Kabbalah: Avanzado – Tiempo de lectura: 8 mins
El libro de Bereshit está compuesto de 12 porciones, de las cuales 6 de ellas ya las hemos analizado. Esta semana se inicia la segunda mitad de este enigmático libro que nos relata mucho más que 7 días de creación. Bereshit revela como una fuerza infinita y todopoderosa, a la que los kabbalistas llaman luz, se contrajo dando forma a la creación y al mismo tiempo creando un arquetipo, compuesto de un sinfín de atributos que permiten, a través de intelectos divinos, que el flujo de esta luz sea soportable por nosotros.
Estos atributos los llamamos vasijas de energía o zefirot y la Tora, de forma codificada a través de las historias de los patriarcas, revela como ocurre este proceso de maduración de intelectos, que es nuestra conciencia.
Hoy toca reflexionar acerca de la Parashá Vayetze. En un muy breve resumen Vayetze comienza con Jacob huyendo de su hermano Esav y dirigiéndose a Jarán, la tierra de su familia materna. En el camino, Jacob se detiene a descansar y tiene un sueño en el que ve una escalera que conecta la tierra con el cielo, con ángeles subiendo y bajando por ella. En el sueño, Di-s se le aparece y le promete protección, una gran descendencia y la tierra de Canaán. Jacob despierta y nombra el lugar Betel (la casa de Di-s), haciendo un voto de que si Di-s lo protege y lo trae de vuelta en paz, él lo servirá y hará de Betel un lugar sagrado.
Jacob llega a Jarán y se encuentra con Raquel, la hija de su tío Labán, en un pozo. Raquel estaba allí para dar de beber a las ovejas. Jacob, al ver a Raquel, se acerca y quita la piedra que cubría el pozo, permitiendo que las ovejas beban agua. Este acto de quitar la piedra del pozo muestra la fuerza y determinación de Jacob, y marca el inicio de su relación con Raquel.
Jacob se enamora de Raquel y acuerda trabajar siete años para Labán a cambio de casarse con ella. Sin embargo, Labán engaña a Jacob y le da a su hija mayor, Lea, en lugar de Raquel. Jacob trabaja otros siete años para casarse también con Raquel. Durante su estancia en Jarán, Jacob tiene hijos con Lea, Raquel y sus siervas Bilhá y Zilpá, formando así la base de las doce tribus de Israel y marcando el nacimiento de Joseph, el último patriarca del libro de Bereshit.
Jacob prospera en Jarán, acumulando riquezas y ganado. Después de muchos años, decide regresar a Canaán con su familia. Labán intenta detenerlo, pero finalmente acuerdan un pacto de paz. Jacob y su familia parten hacia Canaán, enfrentando desafíos y conflictos en el camino, pero con la protección y bendición de Di-s.
Como se puede apreciar, muchos eventos ocurren en esta porción, sin embargo, para dar continuidad a lo que veníamos explicando de las reflexiones anteriores, sólo nos concentraremos en algunos detalles específicos. Para esto debemos volver a Tiferet, que es Jacob. Esta Zefirá, que representa el corazón, ya está canalizando luz en todas direcciones, sin embargo, no basta con que el corazón lata e irrigue luz, Jacob debe asegurarse que el flujo llegue con suficiente fuerza hasta la parte más alejada y desolada del árbol de la vida, Maljut, con el fin de que se pueda generar el flujo de regreso, lo que se conoce como la luz retornante.
Dice el versículo 10 del capítulo 28:
וַיֵּצֵ֥א יַֽעֲקֹ֖ב מִבְּאֵ֣ר שָׁ֑בַע וַיֵּ֖לֶךְ חָרָֽנָה
“Jacob salió de Beer Sheva y se dirigió hacia Jarán.”
Beer Sheva se traduce como “pozo de los siete” y están en relación con Biná y Zeir Anpin (7 zefirot). Por otro lado, Jarán se traduce como “desolado” en relación con Maljut, nuestro mundo más alejado de la luz del Creador. Por tanto, Jacob bajó desde los mundos superiores a la conciencia de Maljut para tomar dominio de ella.
Ahora bien, dice el siguiente versículo:
וַיִּפְגַּ֨ע בַּמָּק֜וֹם וַיָּ֤לֶן שָׁם֙ כִּי־בָ֣א הַשֶּׁ֔מֶשׁ וַיִּקַּח֙ מֵֽאַבְנֵ֣י הַמָּק֔וֹם וַיָּ֖שֶׂם מְרַֽאֲשֹׁתָ֑יו וַיִּשְׁכַּ֖ב בַּמָּק֥וֹם הַהֽוּא
“Llegó a un lugar conocido y pasó allí la noche porque el sol ya se había puesto. Tomando algunas piedras, las puso a la altura de su cabeza y se acostó a dormir allí.”
Es decir, Jacob tomó control de los juicios existentes en Maljut, ese es el significado de poner las piedras a la altura de su cabeza, aunque el Zohar también explica que no se trataba de la cabeza de Jacob, sino que de la cabeza del mundo en sus 4 direcciones.
