Tiempo de lectura: 7 minutos – Kabbalah: Avanzado.
Estamos llegando a la recta final del camino de los patriarcas. En la Parashá de la semana pasada Jacob, que representa a Tiferet, el corazón del árbol de la vida, viajó hasta Jarán (Maljut) para abrir los caminos que habilitaron la canalización de luz entre Biná (Lea) y nuestro mundo físico (Raquel). Pero aún falta el climax de la vida de este Patriarca antes de que inicie la travesía de Joseph, el portador de la mercabá de la Zefirá de Yesod.
Pero previo, un breve resumen de la porción de esta semana. La parashá Vayishlaj narra el reencuentro de Jacob con su hermano Esav después de muchos años de separación. Jacob envía mensajeros a Esav con animales de regalo para apaciguarlo de su ira por lo que años atrás le hizo. Durante la noche, Jacob lucha con un ángel hasta despuntar el alba, y recibe el nombre de Israel por haber prevalecido en su lucha. Al día siguiente, Jacob y Esav se encuentran y se reconcilian. Jacob continúa su viaje y llega a Shejem, donde su hija Dina es secuestrada y violada por el príncipe de la ciudad. Los hijos de Jacob, Simeón y Leví, vengan a su hermana matando a todos los hombres de la ciudad. Jacob se preocupa por las repercusiones de esta acción, pero Dios le ordena que se traslade a Betel, donde Jacob construye un altar. La parashá concluye con la muerte de Raquel al dar a luz a Benjamín y la muerte de Itzjak, el padre de Jacob y Esav.
Jacob ya va de retorno a su lugar de nacimiento (Tiferet), ya hizo todo lo que tenía que hacer en la desolada zefirá de Maljut, sin embargo, el lado de la klipá (de la negatividad) no lo dejaría irse así como así. Esav, su hermano, que representa los instintos bajos del corazón, tiene asuntos que arreglar con Jacob.
Jacob teme de su hermano porque sabe que en los territorios de Maljut, el mundo de la materia, Esav es más fuerte, esto está codificado en la Parashá Toldot 25 versículo 27, dice así:
וַיִּגְדְּלוּ֙ הַנְּעָרִ֔ים וַיְהִ֣י עֵשָׂ֗ו אִ֛ישׁ יֹדֵ֥עַ צַ֖יִד אִ֣ישׁ שָׂדֶ֑ה וְיַֽעֲקֹב֙ אִ֣ישׁ תָּ֔ם ישֵׁ֖ב אֹֽהָלִֽים
“Los jóvenes crecieron. Esav llegó a ser un diestro cazador, un hombre del campo. Jacob era un hombre erudito que permanecía en las tiendas.”
Se interpreta de “un hombre de campo” que Esav es una conciencia adherida a la tierra, el campo, es decir a Maljut. Por otro lado, se interpreta de “ser un diestro cazador” a que Esav deseaba cazar animales y los animales representa nuestros deseos básicos y egoístas. En cambio, Jacob permanecía en las tiendas, lo que se interpreta como que se refugiaba en su alma, en el mundo donde él realmente pertenece, Zeir Anpin.
Pero el temor de Jacob no se basaba solamente en el miedo porque Esav lo matara, el otro temor era volver a Zeir Anpin contaminado de las capas de oscuridad existentes en Maljut.
Jacob debía deshacerse de toda materialidad y eso le costaría caro.
Es así que Jacob comenzó su estrategia de purificarse de todo lo mundano (los animales representan lo mundano) y regalárselo a su hermano ya que, por afinidad de forma, a Esav le sería agradable este obsequio y dejaría en paz a Jacob. Dice el capítulo 32, versículo 6:
וַֽיְהִי־לִי֙ שׁ֣וֹר וַֽחֲמ֔וֹר צֹ֖אן וְעֶ֣בֶד וְשִׁפְחָ֑ה וָֽאֶשְׁלְחָה֙ לְהַגִּ֣יד לַֽאדֹנִ֔י לִמְצֹא־חֵ֖ן בְּעֵינֶֽיךָ
“He adquirido ganado, asnos, ovejas, esclavos y esclavas, y ahora envío un mensaje para decir a mi señor, para ganar favor a tus ojos”.”
