Si buscamos aprendizajes en medio del dolor y desafíos que nos ha traído esta pandemia, hay uno que creo que vale la pena rescatar.
Si observamos nuestro comportamiento como humanidad, podemos notar las innumerables ocasiones en que culpamos a otros por la situación en la que está el mundo. Cuando vemos desigualdad y pobreza culpamos a los modelos económicos, cuando vemos machismo y violencia de género, culpamos al patriarcado, cuando vemos fanatismo culpamos a las religiones, cuando vemos cambio climático culpamos a las grandes compañías que abusan de los recursos. Por su puesto los gobiernos también son los culpables o, al menos cómplices, de todas estas calamidades. Sin embargo, hoy estamos siendo sometidos a prueba, porque ahora el portador de una calamidad puede ser tú.
La responsabilidad de ser el portador del virus y por lo tanto potencialmente transmitirlo a tu familia, familiares, amigos o conocidos, pudiendo incluso llegar a causar la muerte a alguno de ellos, es solo tuya. Ahora ya no podemos culpar a los gobiernos ni a los grandes conglomerados ni a los políticos. Eres tú el que puede, o no, evitar la propagación de la muerte en el mundo.
Sabemos qué hay que hacer, sabemos las medias que se deben tomar y se espera que cada uno de nosotros haga su parte para erradicar el virus. Sin embargo, con estupor vemos en los medios de comunicación acerca de fiestas clandestinas, salidas en cuarentena, no respeto por el toque de queda, viajes a la playa en medio de un rebrote, etc.
Sin tener ahora la posibilidad de encontrar culpables, cada uno debemos revisarnos internamente y evaluar lo que hemos, o no, hecho para cuidarnos y cuidar a los demás. Ver si como individuos estamos dando del ancho y descubrir si somos portadores de luz o portadores de oscuridad.
Hoy ya contamos con vacunas que están dando la lucha en este plano físico, pero como sabemos, la verdadera guerra no es de este mundo, pues es nuestra alma la que está en el frente de batalla.
Las vacunas espirituales que hemos ido revelando, de nuestros cinco sentidos, son para nuestra alma, no para los gobiernos ni los políticos, ni los religiosos, son sólo para ti, porque el portador eres tú!
