Tiempo de lectura: 7 minutos – Kabbalah: Básico
Esta semana fue Yom Kipur, un evento cósmico de gran envergadura y de gran significado espiritual. Lamentablemente la vinculación de esta fiesta con la religión judía hace que muchos desconozcan su poder energético, ni siquiera los mismos judíos puede que conozcan toda la luz que se puede revelar durante este periodo. Y es que Yom Kipur, que se traduce como el día del perdón, está asociado a una liturgia judía donde todo el mundo debe pedir perdón y estar con un corazón contrito debido a las faltas que se hayan cometido y se pide fervientemente para que Di-s tenga piedad de nosotros como pecadores.
Sin embargo, los kabbalistas enseñaron hace miles de años que Di-s no tiene la capacidad de juzgar y por ende de perdonar. Suena extraño pensar que Di-s no tenga la capacidad de hacer algo siendo Él todo poderoso ¿Acaso si Él quisiera no podría destruir a la humanidad completa con sólo un chistar de dedos?
Debemos aprender que la fuerza a la que llamamos Di-s es infinita y transmite en una única frecuencia que es la del amor incondicional. Di-s no puede, por definición, castigar, destruir o juzgar, al menos como lo entendemos comúnmente. Todo eso en los mundos superiores no existe ya que allá arriba no existe la dualidad, lo bueno o lo malo simplemente no existe. Lo único que existe es la fuerza inagotable e infinita del Creador.
Y entonces ¿Por qué insistimos en pensar que Di-s castiga o premia?
Porque en el nivel donde vivimos sí existe la dualidad y somos nosotros mismos quienes provocamos la fragmentación de la conciencia pensando en que hay cosas buenas y malas. Simplemente no podemos ver el cuadro completo, simplemente no podemos entender que somos parte de un Todo y somos el Todo a la vez. Estamos limitados por nuestros sentidos físicos y atrapados en una conciencia dual.
Si hubiera algo de lo que tengamos que responsabilizar a Di-s es de haber creado el mundo en estas condiciones de ocultamiento de la verdad.
Pero ¿Por qué crear un mundo sumido en la mentira y la confusión?
Los kabbalistas enseñaron que, así como Di-s sólo sabe otorgar infinitamente, de sí mismo creó una fuerza opuesta que pudiera recibir todo infinitamente. Sin embargo, esta fuerza opuesta en algún momento tendría un deseo que dejaría en jaque a esta aparente sociedad de dar y recibir continuo. Tarde o temprano esta máquina de deseos tendría el deseo de otorgar igual como Di-s, y ojo que no está mal, ya que esta fuerza inagotable de recibir, a la que los kabalistas llaman “vasija”, fue creada para eso.
Sin embargo, ese deseo desequilibra todo el sistema ya que sólo puede existir una fuerza dadora y no dos.
¿Cómo se resolvió este embrollo?
Transmutando la conciencia original de ese deseo que estaba causando el problema.
¿Cuál era esa conciencia?
Una conciencia egoísta. Como la conciencia de un niño cuando quiere un dulce; quiero ese chocolate, me da igual cuanto cueste, cuanta azúcar tenga, cuantos más niños quieran lo mismo siendo que es el único que queda, sólo lo quiero porque se me apetece y punto.
Bajo esa conciencia no hay afinidad de forma con la fuerza inagotable del Creador ya que este “aparente” deseo de “dar” de la vasija en realidad sólo quiere recibir para sí misma y no es un verdadero deseo de compartir. Dicho de otro modo, no se trata de la acción de dar o recibir, sino que se trata de la conciencia de dicho acto. En el ejemplo del niño que quiere un chocolate está clara la conciencia, él quiere recibir el chocolate para satisfacer su deseo y punto, sin pensar en absoluto en los demás, es decir una conciencia egoísta.
La vasija es igual, ella ahora tiene el deseo de ser como Di-s, pero no está preparada para ello, es como el niño.
