RESUMEN DE LA PARASHA PIKUDEI (Tiempo de lectura: menos de 2 minutos)
BREVE REFLEXION (Tiempo de lectura: menos de 3 minutos)
ANALISIS KABBALISTICO (Tiempo de lectura: menos de 5 minutos)
RESUMEN DE LA PARASHA
La Parashá Pikudei, que concluye el libro de Éxodo (Shemot), se centra en el recuento meticuloso de los materiales utilizados para la construcción del Tabernáculo (Mishkán), el lugar donde se manifestaría la presencia divina sobre el pueblo de Israel. Moisés, como líder, supervisa el reporte detallado sobre el uso de los recursos recolectados, principalmente oro, plata y bronce, mostrando una transparencia absoluta ante los israelitas.
La sección también describe cómo fueron ensamblados y confeccionados los componentes del Tabernáculo y las vestiduras sacerdotales. Cada detalle, desde las cortinas hasta los utensilios sagrados, fue realizado según las precisas instrucciones dadas por Dios. Esto incluye la creación del Arca de la Alianza, la Menorá, el altar del incienso y el altar de sacrificios, así como las vestimentas del Sumo Sacerdote (Cohen Gadol), destacando el pectoral con las doce piedras que representaban a las tribus de Israel.
El papel de los artesanos es significativo en esta Parashá. Betzalel y Oholiab, quienes lideraron la obra, demostraron sabiduría, habilidad y dedicación en cada aspecto del proyecto, cumpliendo no solo con los requerimientos técnicos sino también con un profundo propósito espiritual. El Tabernáculo se convierte en una obra colectiva que refleja el compromiso y la unidad del pueblo.
Finalmente, Moisés supervisa el montaje del Tabernáculo. Una vez completado, la nube de la gloria divina desciende y llena el Mishkán, marcando la culminación de este grandioso esfuerzo y la aceptación divina de su trabajo. Este evento simboliza la presencia constante de Dios entre Su pueblo y la importancia de construir un espacio espiritual que permita dicha conexión.
BREVE REFLEXION
Pikudei es la última Parashá del libro de Shemot, lo que místicamente corresponde al nivel de Maljut de este libro. Esto significa que la energía de esta porción nos brinda chispas adicionales de sabiduría y conocimiento para enfrentar nuestra realidad material.
Me gustaría compartir una reflexión que da continuidad y a la vez concluye esta especie de miniserie que inició en Terumá, donde desarrollamos el tema del ocultamiento de nuestro verdadero ser. Todas las instrucciones para la construcción del Mishkán, las vestiduras sacerdotales y el evento del becerro de oro ocultaban la corrección del engaño que la serpiente hizo con Eva (nuestras emociones) y que, a la luz de una interpretación basada en la psicología de Carl Jung, llamada “la teoría de máscaras”, nos invitaron a reflexionar acerca de conceptos como: Desconexiones emocionales, el uso de caretas, la carga de vestiduras que no nos pertenecen y las limitaciones para revelar nuestros talentos.
Todas esas reflexiones nos traen hasta Pikudei, la Parashá donde finalmente Di-s se posa, con Su nube de gloria en nuestro templo. Templo que somos nosotros mismos, lo que significa que, gracias a todo el trabajo realizado, adquirimos nuevas chispas de divinidad, despertando a nuestro yo superior, nuestro verdadero ser. Si en la Parashá pasada vimos como emerge nuestro guerrero espiritual, ahora el guerrero es investido de luz, haciéndose uno con la divinidad.
Desde una perspectiva espiritual, Pikudei nos revela como la dedicación, el esfuerzo y la voluntad de avanzar según las indicaciones de Di-s nos llevan a un estado superior de evolución. Seguir las instrucciones de cada detalle del Tabernáculo y cada vestidura sacerdotal representan la búsqueda de la perfección y la santidad, recordándonos que nuestras acciones deben ser alineadas con principios divinos para reflejar luz y propósito en el mundo.
¿El premio al esfuerzo?
Oculto bajo el prisma del misticismo se revela que el gran premio es la emuná (La fe), no la fe a ciegas, sino que la certeza absoluta de que siendo tal cual somos, reconociendo nuestros talentos y virtudes, podemos alcanzar nuestro propósito y que nada puede resultar mal si somos fieles a nuestro verdadero ser. La emuná nos da la fortaleza para enfrentar los desafíos con esperanza sabiendo que formamos parte de algo más grande. La emuná, en último término, nos permite avanzar iluminados y brillantes como el oro hacia nuestro destino final, la unificación con el Padre.
