Tiempo de lectura: 5 minutos – Kabbalah: Intermedio/Avanzado
La Parashá de esta semana, llamada Bejukotai (en mis estatutos), es de esas porciones que es un verdadero desafío entenderla en sus niveles más literales. Y no es que sea difícil por lo enredado o críptica que puedan ser las historias que contiene, sino que más bien por lo difícil que es conciliar el concepto de un Di-s infinito en bondad y amor versus este Di-s juicioso que premia o castiga según se cumplan las leyes que Él ha ordenado.
Bejukotai es una porción de la Torá que comienza diciendo que si el pueblo de Israel cumple todas las leyes que Él les ha encomendado, entonces tendrán miles de bendiciones. Luego, en un tono más amenazante, el discurso cambia y Di-s dice; y si no cumplen mis leyes, entonces me voy a enojar mucho y les enviaré miles de calamidades. Afortunadamente, por más amenazante que fueron las advertencias, igualmente el Creador promete que su enojo no llegará a significar la destrucción total del pueblo escogido, cumpliendo así la promesa hecha a los Patriarcas.
Claramente esta faceta del Di-s castigador debemos entenderla a partir de la luz del misticismo y las enseñanzas que sabios del pasado nos han dejado como herencia de sus viajes en este mundo. Sólo así podemos revelar secretos que dan más sentido a la Torá y por lo tanto a nuestra vida.
Pero antes de entrar en estos secretos, me gustaría mencionar un par de datos relevantes. Primero que ésta es la última Parashá del sefer Vaykra (Levítico) y como tal se considera el Maljut del libro, es decir, se trata de una Parashá de mucho poder ya que nos permite precipitar la luz de sus enseñanzas a nuestro mundo físico.
Hay que considerar que, místicamente hablando, el libro de Vaykra representa la Biná del árbol de la vida y por lo tanto esta Parashá, al ser Maljut, correspondería a Maljut de Biná o, dicho de otro modo, es la puerta de entrada a Zeir Anpin, el mundo de las emociones.
Segundo, esta Parashá corresponde a la Porción número 33 de la Torá. Este número, también de mucho poder, representa desde una perspectiva colectiva, la revelación de la luz del Creador en este mundo y, desde una perspectiva individual o personal, la revelación e iluminación de la luz de nuestra alma. Es un número que refleja el ascenso espiritual y la maestría en muchos de los casos.
Con estos elementos, más el personaje que hemos venido desarrollando en nuestra saga mística (ver reflexiones anteriores), podemos buscar luz en los textos sagrados.
Nuestro hombre rico, vestido de blanco después de todo su proceso de depuración se encuentra en una posición elevada de privilegio, él es nuestro 33, el hombre ascendido en su conciencia, que a través del control de su cerebro y corazón se logra elevar hasta la Zefirá de Jesed del árbol de la vida. Esta Zefirá es la primera de Zeir Anpin (las emociones) y, por lo tanto, es la primera en recibir la luz proveniente de Maljut de Biná. De hecho, la palabra “el sacerdote” (הכהן) aparece 10 veces en esta porción aludiendo al control de este sobre el árbol de la vida.
Sin embargo, estar ahí revierte una gran responsabilidad, porque el juego de la vida no se vive arriba de una montaña, el gran tablero del juego es en Maljut, en nuestro plano denso y corrupto, en donde las infalibles leyes de causa y efecto se hacen presentes.
Es aquí donde podemos entender que las recompensas y castigos que se mencionan en esta Parashá no son producto del amor u odio que Di-s pueda tener sobre su pueblo. Las bendiciones y las maldiciones son el aviso de que el proceso ya terminó y ahora él, estando con una conciencia elevada, debe cumplir un rol no sólo con él mismo, sino que, con toda la creación, elevando a todos los reinos y cada cosa que en ellos habite. Dicho de otro modo, es el responsable de que todo evolucione y que las chispas de luz caídas sean rescatadas.
Bejukotai es la Parashá de la evolución, donde el hombre Kadosh puede, a través de bendecir los alimentos, elevar chispas de los mundos vegetales y animales para que las almas ahí contenidas puedan evolucionar a estadios más avanzados. Donde también puede encender la chispa de la espiritualidad en su propia especie a través de su comportamiento y amor por el prójimo, permitiendo que sus semejantes eleven también su estado de conciencia.
Mantenerse Santo y hacerse responsable del mundo es el verdadero desafío y Di-s le avisa que en Maljut bajar la guardia puede traer juicio, juicio que tarde o temprano debe ser saldado, no porque Di-s sea vengativo, sino porque de otra forma no habría evolución, tal como dice el versículo 26-41;
אף אני אלך עמם בקרי והבאתי אתם בארץ איביהם או אז יכנע לבבם הערל ואז ירצו את עונם
“Entonces yo iré contra ellos (las personas del pueblo desviadas del camino) con obstinación, y los llevaré a la tierra de sus enemigos. Quizás así se haga humilde el corazón del incircunciso, expiando así su iniquidad.”
Di-s quiere a la persona de regreso con control emocional en su corazón, por eso lo lleva a la tierra del enemigo (donde se abren los juicios), para que libre sus batallas, que son los desafíos en la vida, evolucione y aprenda de los triunfos y los fracasos, entendiendo que en ambos resultados Di-s siempre ha estado presente. De hecho, Di-s en su infinito amor, le entrega a este guerrero espiritual una de las armas más poderosas existentes para ayudarlo a mitigar los juicios de él y del mundo. Le regala uno de los 72 nombres de Di-s (ילה), que contiene la secuencia de letras con las que justamente se pueden disminuir o incluso revocar los juicios.
¿Dónde se oculta este nombre de Di-s?
Se encuentra en el mismo versículo 26-41, como Notarikón (primeras letras de una secuencia de palabras) de la frase;
יכנע לבבם הערל
“Así se haga humilde el corazón del incircunciso”
Así termina Vaykra, con el claro mensaje de que nuestra misión está aquí, en este mundo, que nuestra elevación de conciencia no es únicamente un estado de paz interior, sino que va mucho más allá, llevándonos a la acción, a ser verdaderos guerreros activos, con el claro propósito de elevar las chispas caídas en cada reino de esta creación.
Vaykra nos deja en las puertas del desierto, listos para salir a librar las verdaderas batallas.
Que el Eterno nos ilumine y nos impulse para hacernos fuertes y merecedores de librar con éxito la batalla final, la esperada redención.
Shabat Shalom
