Cuando el fin es un nuevo comienzo.
Tiempo de lectura: 7 minutos Kabbalah: Intermedio
La Parashá de esta semana es la última del libro de Shemot (Éxodo), la energía de este Libro corresponde a la fuerza de liberación que cada uno de nosotros tenemos para salir de nuestras esclavitudes, de nuestros faraones y, con la ayuda del Creador, salir de Egipto. Dicho en otros términos, tenemos el poder de evolucionar.
Pero también esta Parashá nos da un regalo especial, algo que quizás no es tan evidente, pero si muy profundo.
Ya en las últimas Parashiot de este libro el pueblo de Israel comenzó la grandiosa obra encomendada por Di-s, la construcción del tabernáculo, y ya hemos visto en reflexiones anteriores que, metafísicamente, el tabernáculo se corresponde a la preparación de nuestro propio cuerpo para comenzar a realizar los servicios sacerdotales que nuestra alma (el sumo sacerdote), requiere para este camino a la evolución. Tarea nada fácil, pero Di-s no lo da como una opción, sino que lo ordena y pide a Moisés que también se lo ordene a su pueblo.
Quizás la pregunta sería, ¿Y si no se hubiera construido el tabernáculo?, ¿Por qué tanta imposición de parte de Di-s para construirlo?, ¿Qué marca la diferencia entre tener el tabernáculo y no tenerlo?
Parte de la respuesta a estas interrogantes radica en la importancia de estar preparados para comenzar de nuevo, de reiniciarnos, de hacer un “reset” cada vez que queremos pasar de un peldaño a otro. Por más errores que hayamos cometido en el pasado, por más desconexiones que hayamos provocado, siempre tenemos la opción de ponernos de pie, sacudir el polvo de nuestros pantalones y comenzar otra vez, tal como cuando Di-s comenzó desde cero con Su creación.
El pueblo de Israel era un pueblo inmaduro, necio y transgredió varias veces las órdenes del Creador. Sin embargo, recibieron la Torá y debían buscar la forma de pasar al siguiente nivel del juego ¿Cómo? Poniéndose de pie, aportando con el corazón dispuesto y comenzando todo de nuevo, pero esta vez con un tabernáculo finalizado y lleno de la gloria de Di-s.
Lo anterior lo aprendemos del Pasuk 40:33, que dice:
וַיָּ֣קֶם אֶת־הֶֽחָצֵ֗ר סָבִיב֙ לַמִּשְׁכָּ֣ן וְלַמִּזְבֵּ֔חַ וַיִּתֵּ֕ן אֶת־מָסַ֖ךְ שַׁ֣עַר הֶֽחָצֵ֑ר וַיְכַ֥ל משֶׁ֖ה אֶת־הַמְּלָאכָֽה
«Erigió el recinto en torno al tabernáculo y el altar, y puso la cortina sobre la entrada del recinto. Con esto, y terminó Moshé así la obra.»
La suma gemátrica de las últimas 4 palabras “y terminó Moshé así la obra” es 913 mismo valor que la palabra Bereshit (en el comienzo)
En el minuto en que Moisés (nuestra alma) erigió el tabernáculo finalizando esta gran obra, entonces estamos en posición de iniciar otra vez, de crear un nuevo mundo a nuestro alrededor, llenos de la gloria de Di-s tenemos el potencial de abrir las compuertas de la abundancia en este mundo.
Y es que la tienda de reunión es el arquetipo de Yesod, el lugar por donde podemos dejar pasar toda la luz proveniente de los mundos superiores. Esto lo sabemos ya que:
אֹ֣הֶל מוֹעֵ֑ד = “Tienda de reunión”
Tiene gematría 156, mismo valor que el nombre del Patriarca Yosef (יוסף), el cual es el portador de la mercabá de Yesod.
Así entonces, en el siguiente Pasuk (40:34), Pasuk que contiene 10 palabras referenciando a nuestro árbol de la vida, se nos revela nuevamente un secreto profundo:
וַיְכַ֥ס הֶֽעָנָ֖ן אֶת־אֹ֣הֶל מוֹעֵ֑ד וּכְב֣וֹד יְהֹוָ֔ה מָלֵ֖א אֶת־הַמִּשְׁכָּֽן
«La nube cubrió la Tienda de reunión, y la gloria de Dios llenó el tabernáculo.»
La nube, que representa la Shejiná, cubrió a Yesod, dejando pasar toda la luz (la gloria de Di-s) a Maljut, nuestro tabernáculo, iluminando así todo nuestro árbol de la vida y revelando nuevamente el potencial de Bereshit (el comienzo).
De hecho, en este Pasuk, al igual que el anterior, nuevamente aparece la palabra Bereshit en las últimas 4 palabras del versículo:
| HEBREO | המשכן | את | מלא | יהוה |
| GEMATRIA | 415 | 401 | 71 | 26 |
| TRADUCCION | el tabernáculo | a | llenaba | El Eterno |
415 + 401 + 71 + 26 = 913
Ese es el secreto de la misericordia del Creador y de la construcción del tabernáculo. El Eterno nos da las herramientas necesarias para comenzar de nuevo y reparar todas las desconexiones del pasado, incluso aquella provocada en Bereshit (ver reflexión de la semana pasada), así el final se transforma en un gran comienzo.
Shabbat Shalom