Tal como en las series de Netflix que dejan abierta la puerta para una siguiente temporada, el libro de Shemot también finaliza con la expectativa de que, durante el libro de Vaykrá, este nuevo ser iniciará su camino hacia el siguiente peldaño de evolución, ese es el camino del guerrero espiritual.
Y tú ¿Estás preparado?
ANALISIS KABBALISTICO
En las 5 parashiot desde Terumá hasta Pikudei podemos ver algo muy particular, ellas agrupan más del 80% de las ocurrencias de la palabra “oro”. Este dato parecería irrelevante si no agregamos un par de antecedentes al análisis:
- El oro es considerado Tiferet y Tiferet se asocia al corazón de nuestras emociones, a Eva, que como ya dijimos en reflexiones pasada, corresponde a aquello que debemos corregir.
- La palabra oro aparece 101 veces en estas 5 porciones, 96 oportunidades para un acto luminoso (como lo es la construcción del mishkán) y sólo 5 veces para un acto egoísta (la construcción del becerro de oro).
- El número 100, según la Kabbalá, es un número completo y divino ya que representa el árbol de la vida completo (10 zefirot conteniendo diez zefirot). Así, el número 101 se puede interpretar como un exceso o una corrupción de la integridad del sistema
¿De qué nos sirve todo esto?
Si no hubiese ocurrido el episodio del becerro de oro sólo se hubiera utilizado 96 veces la palabra oro, que corresponde a la gematría de la palabra «fe», emuná (אמנה). Sin embargo, la desconexión de nuestras emociones hizo quebrantar esta fe y con ello comenzó la construcción del becerro de oro, agregando las 5 palabras adicionales que suman un total de 101 veces, valor que a su vez corresponde a la gematría de la palabra “Mezclas prohibidas” כלאים (Kilayim).
A través del lente de la Kabbalah, podemos decir que la palabra «Kilayim» (כלאים) puede asociarse al concepto de autenticidad, dado que, en la Torá esta palabra se usa para referirse a la prohibición de mezclar ciertos elementos que, por su naturaleza, están destinados a ser distintos, como el lino y la lana en una prenda o la siembra de diferentes tipos de semillas en un mismo campo. Esta separación puede simbolizar la importancia de preservar la identidad única de cada elemento para mantener el equilibrio y la armonía en la creación.
Así, Kilayim nos invita a reflexionar sobre la necesidad de ser fieles a nuestra propia esencia, evitando mezclarnos con influencias externas que puedan desviar nuestra verdadera identidad. Tener emuná en uno mismo implica reconocer lo que nos hace únicos y evitar la presión de conformarnos con estándares ajenos o vivir según expectativas externas. Tal como cada elemento en el concepto de Kilayim tiene su propósito y lugar en el orden divino, cada persona tiene un valor intrínseco y una singularidad que no debe diluirse ni asimilarse con otros.
En otro orden de ideas, el 96 no sólo nos habla de emuná en nosotros mismos, sino que, mucho más profundo aún, de emuná en el Creador. Lo anterior se desprende de la recompensa que obtuvo el pueblo de Israel por su obediencia sin cuestionamiento respecto a seguir instrucciones precisas para la construcción del Mishkán. Dicha recompensa se encuentra oculta en el capítulo 40, versículo 34, dice:

Se trata de la Shejiná, la emuná en el Creador permitió que Su presencia habitara en el tabernáculo. Coincidentemente, el versículo inicia con la gematría 96 aludiendo a que su presencia se debe a dicha emuná en Él. No solo eso, inmediatamente después del valor 96 se hace presente, como un regalo adicional, el nombre de Di-s número 26, que es “האא” y que corresponde a la restauración del orden a partir del caos. Como si el Eterno nos quisiera enseñar que la confianza (emuná) en Él nos traerá estabilidad en nuestro templo interior.
Dicho sea de paso, el número 96 toma total sentido en esta idea de estabilidad, ya que tal como aprendemos del capítulo 38, versículo 27 de esta Parashá, el tabernáculo es sostenido exactamente por 96 basas (una «basa» se refiere al soporte o fundamento por debajo de los pilares del mishkán). Otras 4 basas sostenían las columnas del velo que separaba el Santo de los Santos del lugar sagrado, haciendo que el sistema metafísico, llamado tabernáculo, esté completo (con 100 basas).
En conclusión, estas últimas 5 Parashiot nos han revelado secretos profundos respecto a cómo alcanzar nuestro máximo potencial siendo nosotros mismos, rompiendo los ídolos que nos desvían del camino, corrigiendo nuestras emociones, revelando nuestros propósitos de vida, confiando en nosotros y en el Creador. Así, la presencia divina residirá en nosotros haciéndonos Uno con la luz.
Shabat Shalom
