Tiempo de lectura: 8 minutos – Kabbalah: Intermedio
Llegamos a la Parashá Shoftím, la Parashá para manifestar justicia. En esta porción Moisés se aboca a recordar y dar instrucciones relacionadas con un importante y gran valor que es la justicia. Entre otras cosas se establecen las bases para una sociedad justa y ordenada, se instruye al pueblo de Israel a nombrar jueces y oficiales en cada puerta de la ciudad para asegurar la justicia imparcial. Se prohíben prácticas paganas como la adivinación y la hechicería, y se establecen leyes sobre la monarquía, incluyendo los requisitos para un rey. También se detallan las ciudades de refugio para aquellos que matan accidentalmente y se enfatiza la importancia de seguir las leyes divinas para mantener la justicia y la paz en la comunidad.
Pero ¿Qué es la justicia? O más profundo aún ¿Es este mundo un mundo justo?
¿Es justo que algunos sean pobres y otros ricos?
¿Es justo que algunos nazcan discapacitados y otros no?
¿Es justo que algunos crezcan en una familia disfuncional y otros no?
¿Es justo que algunos sean dotados con belleza física y otros no?
La lista puede ser larga, pero seguro que muchas de estas preguntas nos las hemos hecho alguna vez.
Por su puesto que la respuesta a estas preguntas depende de los ojos con que estemos observando el mundo. Tal como mencioné en la reflexión anterior, el observador determinará la realidad que manifieste.
Si miramos con los ojos del alma, veremos que todo es justo y perfecto ¿Por qué?, porque todo lo que evaluamos como bueno o malo no es más que el resultado de la manifestación de nuestras propias acciones presentes o pasadas. Es el sistema de causa y efecto que es justo por si mismo, ya que actúa con el fin de que la humanidad evolucione hacia un estadio más elevado de cercanía con Di-s. Karma lo llaman algunas tradiciones, la Kabbalah lo llama sistema de rectificación de tikun, rectificación de aquella capa de negatividad que nosotros mismos nos hemos adherido producto de una desconexión con la fuerza única e infinita de amor incondicional que llamamos Di-s. Esta desconexión puede ser rectificada haciendo que el canal de luz se restaure, haciéndonos subir un peldaño más en nuestra escalera espiritual.
Por lo tanto, mal podríamos decir que el sistema es injusto, pues sin él no contaríamos con un mecanismo de rectificación. Lo que pasa es que obviamente a nadie le gusta que este sistema nos enrostre nuestras acciones egoístas a través de desafíos, sobre todo si dichos desafíos son devastadores.
Pero Di-s aparte de implementar el sistema de causa y efecto, también ejerce misericordia endulzando los juicios que este sistema impone. Como todo buen rey, Di-s es indulgente y busca que este proceso de rectificación se realice con misericordia.
Sigamos el siguiente ejemplo; Un niño, después de haber participado de un cumpleaños infantil, donde hubo tortas y golosinas, llega a su casa y quiere comerse una bolsa entera de dulces. El padre le dice que no, por lo que el niño se enoja y comienza una “pataleta”. Obviamente para el niño la negativa de su padre no es justa, él no entiende la razón de la negativa, sólo tiene un deseo y quiere cumplirlo sin poder ver el panorama completo.
Por su puesto el padre le explica las razones y al ver el sufrimiento de su hijo comienza a buscar las herramientas para aplacar lo que el hijo está sintiendo. Lo toma en brazos, lo acaricia, le habla cariñosamente tratando de hacerlo entender, lo contiene y busca alternativas que permitan suavizar el mal momento.
Di-s hace exactamente lo mismo, Él no nos dejará comer la bolsa de dulces si previamente ya habíamos cometido un exceso con el azúcar. Puede que no nos guste, puede que hagamos una “pataleta”, pero no tendremos la bolsa de dulces. A cambio tendremos la contención de Di-s a través del entendimiento o de los caminos que Di-s encuentre para nuestra vida.
Es en este punto donde comienza la Kabbalah de esta Parashá.
Si ya sabemos que este sistema de causa y efectos es justo por sí mismo, entonces ¿por qué Moisés nos habla de aplicar justicia?
Porque nosotros, como reyes de nuestro reino, como co-creadores de este sistema de manifestación, podemos hacer revelar lo justo de este sistema.
¿Cómo?
A través del único mecanismo metafísico que tenemos como vasijas espirituales, la restricción.
