Tiempo de lectura: 5 minutos - Kabbalah: Básico
En la iconografía popular de la historia del Éxodo solemos identificar a personajes como Moisés, el pueblo de Israel, el amenazante ejército de Egipto y al intimidante mar rojo bloqueando el paso del pueblo elegido, dicho sea de paso, todos personajes del género masculino. Sin embargo, encubierto como parte del paisaje romántico de la escena de la liberación del pueblo de Israel, se esconde otro personaje clave, un personaje que hasta el día de hoy existe en nuestros propios Éxodos, me refiero a la luna.
Bajo el prisma de la ciencia, la luna juega un rol clave en nuestra vida y subsistencia como humanidad. Estudios han demostrado que, sin las características particulares de la luna, la vida en la tierra (al menos como la conocemos) no sería posible. Y es que la luna tiene características únicas en el universo hasta ahora observable. Por ejemplo, nuestra luna es el único satélite conocido que tiene un tamaño más allá de lo común en comparación al planeta que orbita, condición que permite un adecuado control gravitacional. Así también la relación de tamaño, inclinación y distancias entre la tierra y el sol proveen las condiciones necesarias para que nuestro mundo sea lo que es hoy, con las condiciones estacionales adecuadas para la vida, pero lo más sorprendente de todo es que la probabilidad de que todas estas condiciones se hayan dado juntas es prácticamente imposible, a tal punto que no se ha descubierto un escenario similar en otra parte de nuestra galaxia.
Ahora bien, desde una perspectiva mística, tanto el sol como la luna son considerados portadores de las fuerzas de otorgamiento y de recepción respectivamente, el sol otorga toda su energía y la luna la refleja. Así entonces, sol y luna se correlacionan con las esencias masculina y femenina y, en el árbol de la vida, con las Zefirot de Tiferet y Yesod respectivamente. Estas correlaciones representan el cómo ambas energías se complementan y hacen que juntas logren un objetivo en común – alcanzar la libertad al eliminar la ilusión de la fragmentación.
Pero ¿cuál es el verdadero rol de la luna en el evento de la liberación de la esclavitud?
Es el mismo rol que hoy en día juegan las mujeres en el mundo y en nuestras relaciones personales, iluminándonos, dándonos la fuerza espiritual requerida para elevar nuestras mareas interiores, ayudando a corregirnos y a corregir al mundo.
La luna llena de esa noche estuvo lejos de ser una casualidad, su presencia era requerida como máximo reflejo de la luz del Creador, proveyendo a Moisés y al pueblo de Israel de la iluminación necesaria para alcanzar la libertad. Fue esa misma fuerza proveniente de la esencia femenina que impulsó a Myriamh a iniciar cánticos de alabanza una vez que cruzaron el mar rojo.
La astronomía hoy nos ayuda a confirmar, a través de algunas cifras, lo dicho anteriormente.
Se sabe que la luna tiene un ciclo de 28 días para que alcance su máxima luminosidad (luna llena), este es el mismo valor que la gematría de la palabra en hebreo “coaj” (כֹּחַ) que significa fuerza, fortaleza, poder. También se sabe que, aunque la luna es unas 400 veces más pequeña que el sol, ambos se ven de igual tamaño dado que la luna también está ubicada, coincidentemente, unas 400 veces más cerca de la tierra que el sol.
El valor 400 es la representación mística de la lucha espiritual para una transformación interior y como tal, la posición de la luna respecto al sol hace que ésta sea la portadora de esa fuerza para alcanzar dicha transformación.
Yendo aún más lejos, los grados de inclinación de la tierra respecto al sol (23 grados en magnitudes enteras) más los grados de inclinación de la luna respecto al sol (5 grados en magnitudes enteras) nos revelan nuevamente la cifra de 28. Estas condiciones astronómicas de tener una suma de 28 grados entre ambas inclinaciones hacen que cada 18,6 años ocurra un evento llamado Lunasticio mayor, que es cuando la luna llena alcanza la posición más elevada al ser observada desde la tierra. Lo anterior muestra como la fuerza del 28 (coaj) también está presente en el complemento de ambos astros en su despliegue en el espacio.
Sin duda la fuerza femenina se hizo presente aquella noche del Éxodo, inadvertida, aparentemente distanciada de los hechos que ocurrían, pero poderosa, dando siempre protagonismo a Moisés como contraparte masculina (el sol) para que lograra su objetivo. Y aunque más pequeña que el sol, ambos se visualizan y perciben del mismo tamaño en este mundo físico, porque saben que son complementos y que no hay uno superior por sobre el otro.
En la actualidad se sigue cumpliendo este arquetipo energético y como colectivo humano nos vemos afectos a las fuerzas que la luna, tanto nueva como llena nos provee. En el microcosmos de la persona individual también se cumple lo anterior. Las mujeres como portadoras de la fuerza femenina son quienes nos iluminan, nos impulsan y nos guían a la libertad. Tal como aquella noche, hace más de tres mil años atrás, hoy también podemos ser libres gracias a la fuerza maravillosa, transformadora y sanadora de las mujeres.
Que este Pesaj sea transformador para todas nuestras vidas, tanto de hombres como de mujeres, así alcancemos nuestro máximo potencial como humanidad y logremos la tan ansiada libertad final.
Shabat Shalom
