Este Shabbat tiene algunas particularidades. Es el primer Shabbat después de creada la humanidad, también es el Shabbat que se encuentra entremedio de los 7 días de Teshuvá (arrepentimiento) antes de la llegada del día de la expiación llamado Yom Hakipurim. Y curiosamente este año, este Shabbat, coincide con la conmemoración del terrible evento ocurrido con el World Trade Centre un 11 de septiembre.
Quizás estas particularidades nos ayuden a reflexionar respecto a cuán grande es el amor que Dios nos tiene, pues aún siendo una humanidad terca, egoísta y capaces de atrocidades como las de aquel 11/09, finalmente Dios siempre termina dándonos nuevas oportunidades.
¿Cómo lo sabemos?
Pues es revelador ver cómo Dios a las puertas de la muerte de Moises, después de los 40 años por el desierto, producto de que el pueblo se apartó del Creador, Dios le revela a Moises que este mismo pueblo, una vez que Moises muera, nuevamente se revelará, se quejará y se apartará del camino (Deuteronomio 31:14).
Toda una travesía épica, desde la salida de Egipto (nuestro Ego), cruzando el Mar Rojo, comiendo Maná, bebiendo agua desde una roca, habiendo escuchado a Dios en el Sinaí, todo cinematográfico, ¿para qué?… para que Dios le anuncie a Moisés que el pueblo (nosotros) simplemente es un fracaso!…
Suena triste, pero Dios lo sabía y lo sabe, porque aún seguimos aquí después de más de 5800 años desde el nacimiento de Adán y continuamente nos estamos aportando de sus caminos, dándole cabida a nuestro ego; con el miedo, la avaricia, la envidia, la tristeza, etc.
Sin embargo, aún sabiéndolo, Dios cumple su pacto y horas más tarde, le entrega al pueblo (nosotros) la tierra prometida.
Suena tan contradictorio, Dios si sabe que nos desviaremos, ¿por qué mejor no destruye el mundo y comienza todo de nuevo?…
La respuesta a eso es simplemente porque el plan divino recién lleva la mitad de su ejecución, no es que con la entrega de la tierra prometida la historia acabe ahí y sea un triste final. Dios sabía que Moisés “fracasaría” y el pueblo, con tierra prometida y todo, se apartaría del Creador, pero también Dios sabe que tarde o temprano, por la fuerza o por voluntad, el pueblo (nosotros), retornaremos al camino.
La historia tiene escrito un final de aprendizaje del alma y de redención, que ocurrirá cuando nos demos cuenta que simplemente no podemos vivir desconectados de la fuente única de Luz.
Pero para darnos cuenta de eso, primero debemos pasar por el proceso de alejarnos, pues la única forma de saber que algo es necesario, es primero no teniéndolo y luego deseándolo y finalmente buscándolo y regresando a obtenerlo.
Dios sabe que nos alejaremos, pero también sabe que regresaremos y es por eso que también, Dios mismo, le dice a Moisés que El perdonará al que se desvía y se arrepiente (teshuva) con todo el corazón y con toda el alma (Deuteronomio 30:1).
Es por eso que estos 7 dias de Teshuvá son claves para reconectar y retornar al camino original.
Y es que pareciera que Dios funcionara como Wase (perdonando la comparación). Porque que cada vez que equivocamos el camino, El siempre nos está dando nuevas oportunidades y reclaculando la ruta. Podemos equivocarnos 10 mil veces, pero el siempre dirá “recalculando”.
Dios tiene un único objetivo para la humanidad, llevarnos al único destino posible, la reunificación de todas las almas al alma original y ésta a la unión con El, la fuente infinita de amor incondicional.
Que estos días nos sirvan para reflexionar en cómo mantenernos atentos y jamás apagar nuestro Wase que, aún en medio de las más grandes atrocidades de la humanidad, como lo fue el 11/9 , nos impulsa una y otra vez volver a nuestro destino final, la tan esperada redención.
Shabbat shalom.
