Durante la juventud, previo a salir del colegio, todos se proyectan hacia el futuro y se visualizan teniendo una vida placentera, cómoda, estable y segura. De ahí que muchos decidan seguir carreras de éxito asegurado como medicina, ingenierías varias, entre muchas otras, siempre con la ilusión de asegurar el éxito.
Y es que nuestro cerebro siempre prefiere estabilidad, seguridad y reconocimiento ante todo. Por lo tanto, durante nuestro proceso de descubrimiento vocacional, nos vamos moviendo entre lo que mi cerebro imagina y lo que realmente quiero ser, aunque eso que quiero sea algo realmente poco remunerado o reconocido.
Todo lo anterior causa mucha ansiedad en la juventud, porque conciliar ambas cosas se torna un suplicio que a veces ni si quiera se logra hasta muchos años después de salir del colegio. Además, al asomarse para ver cómo les ha ido a los ya adultos, se ven cientos de casos de personas frustradas, esclavos del trabajo, endeudados, cesantes y da lo mismo si optaron por ser artistas o médicos, pareciera que igualmente nadie se siente feliz o alcanza el tan ansiado éxito. Todo esto aumenta el temor de los jóvenes para enfrentar el mundo.
Y es que quizás falta que en los colegios y en los hogares enseñen una palabra muy corta, pero muy profunda, que es la «Shefa».
Shefa (שפע), traducirá como abundancia, se puede comparar a la electricidad. La electricidad en nuestros hogares está de forma permanente, fluye sin detención y nunca varía su intensidad (220 watts). La electricidad está ahí, lista para ser accedida sin cuestionamientos, sólo está esperando a que alguien encienda el interruptor para dejarla pasar.
La Shefa funciona bajo ese mismo principio. Está siempre ahí derramándose desde Jesed, entre los mundos superiores, hospedándose en la zefirá Tiferet (belleza) del árbol de la vida, esperando a que se encienda el interruptor entre maljut (nuestro plano físico) y Yesod (la esfera arriba de maljut que conecta con los mundos superiores), para que esta energía se precipite sin límites a nuestras vidas.
Entonces, si la Shefa siempre está ahí, ¿cuál debería ser nuestro foco de atención?
¡El interruptor!
Una analogía para entender nuestros interruptores sería, así como cada individuo busca una casa para vivir, que cumpla con características acordes a la realidad de cada uno, así también nuestro Creador nos escoge un escenario idóneo para nuestra alma con interruptores configurados de tal forma que permite el paso justo de Shefa a nuestras vidas para cumplir nuestro propósito y soportar los embates del mundo.
La Shefa es como un interruptor con dimer.
Una persona podría tener el interruptor de la salud con el dimer activo al máximo, pero el interruptor del amor solo dejando pasar una pequeña cantidad de abundancia. Hay miles de configuraciones predeterminadas posibles y no tiene que ver con que tan buena o mala es una persona sino con cuál es su mejor configuración para hacer evolucionar su alma. Aquí no tiene que ver la moralidad o la ética, sólo el propósito.
Con esto se explica porque hay personas que podrían llamarse “no buenas” o “no espirituales” y que son súper exitosas en muchos ámbitos de la vida, y es que fueron configurados para tener sus dimer muy abiertos en muchos aspectos con el fin de que sus almas evolucionen y aprendan a través de todo ese exceso de abundancia (ojo que tal como con la electricidad, el exceso te puede electrocutar).
¿Tenemos el poder de modificar la intensidad en el dimer?, sí!.
Podemos subir o bajar la intensidad de todos nuestros dimers!. Ese millonario que nació en cuna de oro, que de un día a otro perdió toda su fortuna, modificó su dimer.
Ese hombre pobre, sin estudios ni preparación, de pronto da en el clavo con un emprendimiento y se hace millonario, modificó su dimer. Estamos continuamente modificando nuestros dimers, el de la salud, el sustento, el amor, la fertilidad, etc. Y lo hacemos consciente o inconscientemente.
¿Hay casos en que cuesta más mover un dimer?. Sí, pero no es imposible.
Una persona con situaciones agudas de salud o un niño desnutrido en Africa probablemente deban hacer mucho trabajo para mover sus dimer de salud y sustento respectivamente, soin embargo todo es posible pues en el intrincado juego de las almas, nuestro Creador puede permitir incluso cambiar nuestra alma por una que ya no requiera de un setting de escaces de dinero o de salud. Así es como se producen los milagros o aquellas situaciones inesperadas e inexplicables.
¿Cómo se mueven los dimers?
La mayoría de la humanidad no hace nada consciente para mover sus dimers y estos se mueven de acuerdo al actuar inconciente de cada persona y entonces pareciera que la abundancia o la escasez son producto del azar, la suerte, el destino o el caos.
Sin embargo, la Kabbalah nos enseña que podemos acceder a estos interruptores y tomar control de ellos. ¿Cómo?, con un adecuado nivel de conciencia a la hora de ejercer nuestro libre albedrío.
Somos seres luminosos en busca de un único propósito, restaurar nuestra alma original aprendiendo a recibir para compartir, por lo tanto, si pongo esa conciencia en cada cosa que hago, estaré accediendo al tablero central donde están los interruptores.
¿Entonces no tiene que ver lo que escoja para mi futuro, lo que asegurará mi bienestar y comodidad?, NO!. Simple y sin letra chica, NO!
