Tiempo de lectura: 5 minutos – Kabbala: Intermedio
Comienza el último libro de la Torá, Devarim, que significa “dichos” o “palabras”. Este libro, en relación al arquetipo universal del árbol de la vida, se corresponde al mundo de la manifestación (Asiá), que es el mundo donde está nuestro reino, el reino de Maljut.
Con la entrada a este mundo dejamos atrás los tres mundos superiores Atzilut, Beriá y Ietzirá que corresponden a las realidades sutiles (no físicas) que conciernen a las ideas, los pensamientos y la estructuración emocional de los mismos.
La primera Parashá de este nuevo libro también se llama Devarim y corresponde a la semilla de la energía que porta este libro, es decir, es la semilla de la manifestación física. Esto es importante ya que, como toda semilla, contiene todo lo necesario de forma potencial para ser revelado. Tal como la semilla de una manzana contiene a una manzana en potencia, así también la Parashá Devarim contiene al libro de Devarim en potencia.
Es de esperarse entonces que este concepto de “manifestación” sea clave en esta porción de la Torá.
En un muy breve resumen, Moisés habla al pueblo de Israel y repasa la historia desde su salida de Egipto hasta su llegada a las fronteras de la Tierra Prometida, recordándoles los eventos negativos vividos producto de su terquedad e iniquidad. A lo largo de este relato, se enfatiza la importancia de la obediencia a Dios, la justicia y la preparación para la conquista de Canaán.
Ahora bien, si leemos con atención el inicio de esta Parashá, se menciona una secuencia de referencias geográficas sólo para precisar el lugar en donde Moisés le hablará al pueblo de Israel. Dice el versículo 1:
“Éstas son las palabras que Moshé le habló a todo Israel junto al margen oriental del Jordán, en el desierto, [y] en la Aravá, cerca de Suf, en las inmediaciones de Parán, Tófel, Laván, Jatzerot y Di Zahav.”
Para ser exactos 9 referencias sólo para indicar el lugar donde Moisés habló. ¿Curioso no?
Posterior a este peculiar comienzo, Moisés comienza una especie de reproche al pueblo por todas las veces que éste se reveló a Di-s, situación que también es curiosa ya que nadie hubiera esperado que alguien tan elevado como Moisés, se quejara de algo que él mismo sabía que ocurriría, dado su nivel de profecía y entendimiento de los mundos superiores.
Y entonces, ¿Qué nos quiere enseñar la Torá con estas dos situaciones?
Los sabios nos dan algunas explicaciones al respecto, sin embargo, esta vez quiero exponer una mirada diferente, basado en la física cuántica, y que a mi juicio explica muy bien este concepto de “manifestación”.
Hoy la física cuántica nos enseña que todo está en potencia, pero basta con que aparezca un “observador” para que aquello que era potencial (función de onda) colapse y se manifieste en una partícula concreta ¿En dónde se manifestará?, el observador lo determina de un infinito número de posibilidades (superposición de realidades), todas posibles en un mayor o menor grado.
No es la intención que esta reflexión sea una explicación científica de lo mencionado en el párrafo anterior, pero sí es importante el concepto ya que la Torá, hace más de 3 mil años atrás, nos enseña algo muy similar.
Moisés menciona estos 9 lugares sin mencionar explícitamente lo que fue manifestado en ellos, dando a entender que ellos podrían albergar tanto luz u oscuridad en potencia, ambos estados superpuestos con la misma posibilidad de manifestación. Más adelante en la Parashá, Moisés hace esta especie de “reclamo” a los israelitas, pero en realidad lo que está haciendo es enseñarles que aquello que estaba en potencia fue manifestado en nuestra realidad como desconexión con el Creador. Desconexión manifestada en los pecados del desierto, en la ira de Dios en el valle de Moab cerca de Suf, en los murmullos en Parán, en las quejas del maná en Tofel, en las críticas sobre la ausencia de carne en Jatzerot y en haber erigido el becerro de oro en Di-Zahav.
El pueblo de Israel no estuvo a la altura y debió pasar por un duro y largo período de depuración de conciencia que les tomó nada más y nada menos que 40 años. Pero ahora Di-s vuelve a llamar al observador con un gran “¡Miren!”, para que ahora conquisten la tierra. Dice el versículo 8:
“¡Miren! He puesto la tierra delante de ustedes. Vengan, ocupen la tierra que Dios juró que les daría a sus padres, Avraham, Itzjak y Iaakov, y a sus descendientes después de ellos”.
Un estado de conciencia depurado permitirá al pueblo de Israel manifestar una realidad luminosa, una realidad que la Torá llama “la tierra prometida”.
Con esta enseñanza es que Di-s nos llama a ver el cuadro completo (todas las posibilidades) y escoger manifestar la luz por sobre la oscuridad. Esto también es revelado en el mismo versículo 8 en las palabras 10, 11 y 12 que dicen: “que Di-s juró” (אשר נשבע יהוה), en donde las primeras letras forman el nombre de Dios אני. Este nombre de Di-s nos permite ver el cuadro completo, se despierta nuestra conciencia acerca de los efectos a largo plazo de mis acciones. Adquirimos la habilidad de captar los desafíos espirituales en cada momento, resolviéndolos sabiamente en su totalidad.
Adicionalmente, la letra más repetida en este versículo 9 es la letra Alef, la que se repite 10 veces, mostrándonos como la fuerza del Uno se manifiesta en nuestro árbol de la vida al escoger conquistar la tierra prometida.
En conclusión, esta Parashá contiene la fuerza de la manifestación. El guerrero espiritual ya está preparado para la batalla final que es la de escoger la luz, de revelar a Di-s en esta realidad física y alcanzar así su máximo potencial haciéndose uno con el Creador.
Que durante esta semana optemos por manifestar luz a través de nuestras acciones amorosas, de bondad, de compasión y por sobre todo de amor incondicional.
Shabbat Shalom
