Tiempo de lectura: 6 minutos – Kabbalah: Básico
Aunque las historias de la Parashá de esta semana parecieran totalmente desconectadas respecto a los eventos relatados en la Parashá anterior, la verdad es que es totalmente lo contrario, existe una profunda conexión y enseñanzas que podemos obtener entre ambas porciones.
Como ayuda de memoria, concluíamos la semana pasada acerca de la importancia de reconocernos como chispas divinas y como tal, debíamos también reconocernos como gigantes espirituales y merecedores del universo entero. Esta conclusión se obtuvo a partir del error que cometió el grupo de príncipes que fueron a explorar la Tierra Prometida y que volvieron con la noticia de que ellos eran como insectos (saltamontes) al lado de los que habitaban las tierras (Ver reflexión de la semana anterior).
Esta semana, en la Parashá llamada Koraj, los eventos cambian. En un muy breve resumen podemos leer que Koraj, el primo hermano de Moisés, cree en su grandeza espiritual, se siente merecedor de la kehuná (sacerdocio) y por tal motivo planea una rebelión contra Moisés y Aharón. Reúne a 250 líderes y acusa a Moisés de ejercer el liderazgo para acumular poder. Moisés pide traer recipientes a todos los involucrados para que ofrezcan incienso al día siguiente, con el fin de que el Eterno escoja al merecedor del sacerdocio. Sin embargo, Di-s muestra su cólera, la tierra se abre y traga a los rebeldes. Aharón, como Sumo Sacerdote, demuestra su designación divina cuando su vara, a diferencia de las demás varas de las tribus, milagrosamente florece con almendras.
Si nos fijamos atentamente, Koraj hizo justamente aquello a lo que nos instaba la Torá durante la semana pasada, pensar en grande, sentirse merecedor del mundo, en particular de lo más sagrado, ser el Sumo Sacerdote. Sin embargo, se lo terminó tragando la tierra, no sólo a él, sino que a toda su familia y a las 250 personas que lo siguieron.
¿Qué salió mal?
Para dar respuesta a esto me basaré en una elegante explicación, a mi juicio, de uno de los más grandes sabios modernos del pueblo de Israel, que sin haber sido un Kabbalista gozó de una sabiduría y claridad destacada en materias de espiritualidad y Torá. Me refiero al Rav Jonathan Sacks. Jonathan Sacks, fue un rabino, filósofo y pensador judío que se desempeñó como Rabino jefe del Reino Unido y la Mancomunidad de Naciones entre los años 1991 y 2013. En el año 2005 fue nombrado ‘Caballero’ por Su Majestad la Reina y se convirtió en un ‘Compañero vitalicio’, ocupando un asiento en la Cámara de los Lores en octubre de 2009.
Rav J. Sacks enseñó que Koraj cometió un error de enfoque, si bien su intención original pudo estar basada en el deseo legítimo de merecer lo más alto para influenciar positivamente al mundo, a partir del Sumo Sacerdocio, esta intención fue lentamente cubierta por cortinas de oscuridad y se transformó en un deseo egoísta de poder.
Influencia y poder a veces suelen confundirse dada la relación que ambas tienen entre sí, aquellos que tienen poder a menudo tienen influencia, y quienes tienen influencia a menudo cuentan con cierta clase de poder. Sin embargo, bajo los lentes de la espiritualidad, ambas cosas pueden ser incluso opuestas.
Este es el ejemplo con que el Rav elegantemente explica la diferencia entre ambas:
“Imagina que tienes poder absoluto y decides delegarlo a otras nueve personas, Ahora tienes una décima parte del poder que tenías en un primer momento. En contraste, imagina que tienes cierta medida de influencia, y ahora lo compartes con otras nueve personas. ¿Cuánto te ha quedado? Todo, no perdiste nada. De hecho, tienes más. Inicialmente eras sólo uno, ahora son diez. Tu influencia se ha dispersado. El poder opera a través de la división, la influencia por la multiplicación. Con poder, mientras más compartes, menos tienes. Con la influencia, mientras más lo compartes, más tienes.”
Esta explicación es clave para entender el error de Koraj. El deseo de sentirnos merecedores del mundo debe estar siempre subyugado a la conciencia luminosa de influenciar y no por el deseo de ganar poder o una posición frente a los demás.