La solución entonces es cambiar la conciencia del deseo de la vasija, cambiar su conciencia egoísta por una conciencia altruista aprendiendo a dar de forma realmente generosa.
Es clave entender esta idea que es el fundamento de la Creación original y de la Kabbalah.
Esta vasija ahora tiene una misión, debe aprender a seguir siendo vasija, es decir seguir recibiendo, pero ahora con la conciencia de compartir. Así, cuando llegue el momento de querer ser como Di-s, se de cuenta que siempre fue parte de Él, que siempre fueron Uno y que sólo se trataba de revelar su conciencia.
Es un proceso de aprendizaje para la vasija, pasar de ser una máquina de deseos egoístas a una máquina de deseos con una conciencia altruista no se logra de la noche a la mañana. Tal como el niño que quiere el chocolate, cuando sea más grande y su conciencia haya madurado, querrá compartir el chocolate con aquellos que ama o con sus amigos.
Si son suspicaces se habrán dado cuenta de quien es la vasija. Exacto, se trata de nosotros mismos. Somos esa máquina de deseos que estamos llamados a pasar de una conciencia de desear para nosotros mismos a desear para compartir.
Ahora se responde la pregunta ¿Por qué crear un mundo sumido en la mentira y la confusión?
Di-s creó un mundo gobernado por las limitaciones y las ilusiones, con el único fin de, a partir de nuestro propio mérito, aprender a compartir incondicionalmente y revelarlo a Él en nosotros mismos.
Pero no es fácil y tenemos al gran ilusionista viviendo con nosotros, el ego, que hará lo imposible para que vivamos sumidos en la ilusión de la dualidad.
El miedo, la incertidumbre y la duda son el resultado de vivir en este plano.
Pensémoslo bien, si pudiéramos ver el cuadro completo y sin el velo que oculta la luz, el miedo, la duda y la incertidumbre no existirían y como consecuencia no existiría el odio, la violencia ni nada de aquello que nos hace desconectarnos de la única realidad de luz que existe.
Pero ¿Qué tiene que ver toda esta explicación, que más bien se parece a la clase 1 de introducción a la Kabbalah, con Yom Kipur?
Durante esta ventana cósmica, llamada tradicionalmente Yom Kipur, tenemos el poder de tomar control sobre nuestra verdadera esencia, volver a conectarnos con el Todo, dejar de caer en la trampa de las ilusiones del ego y reconectar todo aquello de lo cual nos hemos desconectado.
No se trata de esperar a que Di-s nos perdone por nuestras transgresiones, se trata de volver a ver lo que realmente somos, de amarnos más que nunca, de reconectar con aquella fuerza a la que llamamos Di-s. Durante Yom Kipur tenemos el poder de ver nuevamente el cuadro completo y a partir de este entendimiento perdonarnos y perdonar.
Somos todos Uno, somos uno con el Creador, somos uno con el Todo, somos seres en evolución aprendiendo a compartir. Aprovechemos el poder que recibimos en esta época, a la que los sabios llamaron las grandes fiestas para que, a través de este entendimiento y de esta conciencia, la luz del Creador permee a nuestro mundo endulzándolo y transformándolo en una tierra que mana leche y miel.
Recordemos, todos somos guerreros espirituales librando la misma batalla, en la que a veces nos desconectamos de la luz por nuestras acciones egoístas, pero tenemos el poder de levantarnos y reconectar con nuestro propósito original, transmutar nuestra conciencia egoísta en altruista y así traer nuevamente bendiciones. Entender que Di-s no premia ni castiga, sino que somos nosotros mismos los que frenamos o dejamos pasar la luz infinita del Creador, es uno de los pasos más importantes para ganar la batalla.
Que todos tengamos el mérito de mantener en nuestros corazones este conocimiento, que podamos evolucionar y conectar con la vida, la abundancia, el sustento, la salud, la justicia, la paz y sobre todo conectar con la fuerza mesiánica que cada uno porta en su interior y que está pronto a nacer.
Shabbat Shalom.
