La Kabbalah nunca ha invalidado a la ciencia y sus logros, todo los contrario, hemos visto que muchos descubrimientos científicos ya habían sido explicados siglos antes en lo que se conoce como el lenguaje de las ramas, un lenguaje místico que intenta explicar la relación entre la causa raíz de las cosas (que ocurre en los mundos superiores) y los efectos (cosas que ocurren en nuestro mundo físico).
Aclaro esto porque hoy mi reflexión tiene que ver con algo que me costó bastante tiempo entender, sobre todo por esta característica racional que me acompaña (mi numerología está invadida de números 4 que representan lo cuadrado y racional de mi persona).
En mis primeras clases de Kabbalah, me explicaban que lo más importante era dejar el egoísmo y compartir dado que compartiendo nos haremos semejantes al Creador – que comparte infinitamente – y así seremos felices (o sea me decían que polos similares se atraen). Sin embargo, esto iba en contra de la ley tan básica de la física que dice que polos opuestos se atraen. Entonces, ¿quién dice que eso de compartir es tan cierto?, ¿como alguien puede asegurar que asemejarse a Dios es la verdadera clave para la plenitud? Y más difícil aún, ¿cómo la ciencia podría ayudarme a avalar esta postura kabbalista de que polos similares se atraen siendo que la propia ciencia dice que los opuestos se atraen?
La respuesta la obtuve de un linaje de Kabbalistas muy antiguos y afamados que inició con:
Yehuda Ashlag (1884) continuando con Yehuda Brandwein y finalmente el conocimiento llegó a nuestros tiempos con Philip Berg
Ellos entendieron que el elemento básico de la materia, el átomo, explicaba de manera perfecta el porqué la clave de la felicidad es compartir.
Todos sabemos que los átomos están compuestos de electrones (carga negativa), protones (carga positiva) y neutrones (elemento con carga neutra). También, si hacemos algo de memoria de la clase de física del colegio, recordaremos que 2 átomos se unen o enlazan dado que el electrón de 1 de ellos se atrae por el protón del otro (de ahí nace el tan antiguo axioma de que polos opuestos se atraen).
Pero hay algo muy curioso en esta teoría… si realmente polos opuestos se atraen, entonces porque el protón del mismo átomo no atrae al electrón de sí mismo?, dicho de otro modo, ¿por qué este efecto de atraerse ocurre entre 2 átomos diferentes y no ocurre lo mismo entre las partículas de 1 mismo átomo?
La respuesta que la Kabbalah da a este fenómeno es que realmente este plano está configurado para operar compartiendo entre 2 o más entidades y no a sí mismo. Es decir, este mundo está diseñado para establecer lazos firmes (enlaces cobalentes) o lazos débiles tal como lo hacen los átomos que mantienen unida a toda la materia que conocemos (incluso nosotros mismos), pero la materia surge de la unión de 2 y no de 1.
Centrándonos en nosotros mismos de forma egoísta nos mantendremos repeliéndolos (tal como el mismo átomo se repele y el protón no atrae a su propio electrón)
Una cosa más, quizás la más importante!.
¿Esto de establecer enlaces entre 2 nos hace realmente felices?
Volviendo al átomo, ¿cuál es la razón de que estos compartan sus electrones?.
Según el lenguaje de la ciencia un átomo comparte sus electrones para estabilizar al otro y el otro recibe los electrones para balancear al que se lo otorgará. Lo mismo, pero explicado en el lenguaje de las ramas de los Kabbalistas, es “compartir para recibir”, es decir comparto electrones incondicionalmente y el otro recibe electrones pero con el fin de compartir balanceando al otro. Ambos finalmente están compartiendo y aquí aparece por fin el principio de “semejantes se atraen”, dos átomos queriendo compartir establecen un lazo haciéndose 1.
Dos grandes conclusiones que la propia ciencia establece como verdad:
– no puedo atraerme a mi mismo. Solo con 2 o más átomos es posible establecer enlaces de materia
– El enlace se establece en una primera instancia dado que el protón de 1 atrae al electrón del otro (polos opuestos se atraen – ley de la física), pero la conciencia subyacente en el enlace es que ambos átomos quieren compartir para enlazarse (polos semejantes se atraen – ley espiritual)
Para mi, entender esto fue revelador y me hizo entender la importancia de nuestra misión y esencia como seres parte de esta naturaleza colmada de átomos.
Somos un cúmulo de deseos egoístas en este plano (polos opuestos se atraen) pero debemos depurar nuestra esencia subyacente del alma que es Compartir incondicionalmente con los demás. Esto nos hace semejantes a la fuerza del Creador y establecerá un enlace que nos hará a todos retornar a la Vasija unificada de la que provenimos.
Shabat shalom!
