Cuando hablamos de idolatría es tan fácil apuntar con el dedo a los demás y estigmatizar a otros por sus creencias y costumbres.
He tenido la suerte de conocer personas que profesan religiones con una fe basada en un mismo Di-s en común, hablo de cristianos, judíos y evangélicos, entre otros. De ellos he conocido personas admirables, sabias, comprometidas, generosas, humildes y con muchos valores más.
Una vez hablando con un amigo cristiano que viajó a Israel, me contó que se sintió criticado y menospreciado por un grupo de religiosos, de otra religión, por llevar un crucifijo colgado al cuello. ¡Idólatra!, le decían, pero lo que ellos no sabían era que mi amigo estaba ahí por una razón muy importante, se estaba preparando para ir a una misión a Africa para ayudar a niños de extrema pobreza.
En situaciones así me pregunto, si Di-s estuviera parado frente a mi amigo ¿Le gritaría en la cara idólatra? o le daría las gracias por buscar asemejarse a Él a través del amor incondicional.
Al revés también puede ocurrir que una persona pueda estar vestida y comportarse de la forma más pia, mas sin embargo está continuamente velando por sus intereses propios.
Entonces, ¿Es el crucifijo, la kipá, el tatuaje o lo que fuese que porte la persona realmente el problema?
Los Kabbalistas sabemos, a través de las enseñanzas de los sabios, que todos somos Uno y que todo, absolutamente todo es sólo niveles de conciencia y que por lo tanto no se trata del becerro en sí mismo, sino que de la intención detrás de el.
Hay un breve episodio en la Parashá de esta semana (Ki Tisá), que parece innecesario y sin importancia, pero que sin embargo contiene un secreto impresionante respecto a este mismo tema.
El episodio ocurre después de que Di-s le anuncia a Moisés, en la cima del monte, que el pueblo está construyendo un becerro de oro. Cuando Moisés estaba bajando del monte Sinai y se dirige camino a ver lo que Di-s le contó, se encuentra en el camino con Yehoshua, que lo estaba esperando más abajo, ahí ocurre el siguiente pequeño diálogo:
“Iehoshúa oyó el sonido del pueblo que clamaba, y le dijo a Moshé: ¡Suena como si hubiera batalla en el campamento! Y dijo (Moisés), no son voces de canto de victoria ni voces de canto de derrota. Lo que oigo es simplemente un canto”.
Hasta ahí el diálogo pareciera no aportar nada a lo terrible de las acciones que estaban sucediendo en el campamento. Sin embargo, a través del misticismo de la Kabbalah, vemos que la respuesta que está dando Moisés a Yehoshua oculta un mensaje potente.
La gematría de “Voces de canto de victoria” (קול ענות גבורה) es 878, misma gematría de la palabra toebah (תועבת) que significa “abominación/idolatría/aberración”. Dicho sea de paso, de todas las palabras con gematría 878, toebah es la que más se repite dentro de la Torá.
Así mismo, la gematría de “Voces de canto de derrota” (קול ענות חלושה) es 1011, misma gematría de la palabra Torot (התורת) que significa “instrucciones o las leyes referenciando a la Torá”. Al igual que antes, de todas las palabras con gematría 1011, Torot es la palabra que más se repite en la Torá.
Finalmente, la gematría de sólo “Voces de canto” (קול ענות) es 662, misma gematría de la palabra beseter (בסתר) que significa “en lo oculto, en lo secreto”. En este caso también se cumple que de las palabras con gematría 662, ésta es la que más se repite en todo el texto sagrado.
Si cambiamos la respuesta de Moisés haciendo el reemplazo de las palabras tal como lo señalé en los párrafos precedentes, entonces quedaría algo como (en rojo lo que fue reemplazado):
“Y dijo (Moisés), no es ni idolatría ni las leyes. Lo que oigo es simplemente lo que está en lo oculto”
El significado es totalmente distinto, pero a la vez muy poderoso. El mensaje oculto que se encontraba en este breve diálogo entre Yehoshua y Moisés nos revela que la verdadera transgresión ocurre en lo secreto, en lo que no se ve físicamente, ocurre realmente en nuestra conciencia, entonces re parafraseando podemos decir que:
«No se trata de una batalla por la idolatría o por la Torá, se trata de la batalla por lo que está oculto, nuestra conciencia.»
Hoy estamos viviendo varias guerras físicas, pero estas guerras también se están librando en otras dimensiones sutiles, donde todos estamos participando. El evento del becerro de oro sin duda es una desconexión que hasta el día de hoy ocurre, pero debemos entender que el oro que da vida a este becerro es nuestro nivel de conciencia.
“El problema no es el crucifijo, la kipá, el tatuaje o lo que fuese que portemos encima, es nuestra conciencia el detonante de esta gran transgresión espiritual.”
Que el Creador nos de la fuerza y la voluntad para jamás caer en ningún tipo de idolatría, sólo así podremos acelerar la llegada de Meshiaj y traer la redención a este mundo.
Shabat Shalom
