la decisión de elevarnos por sobre el engaño del ego y decidir romper con todas estas máscaras, nos llevará a la iluminación interior, haciendo destellar nuestro árbol de la vida, alcanzando equilibrio emocional y un estado elevado del espíritu conocido como shalom.
FUNDAMENTO KABBALKSTA
Tal como mencioné anteriormente, la historia del becerro de oro nos ofrece una poderosa lección sobre la naturaleza humana y nuestra tendencia a buscar ídolos tangibles en momentos de incertidumbre, desesperación, inseguridad y miedo, entre tantos otros. Esta tendencia está codificada en la Torá en la construcción del Becerro de fundición. Dice la Torá en Ki Tisá 32-4:
וַיִּקַּ֣ח מִיָּדָ֗ם וַיָּ֤צַר אֹתוֹ֙ בַּחֶ֔רֶט וַיַּֽעֲשֵׂ֖הוּ עֵ֣גֶל מַסֵּכָ֑ה וַיֹּ֣אמְר֔וּ אֵ֤לֶּה אֱלֹהֶ֨יךָ֙ יִשְׂרָאֵ֔ל אֲשֶׁ֥ר הֶֽעֱל֖וּךָ מֵאֶ֥רֶץ מִצְרָֽיִם
«Él tomó [los anillos] del pueblo, e hizo que alguien formara [el oro] en un molde, forjando un becerro. [Algunos del pueblo empezaron a] decir: ‘Éste, Israel, es tu dios, que te sacó de Egipto’.”
En este versículo aparece por primera vez en la Torá la palabra “becerro”, sin embargo, la palabra “oro” no aparece, como muchas traducciones al español nos hacen creer (más adelante sí aparece), en vez de decir “becerro de oro” se especifica claramente que es un becerro de fundición (עֵ֣גֶל מַסֵּכָ֑ה).
Es importante hacer notar esto ya que la palabra “masseká” (מַסֵּכָ֑ה), que en este versículo se traduce como “fundición”, también se utiliza en el hebreo para decir “máscara” (masjá), ya que la raíz de esta palabra es ס.כ.כ (samej, kaf, kaf) tiene connotaciones de cubrir u ocultar. En el contexto de la palabra מַסֵּכָ֑ה, se refiere a una máscara o un ídolo, algo que cubre u oculta la verdadera esencia de algo. Esto nos invita a reflexionar sobre cómo estos ídolos de fundición se manifiestan en nuestras vidas modernas a través de las máscaras que construimos para ocultar nuestra verdadera escancia al emular a aquellos que veneramos por su belleza, éxito, poder o fama.
Estos ídolos modernos no son estatuas físicas, sino construcciones psicológicas y emocionales que erigimos en nuestro corazón, a nivel de Zeir Anpin, donde está Israel y donde, tal como vimos en la reflexión de la semana pasada, también se oculta Eva. Esto lo volvemos a verificar ya que la palabra Israel se encuentra 19 veces en esta Parashá, que es la gematría del nombre Eva (חַוָּה).
Como hijos del pueblo de Israel debemos buscar trascender las limitaciones de nuestras emociones a través de la elevación de nuestra conciencia, y la porción de esta semana nos da algunas claves para lograrlo.
En la Parashá Ki Tisá, se introduce el concepto del censo a través del medio shekel. Este censo no solo contaba a los individuos, sino que, cada uno de los medios shekel representaba un compromiso personal y una declaración de pertenencia al pueblo de Israel y su conexión con el Creador. La expresión «cuenta conmigo», como lo insinúa un censo espiritual, resuena profundamente en este contexto, ya que implica una responsabilidad y una participación activa en el propósito divino, elevando nuestra alma y expandiendo nuestra conciencia. De hecho, la traducción “literal” de Ki Tisá “כי תשא” es “cuando eleves” y no “cuando hagas un censo”, como se suele traducir al español. Aprendemos aquí que al elevar nuestras almas también eliminamos al ego que nos quiere engañar y convencer de construir ídolos.
Finalmente, el evento de Moisés descendiendo con el rostro resplandeciente (קרן, keren) también es un elemento que nos refuerza la idea de que, al elevarnos por sobre nuestras emociones (Zeir Anpin), podemos corregir las desconexiones hasta los orígenes de la creación. Esto lo aprendemos ya que La palabra «קרן» (keren) tiene una guematría de 1000, lo que nos lleva a una conexión cabalística significativa puesto que «קרן» (keren) comparte la misma gematría que la palabra «ששת» (seis), haciendo referencia nuevamente a las seis zefirot de Zeir Anpin (Jesed, Guevurá, Tiféret, Netzaj, Hod y Yesod).
Zeir Anpin, también conocido como el «Rostro Menor», es una manifestación del árbol de la vida que se relaciona con nuestras emociones y nuestra experiencia cotidiana del mundo, por lo tanto, este rostro metafísico de seis zefirot puede ser iluminado igual a como fue iluminado el rostro de Moisés en el monte Sinaí.
En definitiva, cuando elevamos nuestra conciencia y nos conectamos con el Creador, estamos esencialmente iluminando estas seis zefirot permitiéndonos:
- Purificar nuestras Emociones: Llevándolas desde estados de desequilibrio hacia la armonía. Asi nos volvemos capaces de experimentar, desde nuestra forma única y personal, el amor (Jesed), fuerza (Guevurá), belleza (Tiféret), perseverancia (Netzaj), humildad (Hod) y fundamento (Yesod).
- Obtener Sabiduría y Entendimiento: Al igual que Moisés recibió claridad y sabiduría divina, nosotros también podemos acceder a niveles más altos de entendimiento al conectarnos con el Creador. Esta sabiduría nos empodera y nos devuelve la confianza en nuestro poder interior, permitiendo que nuestras emociones se alineen con nuestro propósito espiritual.
- Transformación y Resplandor Interno: La iluminación de Moisés es un símbolo de la transformación que ocurre en nuestro ser emocional cuando nos elevamos espiritualmente y nos reconocemos como seres únicos e irrepetibles. Este resplandor interno se manifiesta en una mayor paz, equilibrio y sentido de propósito en nuestras vidas.
Una última conexión que me gustaría compartir tiene que ver con la celebración de Purim, que coincide con la Parashá de esta semana.
Es sabido que hasta en nuestros días el pueblo judío celebra Purim poniéndose máscaras, pero, si recién dijimos que ponernos máscaras nos alejan de nuestro verdadero yo, entonces ¿Por qué usarlas en Purim?
En el libro de Esther se narra la historia de cómo ella y su primo Mardoqueo (Mordejai) salvaron al pueblo judío de un decreto de exterminio por parte del imperio persa. Esther, una joven judía, oculta su identidad para convertirse en reina de Persia. Cuando el malvado Amán, primer ministro del rey, conspira para destruir por completo a los judíos, Mardoqueo le pide a Esther que por favor intervenga. Ella, valientemente, revela su identidad al rey Asuero y aboga por su pueblo, haciendo que Amán sea castigado y el pueblo de Israel asegurara su supervivencia.
Este acto de ocultar su identidad y luego revelarla para un propósito superior es la parte central de la narrativa y resalta la valentía e ingenio de Esther como una verdadera heroína y guerrera espiritual, de ahí la razón de utilizar las máscaras para celebrar esta festividad.
De esto aprendemos que, si bien a veces podemos utilizar máscaras para ocultarnos de nosotros mismos y mostrar al mundo alguien que realmente no somos, sólo cuando optamos valientemente por revelar nuestra verdadera identidad, es cuando comienzan a ocurrir los grandes milagros en nuestras vidas.
Shabat Shalom