Lo importante es que Jacob debe asegurarse de que desde este lugar desolado, que es Jarán (Maljut), se logre retornar la luz a sus ancestros Abraham, Itzjak y de él mismo, que se corresponden con la tres zefirot Jesed, Gevurá y Tiferet respectivamente.
Lo anterior lo aprendemos a partir del versículo 2 del capítulo 29:
וַיַּ֞רְא וְהִנֵּ֧ה בְאֵ֣ר בַּשָּׂדֶ֗ה וְהִנֵּה־שָׁ֞ם שְׁלשָׁ֤ה עֶדְרֵי־צֹאן֙ רֹֽבְצִ֣ים עָלֶ֔יהָ כִּ֚י מִן־הַבְּאֵ֣ר הַהִ֔וא יַשְׁק֖וּ הָֽעֲדָרִ֑ים וְהָאֶ֥בֶן גְּדֹלָ֖ה עַל־פִּ֥י הַבְּאֵֽר
“[Jacob Llegó a un lugar] donde vio un pozo en un campo. Tres rebaños de ovejas estaban echados junto a él, puesto que era de este pozo que se les daba de beber a los rebaños. La parte superior del pozo estaba cubierta con una gran piedra.”
El Zohar nos explica que estos 3 rebaños son Jesed, Gevurá y Tiferet que deben de beber del pozo, que es Maljut. Pero el pozo está tapado con juicios, que es la gran piedra sobre él.
La pregunta que cabe aquí es:
Dado que Jacob tomó dominio sobre los juicios en Maljut, ¿podrá quitar la piedra del pozo haciendo que los tres rebaños (Jesed Gevurá y Tiferet) beban?
La respuesta la da el versículo 10 del capítulo 29:
וַיְהִ֡י כַּֽאֲשֶׁר֩ רָאָ֨ה יַֽעֲקֹ֜ב אֶת־רָחֵ֗ל בַּת־לָבָן֙ אֲחִ֣י אִמּ֔וֹ וְאֶת־צֹ֥אן לָבָ֖ן אֲחִ֣י אִמּ֑וֹ וַיִּגַּ֣שׁ יַֽעֲקֹ֗ב וַיָּ֤גֶל אֶת־הָאֶ֨בֶן֙ מֵעַל֙ פִּ֣י הַבְּאֵ֔ר וַיַּ֕שְׁקְ אֶת־צֹ֥אן לָבָ֖ן אֲחִ֥י אִמּֽוֹ
“Iaakov miró a su prima Rajel, la cual estaba con las ovejas de su tío Laván. Se acercó e hizo rodar la piedra que estaba en la parte superior del pozo, dando de beber a las ovejas de su tío Laván.”
Si somos observadores, nos daremos cuenta de que Jacob sí pudo quitar la piedra de sobre el pozo, pero sólo después de haber mirado a Raquel.
Fue gracias a Raquel, que es la fisicalidad, que pudo hacer que la luz retornara. Esto nos enseña que para retornar luz a los mundos superiores debemos hacerlo a través de las acciones físicas en este mundo.
Pero esto último no es nada fácil. Por ejemplo, ganarse un gran premio en dinero es luz proveniente de los mundos superiores. Una persona sin una conciencia adecuada puede decidir gastarse todo ese dinero en ropa y las zapatillas de moda (cosa que en principio no tiene nada malo) o, en cambio, una persona espiritual, podría decidir retornar luz al sistema dando el 10% de aquello que recibió y con el 90% que quedó, comprarse todo lo que quisiera.
Pero claro, cuando el deseo por lo más exclusivo y costoso está primero, cuesta muchísimo trabajo siquiera pensar en dar el 10%. Es así como hay que hacer un trabajo interior muy arduo para depurar nuestro egoísmo que, constantemente nos quiere convencer de no compartir o de que nos merecemos hasta el último centavo que nos ganamos (o más bien que Di-s nos provee).
En otras palabras, debemos trabajar duro para hacer que el flujo de luz de Jacob viaje a través del árbol de la vida, de ida y de regreso.
Este es el secreto de Raquel y de Lea. Raquel representa Maljut y Lea a Biná.
Raquel era hermosa puesto que representa la fisicalidad, en cambio Lea era de ojos encantadores o delicados puesto que representa aquello que no se ve.
Jacob tuvo que trabajar 7 años para Lea. Esto representa el trabajo de Jacob para irrigar luz desde Biná, por todo Zeir Anpin hasta Maljut. Y luego tuvo que trabajar 7 años más por Raquel, que representa la luz retornante que va desde Zeir Anpin hasta Biná.

Todo este trabajo tuvo sus frutos, ¿Cuáles?, los 12 hijos de Jacob que se transformarían posteriormente en las 12 tribus de Israel.
También el esfuerzo dio como fruto a Joseph quien deberá tomar la posta definitiva de esta travesía que inició Noé en Yesod, pero eso será materia de otra reflexión.
En conclusión, Jacob como el corazón del árbol de la vida ha proporcionado justamente vida a este arquetipo de hombre primordial. De Jacob aprendemos que debemos trabajar por la luz, que debemos ganarnos las bendiciones, pero más importante aún retornar esta luz a los mundos superiores, así, lograremos un circuito virtuoso que permitirá mantener a nuestro árbol de la vida encendido y saludable.
Shabat Shalom
