Me sentí muy mal cuando mi hija se cayó en su patineta y quedó su cara toda magullada. Yo mismo la impulsé a bajar por esa rampa, que a todas luces era demasiado inclinada para ella. A eso hay que sumarle que, si bien todo el tiempo fui a su lado corriendo afirmando su hombro, aún así no fui capaz de sostenerla cuando ella se desequilibró y cayó.
El dolor que un padre siente por un hijo que sufre es doble. Uno sufre por el dolor mismo que está sufriendo el hijo, pero además sufre doblemente porque uno no lo pudo evitar.
Esto me llevó a reflexionar respecto a la relación que tenemos con nuestro Padre celestial. Los sabios dicen que Dios también sufre dos veces con el mundo que El creó, la primera es por nuestras propias transgresiones o sufrimientos y doblemente porque El permitió que esa transgresión o sufrimiento ocurriera.
Quizás de ahí que asociemos a Dios como un Padre.
Pero es realmente un desafío entender este concepto. Primero que todo deberíamos preguntarnos ¿Dios tiene la capacidad de sufrir? O más general aún ¿Dios tiene emociones?. Si Dios tuviera emociones entonces lo estaríamos metiendo en un mundo limitado por dualidades cómo alegría/tristeza, bondad/rigor, amor/odio, etc. Y si Dios es limitado, entonces ya no es Dios, porque Dios es Uno e infinito e inmutable.
Entonces, Si Dios no es bondadoso, piadoso, cariñoso, juez, severo y todos esos términos que se encuentran en la Biblia, entonces ¿que es?.
La sabiduría de la Kabbalah nos enseña a que Dios es todo eso al mismo tiempo pero acotado al amor infinito, pero cómo ser amoroso y severo al mismo tiempo no es entendible para nosotros, entonces lo que hacemos los humanos es separar Sus emociones según el momento en que estemos, todo se trata de perspectiva.
Si Dios permite que un lobo se coma a un conejito, Dios está siendo amoroso desde la perspectiva del lobo, pero cruel desde la perspectiva del conejito.
Y entonces, ¿Cómo lidiar con esto?
La respuesta me la dio la misma Laury esa noche al acostarnos.
Ella recién magullada, adolorida, después de haber llorado a mares, incluso después de culparme abiertamente, ahí, en el silencio de la noche cuando la estaba acompañando en su cama para hacerla dormir, ella me dice: “papá te quiero”. Ella en ningún instante cambió su amor por la desgracia ocurrida.
Los hijos a veces son los maestros de nosotros los padres, la gran enseñanza aquí, es que Dios es infinito, eterno, inmutable, ilimitado, insensible (sí, insensible) y omnipotente. Todo esfuerzo o emociones que pongamos a Dios es únicamente para poder bajar a nuestra limitación el entendimiento de Su actuar, entonces, declarar “Padre te quiero” es someternos a nuestra limitación aún cuando a veces estemos tentados a pensar que El es el culpable de los sufrimientos.
No se trata de conformismo, se trata de elevar nuestro estado de conciencia por sobre nuestras limitaciones y, a través de nuestro trabajo espiritual (meditaciones, actuar con amor, rezar, etc.), percibir la verdadera esencia de Dios, que es siempre infinita luz de paz y de plenitud (Shalom).
Quizás los adultos debamos también aprender a decir por las noches, más allá de cualquier dificultad, “papá te quiero”.
Shabbat Shalom.