Reconocer que no vemos el panorama completo, que nuestros cinco sentidos son limitados y que debemos mirar a todo y todos con ojos espirituales es la forma de restringirnos y revelar la justicia de Di-s.
Esto lo aprendemos del primer versículo de la porción de esta semana:
שֹֽׁפְטִ֣ים וְשֹֽׁטְרִ֗ים תִּתֶּן־לְךָ֙ בְּכָל־שְׁעָרֶ֔יךָ אֲשֶׁ֨ר יְהֹוָ֧ה אֱלֹהֶ֛יךָ נֹתֵ֥ן לְךָ֖ לִשְׁבָטֶ֑יךָ וְשָֽׁפְט֥וּ אֶת־הָעָ֖ם מִשְׁפַּט־צֶֽדֶק
“Jueces y policías pondrás para ti en todas tus puertas que Dios te dará en tus tribus, con los cuales juzgarán al pueblo con justo juicio”
Los místicos han interpretado que las “puertas” a las que se refiere este versículo no son las puertas de una ciudad, sino que son las puertas de nuestros cinco sentidos; los ojos, los oídos, la boca (gusto), el tacto y el olfato. Lo anterior se deduce de la palabra (וְשֹֽׁטְרִ֗ים) “tus puertas” que aparece cinco veces en esta Parashá.
Es en las puertas de nuestros cinco sentidos que debemos poner jueces y policías para restringir y frenar nuestro propio juicio sesgado por las limitaciones de este mundo.
Puedo poner un ejemplo. Un socio estafa a otro, roba dinero y eso trae problemas económicos para la persona y su familia. Lo primero que los cinco sentidos le dicen al afectado es que es una víctima que, de forma “injusta”, ha sido afectada. Sus propios ojos vieron como su socio transfirió dinero de la sociedad a su cuenta corriente personal, sus oídos escucharon lo que todos le dicen respecto a lo infame y malo del socio. Sin embargo, lo que sus sentidos no ven es que él, años atrás, también afectó la economía de su propia familia cuando se separó de su mujer y decidió no dar dinero para el sustento de sus hijos. Tampoco sus sentidos tienen alcance a sus vidas anteriores, donde también pidió dinero prestado el cual jamás devolvió.
El sistema de causa y efecto es infalible y lo será siempre, no como una forma de castigo, sino que como una forma de rectificación. Entender esto nos dará el entendimiento para que los jueces y policías en nuestros sentidos destruyan el juicio que hacemos hacia otros, permitiéndonos hacernos responsables de la realidad que manifestamos.
Se que nos podemos estar preguntando ¿Por qué jueces? y ¿Por qué policías?
La palabra (שֹֽׁפְטִ֣ים) jueces tiene una gematría de 999. Lo especial de este valor es que en toda la Torá no existe otra palabra con este mismo valor numérico, lo que la hace muy especial ya que la energía del 999 está reservada para esta palabra en particular. El valor numérico 999 se puede interpretar como el umbral entre una fase espiritual y otra.
Este valor se encuentra oculto en la segunda línea del Ana Becoaj ya que la suma de los valores gemátricos de las primeras letras de cada palabra del segundo versículo de esta poderosa oración es 729, que se obtiene de multiplicar 9*9*9. Lo interesante es que al unir cada una de estas primeras letras se conforma la frase (קְרַע שָׂטָן) “Kra Satán” que se traduce como “arranca al Satán”. Esto nos enseña que los jueces son para alejar las influencias del ego en nuestra vida.
Por otro lado, (וְשֹֽׁטְרִ֗ים) policías tiene gematría 1119 (considerando sus valores con Zofit) mismo valor que la gematría de la palabra (תשתחוה) que se traduce como “No adorarás” o “no te inclinarás”. Por lo tanto, los policías son quienes nos ayudarán a no inclinarnos ante el ego o adorar a dioses falsos como el miedo, la incertidumbre, la desconfianza y la ansiedad.
En conclusión, esta semana tenemos la energía disponible para revelar en este mundo la justicia divina. Aplicar restricción en nuestros cinco sentidos nos permitirá ver los desafíos con otros ojos, entendiendo que todo lo que ocurre es perfecto, aunque no necesariamente sea algo que nos guste. Manifestar esta conciencia nos traerá paz y misericordia a nuestro mundo, haciéndonos más cercano al Creador.
Shabat Shalom
