Tiempo de lectura: 7 minutos – Kabbalah: Avanzado.
El árbol de la vida es una estructura arquetípica que refleja como la luz de los mundos superiores se va moldeando según los diferentes atributos y características de los recipientes o contenedores de luz, a los que llamamos zefirot. Transitar la luz a través de estas vasijas tiene como objetivo revelar a Di-s de manera que esta vaya transformándose y adaptándose a características específicas y únicas. Este proceso permite que la energía divina se integre en todos los aspectos de la creación, desde lo más espiritual hasta lo más denso que es la propia materia.
El establecimiento de esta estructura ha sido codificado en el libro de Bereshit (Génesis) a través de las historias de estos personajes bíblicos que llamamos patriarcas. Se trata de un diseño de ingeniería metafísica perfecto para que la creación completa, en sus diferentes niveles, pueda realizar su proceso de corrección.
Así como todo diseño de ingeniería debe ser probado, así también la construcción y diseño del árbol de la vida tuvo su aparente puesta en marcha, para corroborar que está todo listo para que el mundo comience su proceso de corrección.
Pero antes de continuar, un resumen de la Parashá de esta semana. La Parashá Vaigash narra el emotivo reencuentro entre Joseph y sus hermanos en Egipto. Yehudá se acerca a Joseph para suplicar por la liberación de Benjamín, ofreciendo su propia vida a cambio. Conmovido por la valentía y el arrepentimiento de él y sus hermanos, Joseph revela su verdadera identidad. Los hermanos se reconcilian y Joseph invita a toda su familia a vivir en Egipto. El faraón les otorga la región de Goshen para vivir, donde prosperan.
Yehuda está en relación con Maljut y es el que, metafóricamente, hace la puesta en marcha o puesta a punto de este sistema celestial de cañerías que bajan la luz desde lo alto.
¿En qué consistió la prueba?
En transmutar el deseo egoísta en un deseo de recibir para compartir y, a partir de ese acto, hacer descender la luz de los mundos superiores a Maljut.
¿Cómo se logró?
Hay que recordar que Yehuda y sus hermanos sentían envidia de Joseph por varias razones. Primero, Joseph era el hijo favorito de su padre, Jacob, lo que generaba resentimiento entre los hermanos. Jacob le había regalado a Joseph una túnica de colores, símbolo de su favoritismo. Además, Joseph compartía sueños en los que él se veía gobernando sobre sus hermanos, lo que aumentaba su enojo y envidia. Todos estos factores combinados llevaron a Yehuda y a sus hermanos a actuar en contra de él, vendiéndolo como esclavo a Egipto.
Toda esta historia de disputas y envidias esconde detrás la fuerza del egoísmo que reina en Maljut, en este caso en Yehuda. Ahora bien, para verificar que el sistema funciona se debe pasar por el proceso de transformación o transmutación de esta fuerza del egoísmo. Yehuda lo logra a través de una de las herramientas más poderosas de la espiritualidad, la Teshuvá, que se traduce como “retorno” pero que las religiones han llamado arrepentimiento.
Yehuda “retornó” al punto de su vida, hace años atrás, donde ocurrió el único acto de oscuridad del que fue sujeto, y entendió que todo el caos que él y sus hermanos estaban viviendo en la actualidad sólo pudo ser provocado por aquel vil acto egoísta. Este entendimiento lo impulsó a hablar con su supuesto verdugo (Yoseph) y reconocer desde el corazón y públicamente su error, a tal punto que le suplicó que dejara en libertad a Benjamín a cambio de que él quedara en prisión.
Ese acto, que comúnmente llamaríamos arrepentimiento, es la acción espiritual que da el nombre a esta parashá, Vaigash, que se traduce como “y se acercó”.
¿Hacia dónde se acercó?
Yehuda se acercó a Joseph tal como dice el primer versículo:
וַיִּגַּ֨שׁ אֵלָ֜יו יְהוּדָ֗ה וַיֹּ֘אמֶר֘ בִּ֣י אֲדֹנִי֒ יְדַבֶּר־נָ֨א עַבְדְּךָ֤ דָבָר֙ בְּאָזְנֵ֣י אֲדֹנִ֔י וְאַל־יִ֥חַר אַפְּךָ֖ בְּעַבְדֶּ֑ךָ כִּ֥י כָמ֖וֹךָ כְּפַרְעֹֽה
Yehuda se acercó a [Joseph] y dijo: “Por favor, su alteza, permíteme decirte algo personalmente. No te enfades conmigo, a pesar de que eres exactamente como el faraón.
En relación con el árbol de la vida esto se traduce a nosotros (Maljut) acercándonos a Yesod.

Como consecuencia de esta acción de acercamiento, que no es más que una transformación de conciencia, desde una conciencia egoísta a una conciencia de retornar al punto donde caímos para, a partir de ahí, rescatar las chispas de luz perdidas, es que se abren las puertas del cielo para hacer bajar toda la luz proveniente de los mundos superiores.