Suena simple, pero acceder al tablero de control solo con un nivel de conciencia adecuado a veces no alcanza. Nuestro mundo es tan denso y sin luz qué hay que trabajar duro para mantener un nivel de conciencia elevado así que, aquí van algunas herramientas adicionales para lograr mover los dimers a nuestro gusto:
- La plegaria es una herramienta ancestral y poderosa para conectarse directo a la fuente desde donde mana la Shefa.
- El diezmo es una herramienta muy efectiva si quieres asegurar la Shefa del sustento. (Todos creen que al diezmar uno se empobrece y es totalmente al revés)
- Bendecir cada cosa y sobre todo lo que ingieres de alimentos. A través de la bendición nuestro cuerpo estará mejor preparado para recibir la Shefa (por afinidad de forma)
- Estando alegres, confiados de que todo siempre es para nuestro bien eterno. No lograr la Shefa que se desea no debe ser motivo de tristeza o depresión, pues finalmente hay un Rey que no sólo mueve mis interruptores, sino que los del universo entero, de formas que no siempre entendemos.
- Meditando. Uno de los procesos principales de cualquier tipo de meditación es una respiración consciente, es aspi que según los sabios Kabbalistas, el vehículo que utiliza la Shefa para cubrir a nuestro mundo es el Aire, esto dado que «Aire» en Hebreo se escribe אויר y «Luz» en hebreo se escribe con 3 de las mismas letras אור. La Shefa la respiramos y por tanto tenemos el potencial de despertar las chispas de luz de ese aire que entra a nuestro cuerpo
- Estudiando el manual de la caja central de interruptores, la Torá. De hecho, Torá se traduce como “instrucción” siendo este el mapa metafísico que nos permite conocer en detalle cómo abrir los interruptores de la Shefa al máximo. En el libro de Deuteronomio 33:19 está escrito: “llamarán a los pueblos al monte; allí ofrecerán sacrificios de justicia, pues disfrutarán de la abundancia (Shefa) de los mares y de los tesoros escondidos en la arena.”. En un sentido oculto (Sod), los mares hacen referencia a la Torá y los tesoros escondidos en la arena, es el conocimiento oculto que es revelado por la Kabbalah.
- Conectarse con la abundancia. No se puede atraer abundancia si no tenemos afinidad de forma con ella, por lo tanto, si quiero abierta la llave de la abundancia del sustento entonces, en la medida de las posibilidades, demuestra sustento, siente y percibe sustento en tu entorno, imagínalo y recrearlo en tu mente, vístete de una forma que te rememore una sensación de sustento (por ejemplo, elegantemente dentro de tus posibilidades), etc.
- Desear abundancia y una vida llena de sustento y comodidad no es un pecado como nos ha querido enseñar el mundo occidental. El deseo es el motor de la espiritualidad, sin deseo no se mueve el mundo. El tema es desear en grande pero también con un gran altruismo, no es lo mismo querer ser millonario para tener poder y fama que querer serlo con el firme propósito de ser también un filántropo.
- Busca afinidad de forma con la Shefa. Siempre ser altruista con la abundancia que estoy buscando. Si quiero dinero, comparte dinero (diezmo), si quiero una pareja piensa en que pareja quieres para tú otorgarle cosas a esa pareja y no al revés. si quieres salud, has plegaria por la salud de los enfermos, etc.
- Internaliza que somos seres destinados a alcanzar la abundancia. La palabra Shefa (שפע) tiene un valor gemátrico de 450. Por otro lado, sabemos que el hombre (no como género masculino sino como arquetipo del ser humano), el Adam (אדם), tiene una gematria de 45, lo que amplificado por las 10 zefirot del árbol de la vida, que nos define como hombre consumado, es también 450, reflejando así que nuestro estado potencial es el de tener total abundancia (Shefa)

¿Entonces no saco nada con esforzarme estudiando algo para ser profesional si aplicando todo lo anterior tendré la abundancia que necesite? Pensar así sería un error.
Si tu interruptor de la inteligencia fue configurado por el Creador para que tuviera abundancia de conocimiento y si el Creador te dio la posibilidad de estar en un colegio particular gracias a la abundancia económica que pudieron tener tus padres y tu interruptor de salud te ha dado abundancia de vigor, salud y fuerza, y así muchos otros interruptores entonces, vale la pena preguntarte cuál es tu misión en en este mundo con esos interruptores así configurados. Al aplicar altruismo y una conciencia adecuada, podemos pensar que quizás parte de tu misión es iluminar al mundo a través de un aporte intelectual y profesional. Habría que preguntarle a los que trabajaron en la vacuna del COVID cuanto ellos han aportado luz al mundo por haber usado su Shefa y honrado así al Creador.
En resumen, la abundancia y la “felicidad” en la vida de adultos no lo dictará la carrera que se escoja ni lo respetado o reconocido que pueda llegar a ser la persona. La verdadera abundancia se logra precipitando, a este mundo, las aguas de los ríos superiores del Edén, que es de donde nace la Shefa, y llega a nosotros dispuesta a inundarnos, siempre y cuando estemos dispuestos a ahogarnos en ella a través de nuestro adecuado trabajo espiritual y su correspondiente trabajo físico (sea cual sea y no el que la sociedad dice que es el más exitoso).
Shabbat shalom.
