Dios vive – literalmente – dentro de cada persona.
Algo que ha ido cambiando a través del tiempo, es el paradigma de que Dios está en el cielo y alejado de su creación. Hoy, todo quien cree en Dios, entiende que El vive en todas partes, y en el corazón de cada ser humano.
Pero, ¿podría la ciencia ayudar a corroborar esto de forma tácita?
Antes de responder esta pregunta, primero debo poner sobre la mesa algunos puntos que se requieren para el análisis (trataré de ser conciso y claro para no dar lata).
1. Según la sabiduría de la Kabbalah Dios creó el universo con las letras hebras (se que suena algo loco, pero hay que entender las letras como emanaciones vibratorias de energía con ciertas frecuencias específicas).
2. Dios manifestó a su creación en una secuencia de descenso paulatino de luz, creando así 3 niveles o “mundos” espirituales hasta llegar a nuestro mundo o plano físico, el cual no tiene luz propia (debemos bajar la luz desde los mundos superiores). En total 4 mundos (incluyendo el nuestro) que permiten acceder a la luz de Dios de forma progresiva y ascendente (no podemos acceder a la luz directa de Dios porque, figurativamente, nos electrocutaríamos).
3. “La escalera de Jacob” (relato de la biblia donde se cuenta que Jacob tuvo un sueño donde veía una escalera desde la tierra hasta el cielo por donde subían y bajaban Ángeles), es justamente la representación de esta idea de la secuencia de mundos por donde nuestra alma se manifiesta y nos permite ir accediendo a la luz del Creador conforme nuestro nivel de conciencia va elevándose.
A partir de estas 3 ideas, nos enseñan los sabios que cada uno de estos 4 niveles también fue regido o gobernado por una letra específica. Así, el mundo más elevado fue hecho con la letra Yud, el siguiente mundo con la letra Hei, el siguiente con la letra Vav y el último (nuestro mundo) nuevamente con la letra Hei. Estás 4 letras Yud Hei Vav Hei (יהרה) conforman nada más y nada menos que el nombre más sagrado de Dios (nombre que no tiene pronunciación fonética).
Toda la creación y específicamente nosotros, los seres humanos, fuimos creados bajo el gobierno y emanación energética de estas 4 letras en un descenso progresivo de niveles que en la kabbalah se ve representado en lo que se conoce como el árbol de la vida. Cada uno de nosotros somos un árbol de la vida (energéticamente hablando).
Con estos pocos elementos kabbalisticos sobre la mesa, que pueden sonar un tanto esotéricos, extraños y producto de la imaginación de algún místico loco, quiero intentar responder la pregunta original:
¿podría la ciencia ayudar a corroborar que Dios vive dentro de cada persona?
Para responder la pregunta científicamente no tenemos más opción que irnos, literalmente, dentro de nosotros, nuestra biología.
¿Cuál es el componente biológico interno que nos define como seres humanos?
El ADN. El ADN es una proteína compleja que se encuentra en el núcleo de las células y es el principal constituyente del material genético de los seres vivos, por lo tanto si nuestra semilla genética es el ADN, entonces suena lógico que escudriñemos allí para saber si Dios está en nuestro interior.
En octubre de 1986, el Instituto de Ciencias Weizmann en Israel el Rabino y el Dr. Yeshayahu Rubinstein, realizaron una de las investigaciones más sorprendentes sobre el ADN.
Revisando los 4 ácidos nucleicos que contiene el ADN (Adenina, Timina, Citosina y Guanina), notaron que entre estos se forman puentes de sulfuro que, entre otras cosas, tienen la función de mantener unida a la estructura del ADN para que no se separen las dos hélices que se van retorciendo una con la otra (dándole esta tan típica apariencia de escalera en espiral)
Sin esos puentes de sulfuros, que sirven de unión a la estructura, las células simplemente explotarían y la vida no sería posible.
Lo clave de la investigación fue que al ver el patrón de distribución de esos puentes de sulfuro se determinó que se distribuyen bajo una progresión de: 10 ácidos, 5 ácidos, 6 ácidos y 5 ácidos sucesivamente. La razón de que esto sea así se desconoce y realmente para efectos de esta reflexión tampoco es relevante. Lo que es realmente relevante es saber que esta progresión 10-5-6-5 permite que el ADN mantenga su estructura y no destruya las células permitiendo la vida.
¿Y todo esto como demuestra que Dios vive dentro nuestro?
Cada letra en hebreo tiene una correspondencia numérica y la Gematría es un método de interpretación de nombres, palabras y frases hebreas basada en la asignación de dicho valor numérico a cada carácter del alfabeto.
Es así que para el caso del nombre sagrado de Dios tenemos que: Yud (י) = 10 , Hei (ה) = 5 , Vav (ר) = 6 y la última Hei = 5
Wow!… ¡exactamente la misma secuencia de la creación es la que sigue el ADN para mantener la vida!, pero no solo eso!
La suma de todas las letras es igual a 26 (10+5+6+5), y si sumamos la posición de las zefirot (esferas) del árbol de la vida que van por el tronco central tenemos:
(Keter) 1+
(Tiferet) 6+
(Yesod) 9+
(Maljut) 10
También es 26!!, Denotando el camino recorrido para la creación (por el tronco del árbol de la vida).
Si observamos, ¿Qué hacemos cuando tenemos en frente un árbol con sus frutos más grandes en la copa del árbol? (Los frutos más grandes siempre están en la parte de más arriba porque reciben más sol).
Ponemos una escalera para elevarnos y alcanzar el fruto más sabroso.
Nuestro fruto espiritual más dulce también está en el mundo más alto, donde está la mayor cantidad de luz y el ADN es la escalera de Jacob que nos permite ascender o descender ya que el ADN utiliza el mismo código espiritual utilizado para la creación de los 4 mundos.
Este mensaje es poderoso!!!… no es solo que veamos el nombre de Dios inscrito en el ADN sino que además nos dice que el ADN es nuestra escalera espiritual!…
El secreto es que podemos alcanzar la vida eterna modificando nuestro ADN al elevarnos hasta el mundo superior de luz conectando con el Creador.
Para finalizar, sabemos que en la Torá nada está escrito al azar, por lo tanto no es casualidad que el relato bíblico de la creación de Adán esté escrito en el primer capítulo de Bereshit (génesis), en el versículo obviamente más significativo, el versículo 26!.
Shabbat shalom!
