Tiempo de lectura: 5 minutos – Kabbalah: Intermedio
Sin haberlo planeado, la saga de este hombre pobre que ha ido evolucionando a un hombre más elevado, nos ha acompañado hasta la Parashá de esta semana, Parashá llamada Emor (אמר) que se traduce como di(les) o habla(les).
Si bien Di-s en muchas ocasiones le habla al pueblo de Israel, esta vez la audiencia llamada a escuchar estos “dichos” no son ellos, sino que son los sacerdotes, estas personas vestidas de lino, más depuradas y que prestan servicio en el templo, templo que como vimos en un par de reflexiones pasadas refiere a la casa donde habita Di-s. Un Di-s que los insta, a través de diferentes formas, a mantenerse santos.
Di-s sabe que este viaje de transformación espiritual no termina con tan solo iluminar lo que se piensa, habla y dice (Ver reflexión anterior). Sino que hay que ir un paso más allá, a un nivel más profundo en la evolución, que es unificar lo que pienso de lo que siento. Es decir, unificar cerebro y corazón.
Y hablando de corazón, lo primero que me gustaría resaltar de esta Parashá es la forma que Di-s escoge para hablarles a estos hombres “santos”. En todo el vocabulario bíblico existen 10 formas verbales en la que Di-s se expresa al pueblo de Israel, una de estas formas es a través de la palabra Emor, que se considera una forma suave y cariñosa de “decir” las cosas (hay otras como ordénales, encomiéndales, etc.). Esto sugiere el amor que Di-s tiene a estos hombres que han sacrificado mucho de sí mismos para llegar hasta donde están, hablándoles con todo el Jesed. De hecho, la gematría de Emor es 241, que sumando el valor de su reducción logra alcanzar el valor 248, correspondiente a la gematría de Abraham, portador de la carroza de Jesed que es amor y compasión. Igualmente, si se multiplica por 2 la cantidad de Pasukim de esta Parashá se tiene el mismo valor 248. Más aún, la cantidad total de palabras de esta Parashá es 1615 que reducido da el valor 13, gematría de la palabra “amor” (אהבה). Finalmente, un detalle más, la palabra más utilizada en toda esta Parashá es el nombre inefable de Di-s (יהוה), de esta forma el Eterno se hace omnipresente en esta porción con todo Su Jesed para hablarle a este nuevo hombre en evolución.
Ahora bien, unificar cerebro y corazón también es una idea que surge de la palabra Emor. Aunque esta palabra es muy utilizada a través de todo el texto sagrado, igualmente la envuelve un halo de misterio por el hecho de que, al ver su distribución en la Torá, notamos que ésta se encuentra un promedio de 20 veces en cada libro a excepción del libro de Vaykra, donde únicamente hace su aparición en dos oportunidades ¿Dónde? – ambas justamente en la Parashá Emor.
Es como si Di-s a propósito hubiera decidido plasmar esta palabra únicamente dentro de esta Parashá que se llama igual ¿Por qué?
Si hacemos la autopsia de la palabra Emor (אמר) vemos que esta se puede separar como:
אמ – ר
Donde, aplicando el método Albam a la palabra אמ se obtiene la palabra corazón (לב) y para el caso de la letra Resh (ר), su milui tiene la misma raíz que la palabra en hebreo Rosh que significa cabeza (ראש), referenciando a la mente o al cerebro.
Por lo tanto, Emor esconde el secreto de la unificación del cerebro y el corazón, concepto tan importante a la hora de precipitar la fuerza divina hacia nuestro mundo.
Bajo el prisma místico del Sod de la Kabbalah, Di-s revela la siguiente meta que quiere para sus sacerdotes en este proceso de convertirse en el hombre primordial que El mismo concibió en el origen de Su creación.
Esto lo aprendemos ya que la gematría de la letra Resh (200) es la misma que de la palabra Kadmón (קדמון), sugiriendo como este hombre tiene el potencial de transformarse en este arquetipo espiritual conocido como el Adam Kadmón (hombre primordial).
En conclusión, esta Parashá nos enseña a como es Di-s mismo el que nos va a impulsando y pidiendo más y más respecto a nuestro crecimiento espiritual, así mismo nos revela las claves místicas para prestar de mejor forma el servicio en nuestros templos (cuerpos) que es manteniéndonos santos y unificando nuestros pensamientos y nuestras emociones.
No podemos pensar en el amor si emocionalmente no nos amamos a nosotros mismos, no podemos ver orden detrás del caos si nuestro corazón vive sumido en el miedo, no podemos pensar en ser libres si nuestras emociones nos atan y hacen esclavos de nuestro pasado.
Sólo logrando coherencia entre el cerebro y el corazón uniremos los niveles de nuestra alma (Neshamá y Ruaj) pudiendo así precipitar a este mundo toda la luz que el Eterno tiene disponible para nosotros y la humanidad.
Shabat Shalom