Ciertamente somos seres poderosos y llenos de luz, reconocernos como tal es parte de la misión del guerrero espiritual, sin embargo, nuestra conciencia debe ser siempre la de compartir la luz y no corromperla a través de la división.
Así lo hizo notar también J. Sacks en una nueva explicación, esta vez en términos más espirituales, respecto a la diferencia entre influencia y poder:
“La influencia es como encender una vela con otra. Cuando encendemos una vela con otra vela, la luz de la primera no disminuye. Así también, cuando compartimos nuestra influencia con otros, no tenemos menos que antes. En cambio, la suma total de luz se ve incrementada. El poder, sin embargo, es diferente. Es como verter de un recipiente a otro. Mientras más vertimos en el segundo recipiente, menos queda en el primero. El poder es un juego de suma cero. Mientras más damos, menos tenemos.”
Bajo el prisma de la Kabbalah la explicación es igualmente consistente, Koraj tenía un gran poder oculto en su nombre, que era el del “perfumista” (si se cambian de orden las letras del nombre Koraj “קרח” se obtiene la palabra Perfumista “רקח”) y cuando Moisés le dijo que Di-s pedía traer recipientes para ofrecer incienso y escoger al merecedor del sacerdocio, entonces Koraj se vio en ventaja y no dudo en usar su habilidad (su poder) para lograr la posición que deseaba, pero confundió las cosas y a partir de su desconexión, todos fueron tragados por la tierra.
Místicamente la “tierra” representa los deseos egoístas y por lo tanto Koraj fue tragado por sus propios intereses personales. El ego hizo su trabajo a la perfección y logró que el deseo original de Koraj, basado en alcanzar el liderazgo con el fin de influenciar, se transformara en un deseo egoísta por el poder.
Los 250 hombres que acompañaron a Koraj representan las influencias del ego sobre los cuales son construidos los espejismos del desierto. Esto lo aprendemos ya que 250 es la gematría de las palabras “cortinas” (קלעים) y lámpara (נר), entonces, re parafraseando tenemos que los 250 hombres que fueron a la rebelión con Korak representaron las cortinas que ocultaron la luz proveniente de la lámpara (alma) de Koraj.
Haciendo una analogía con la explicación anterior del Rav podemos decir que; al ocultarse la luz de su lámpara (su alma), se impidió que su deseo funcionara como una vela y que su luz encendiera otras lámparas. Por el contrario, su deseo egoísta se expresó en los 250 recipientes dispuestos para el incienso, que terminaron siendo los velos que ocultaron la luz de su alma.
En contraposición, Moisés y Aharón también gozaban de poder e influencia, sin embargo, dado su nivel espiritual, ellos nunca confundieron las cosas. Relata la Torá que cada vez que fueron inculpados por los amotinados ellos postraban sus rostros sobre la tierra para orar, es decir ellos tomaban control de la tierra, los deseos egoístas, para elevar esas chispas caídas.
Desde la perspectiva del árbol de la vida, Moisés y Aharón tenían el total control del mundo emocional y no cayeron en la trampa del ego, ese es el secreto del milagro del florecimiento de la vara de Aharón. La vara o báculo representa al mundo de Zeir Anpin ya que la forma de un báculo es justamente la misma que la forma de una letra Vav, la cual tiene un valor gemátrico de 6, en representación de las seis Zefirot emocionales Jesed, Gevurá, Tiferet, Netzaj, Hod y Yesod.
La vara de Aharón, a diferencia de las otras 11 varas de las demás tribus, floreció y dio frutos, que bajo nuestro marco representa las bendiciones que obtenemos a partir del control sobre nuestras emociones y nuestro corazón.
En conclusión, la Parashá de esta semana nos muestra como el guerrero espiritual debe aprender que la humildad es un delicado equilibrio entre reconocer nuestras habilidades y estar dispuestos a aprender de los demás. Cuando nos sentimos importantes, debemos recordar que también somos parte de algo más grande y que, aunque Di-s pone al mundo entero a nuestra disposición, nuestros objetivos nunca se deben alimentar por el deseo de poder, sino que, por el contrario, influenciar al mundo con luz nos hará grandes, sabios y permitirá encender la luz de los demás, haciendo que florezcan y den frutos todas las bendiciones en nuestra vida.
Shabbat Shalom
