En estos tiempos de tanta división política, tanta inseguridad e incertidumbre vale la pena hacerse la pregunta respecto de qué enseñanza podemos obtener de nuestra tradición espiritual para que, al igual que un faro, nos pueda iluminar respecto a cual debiera ser nuestra actitud, considerando que todo lo que debemos hacer en esta mundo es intentar, con todas nuestras fuerzas, conectar con la fuerza dadora del Creador.
Hay un conocido pasaje en el antiguo testamento que cuenta la odisea cuando los israelitas iban arrancando por el desierto y se toparon por un lado por el Mar Rojo y por el otro lado con la legión del faraón listos para destruirlos. Lo que poco se sabe de este pasaje es que los israelitas viéndose en esta situación, se dividieron en 4 grupos de opinión. El primer grupo opinaba que había que rendirse y volver Egipto, el segundo grupo pensaba que debían esperar y enfrentar a los soldados con todas sus fuerzas, el tercer grupo opinaba que había que intentar escabullirse y arrancar de los solados por la rivera del mar intentando perder de vista a los egipcios. Finalmente el último grupo se adhirió a la opción más impensada, y es la que la mayoría de nosotros conocemos, que fue la opción de abrir el Mar Rojo y atravesarlo para ser libres.
Nada distinto a lo que hoy ocurre en la humanidad y nuestra sociedad donde, al enfrentar dificultades que parecen que nos tienen ante la espada y la pared comienzan a aparecer grupos que, con la mejor de las intenciones (o no), buscan resolver las cosas. Los grupos se empiezan a polarizar y cada uno defiende sus ideales a tal punto que se puede incluso pasar a llevar la libertad de los demás o peor aún, causar daños al resto de las personas.
Pero cual fue el desenlace de la historia en el desierto?.. el pueblo de Israel contaba con el líder espiritual más elevado que ha existido en la hostia de la biblia, Moisés. Moisés sabía perfectamente que ante una situación así, donde en teoría no hay salida, con el pueblo polarizado y dividido en grupos, la solución no podía ser la terrenal. El escogió la opción más loca y sobrenatural que a alguien se le podría haber ocurrido, abrir el mar. Es decir, Moisés confió en que la vida, la salvación y la plenitud no podía provenir más que de la mano del Creador.
Moisés logró convencer a su pueblo de esto y todos confiaron en él. Fue así que cuando Moisés miró al cielo y golpeó con su bastón el suelo ordenando al mar abrirse, este no lo hizo sino hasta que uno de los israelitas (que vio que el mar no obedecía), se comenzó a meter al mar y cuando el agua ya le llegaba al cuello, el mar recién sucumbió y comenzó a abrirse.
Esta es una segunda enseñanza. Una persona del pueblo apoyó incondicionalmente a su líder, que había ordenado al mar abrirse, pero al ver que esto no ocurría, este hombre decidió meterse, demostrando su absoluta confianza en Moisés y en el poder del Creador. Solo así todo el pueblo volvió a unirse, a ser uno y comenzaron en bloque a atravesar el mar hacia la libertad.
Las conclusiones o paralelos que podamos hacer de este relato bíblico con nuestra actual sociedad lo dejo a manos de cada uno, solo creo que hoy estamos ausentes de líderes espirituales, de esos que miran al cielo y que son capaces de llevar a su pueblo por el camino más sobrenatural posible. Mientras Dios no esté en la ecuación de nuestras vidas, la polarización y división continuará y jamás podremos gozar de la tan ansiada libertad.
Finalmente creo que tampoco la sociedad cambiará si no somos cada uno de nosotros los gestores del cambio. Muchos siempre esperando a que el gobierno u otros solucionen los problemas de la pobreza y la desigualdad, pero no somos como el israelita que se metió hasta el cuello (y hubiera seguido avanzando) hasta que el mar se abriera. El fue el gestor del cambio!!.. ¿cuantos de nosotros individualmente cada día buscamos acabar con la pobreza de nuestro entorno?, o buscar la justicia, la verdad, la igualdad, etc.?. Si cads uno, de forma individual, fuéramos los gestores del cambio, entonces se provocaría un cambio a grandes escalas.
Que Dios nos de la gracia de ser una sociedad más espiritual, que mire más al cielo y que seamos tan aguerridos que podamos meternos hasta el cuello de las aguas del amor.
Shabbat shalom