Esta precipitación de luz está codificada en la Torá cuando dice que Joseph no pudo contener sus emociones y lloró intensamente. Dicen los versículos 1 y 2 del capítulo 45:
וְלֹֽא־יָכֹ֨ל יוֹסֵ֜ף לְהִתְאַפֵּ֗ק לְכֹ֤ל הַנִּצָּבִים֙ עָלָ֔יו וַיִּקְרָ֕א הוֹצִ֥יאוּ כָל־אִ֖ישׁ מֵֽעָלָ֑י וְלֹא־עָ֤מַד אִישׁ֙ אִתּ֔וֹ בְּהִתְוַדַּ֥ע יוֹסֵ֖ף אֶל־אֶחָֽיו
וַיִּתֵּ֥ן אֶת־קֹל֖וֹ בִּבְכִ֑י וַיִּשְׁמְע֣וּ מִצְרַ֔יִם וַיִּשְׁמַ֖ע בֵּ֥ית פַּרְעֹֽה
Joseph no pudo contener sus emociones. Puesto que todos sus asistentes estaban presentes, clamó: “¡Hagan que todos salgan de mi presencia!”. De este modo, nadie más estaba con él cuando Joseph se reveló a sus hermanos.
Comenzó a llorar con sollozos tan altos que los egipcios pudieron oírlo. Las noticias [de estos acontecimientos] llegaron al palacio del faraón.
La puesta en marcha funcionó a la perfección, lo que inició con Noé en la misma zefirá de Yesod, ahora ha madurado gracias a los intelectos de cada una de las zefirot anteriores lo que permitió hacer descender la luz en un complejo sistema de vasijas contenedoras de luz que nos permiten manifestar nuestra realidad en base a la conciencia desplegada.
Ahora llegó el momento de ejecutar el último paso del plan maestro, que Israel descienda a Egipto. Israel es el nombre con que el ángel de la muerte bendijo a Jacob y fue el mismo ángel que se le reveló con el nombre “A ellos llevaré a Egipto” (Ver reflexiones pasadas), y ciertamente no dudó en cumplir su promesa. Dice el versículo 5 del Capítulo 46:
וַיָּ֥קָם יַֽעֲקֹ֖ב מִבְּאֵ֣ר שָׁ֑בַע וַיִּשְׂא֨וּ בְנֵֽי־יִשְׂרָאֵ֜ל אֶת־יַֽעֲקֹ֣ב אֲבִיהֶ֗ם וְאֶת־טַפָּם֙ וְאֶת־נְשֵׁיהֶ֔ם בָּֽעֲגָל֕וֹת אֲשֶׁר־שָׁלַ֥ח פַּרְעֹ֖ה לָשֵׂ֥את אֹתֽוֹ
Y Jacob partió de Beer Sheva. Los hijos de Israel transportaron a su padre [hacia Egipto], junto con sus hijos y sus mujeres, en los carros que el faraón había enviado para llevarlos.
Ahora bien, Israel somos nosotros, es nuestra alma y es parte del plan que descendamos a Egipto para comenzar un largo viaje de transformación. Pero lo más importante y que jamás debemos olvidar es que en esta travesía no estaremos solos ni tampoco será eterna, pues Di-s se encargó de dejarlo muy claro y explícito en la Torá. Dicen los versículos 3 y 4 del Capítulo 46:
וַיֹּ֕אמֶר אָֽנֹכִ֥י הָאֵ֖ל אֱלֹהֵ֣י אָבִ֑יךָ אַל־תִּירָא֙ מֵֽרְדָ֣ה מִצְרַ֔יְמָה כִּֽי־לְג֥וֹי גָּד֖וֹל אֲשִֽׂימְךָ֥ שָֽׁם
אָֽנֹכִ֗י אֵרֵ֤ד עִמְּךָ֙ מִצְרַ֔יְמָה וְאָֽנֹכִ֖י אַֽעַלְךָ֣ גַם־עָלֹ֑ה וְיוֹסֵ֕ף יָשִׁ֥ית יָד֖וֹ עַל־עֵינֶֽיךָ
[Dios] dijo: “Yo soy el Omnipotente Dios de tu padre. No tengas miedo de ir a Egipto, puesto que es allí que te convertiré en una gran nación.
Descenderé a Egipto contigo, y también te elevaré nuevamente. Y Joseph pondrá sus manos sobre tus ojos.
Que revelador y esperanzador es esta parte del texto. Este mundo puede ser hostil y desafiante, pero no estamos solos, Di-s está siempre con nosotros y sólo requerimos de una acción para revelarlo en la densidad de la materia, ¿Cuál?, acercarnos a Joseph, que se traduce en transformar nuestra conciencia para alcanzar el cielo de Yesod.
Numerológicamente hablando, el número 40 es la cifra que nos denota los procesos más profundos de transformación, como por ejemplo los 40 años del pueblo de Israel en el desierto. Curiosamente la palabra Vaigash (y se acercó) tiene la misma gematría que la palabra “cuarenta” aludiendo a esta acción luminosa de transformación de conciencia para hacer descender la luz del Creador.

Que esta semana podamos reflexionar en que más allá de cualquier dificultad por la que estemos atravesando, siempre estará Di-s junto a nosotros. Saber esto nos permite conectar con la energía divina del amor y elevar nuestra conciencia espiritual.
Para alcanzar las bendiciones, debemos activar nuestra propia voluntad y esfuerzo, buscando esa conexión a través de la introspección, la oración y las buenas acciones. Al hacerlo, no solo atraemos las bendiciones divinas, sino que también participamos en el proceso de tikkun olam, la reparación del mundo, alineándonos con el propósito divino y trayendo armonía a nuestras vidas y al universo.
Shabbat Shalom