En teoría la estrategia funciona ya que Esav conecta con la conciencia de lo material, pero el lado de la klipá, de la oscuridad, también tiene una estrategia y decide hablarle fuera del ámbito físico, desde lo incorpóreo y sin intermediarios. Es el propio ángel de la muerte que llega a desafiar la conciencia de Jacob.
La lucha se extiende por toda la noche y el ángel de la muerte al saber que no podrá vencer, no le queda más remedio que reconocer su derrota y bendecirlo con el nombre de Israel.
Al recibir ese nombre, ocurre una transformación y transmutación sin precedentes. Del nombre Jacob, que proviene de la raíz de la palabra talón, pasa a llamarse Israel, que al intercambiar sus letras se obtiene Rosh Li (ראש לי- “Mi cabeza” o “Una cabeza para mí”) Interpretándose como “Ya soy cabeza”. Es decir, Jacob logra elevar su conciencia desde el talón, que es lo más bajo, hasta la cabeza, que es la cúspide de la conciencia humana.
Jacob vence en el dominio de la materia y en el dominio espiritual y puede, al parecer, continuar su viaje de regreso, junto con sus hijos, a los mundos superiores con un corazón puro e iluminado. Sin embargo, en el pasuk inmediatamente siguiente, en el que Jacob es bautizado como Israel, un diálogo inusual ocurre.
Jacob le pregunta al ángel su nombre y el ángel, al parecer sorprendido, responde con otra pregunta ¿Por qué preguntas mi nombre?. Dice la Torá:
וַיִּשְׁאַ֣ל יַֽעֲקֹ֗ב וַיֹּ֨אמֶר֙ הַגִּֽידָה־נָּ֣א שְׁמֶ֔ךָ וַיֹּ֕אמֶר לָ֥מָּה זֶּ֖ה תִּשְׁאַ֣ל לִשְׁמִ֑י וַיְבָ֥רֶךְ אֹת֖וֹ שָֽׁם
“Jacob reciprocó la pregunta: “Si te place –dijo–, dime cuál es tu nombre”. “¿Por qué preguntas mi nombre?”, replicó [el ángel]. Entonces bendijo [a Jacob].”
En la lectura literal del texto pareciera que el ángel evade la pregunta con una contra pregunta, sin embargo, detrás de esta aparente incomodidad en responder, se esconde un secreto – el ángel no evadió la respuesta, sino que estaba respondiendo de forma codificada.
Si tomamos la gematría de las palabras 8, 9, 10 y 11, correspondiente a la respuesta evadida del ángel;

Y buscamos palabras en la Torá con la misma gematría, pero que a la vez sean las palabras más repetidas dentro de todo el texto sagrado (en estadística a eso se le llama “moda”), vemos que el ángel le respondió; mi nombre es el que “A ellos llevará a Egipto”:

Jacob sólo había completado un nivel más del juego, ahora tenía que prepararse para el siguiente, la esclavitud de quienes serán su descendencia, el pueblo de Israel.
En conclusión, el mérito del patriarca Jacob fue haber conectado todo el árbol de la vida, abriendo los caminos desde lo más denso de Maljut a lo más sagrado de Biná. Ahora es el turno de Joseph de finalizar lo que Noé comenzó, afianzar el fundamento del árbol de la vida, la zefirá de Yesod, que será el punto por donde las almas elevadas del pueblo de Israel descenderán a Egipto.
Que todos tengamos la fuerza de Jacob para transformar nuestra conciencia y vencer a nuestras sombras, nuestros deseos egoístas y que iluminemos así nuestros corazones para alcanzar todas las bendiciones que Di-s nos tiene reservada.
Shabbat Shalom.
