Tiempo de lectura: 5 minutos - Kabbalah: Básico
Hoy vemos estupefactos como dos naciones del mundo se enfrentan en una guerra. Nuestros corazones se afligen al conocer las consencuencias y sufrimiento que estos enfrentamientos traerán a hombres, mujeres y niños. Rápidamente comienzan las ayudas solidarias y las cadenas de oración pidiendo a Dios que todo este horror termine, sin duda acciones y plegarias necesarias en estos momentos. Sin embargo, más que participar como meros espectadores, quizás haya una pregunta más profunda en la que debamos reflexionar.
¿Realmente la guerra está tan lejos como pensamos?, ¿No será que la guerra está tan cerca como mi propio yo?. ¿Qué tan responsable soy de esta guerra?
Cuando juzgamos la información que nos entregan los noticieros podríamos llegar a escuchar comentarios como; “Rusia sólo busca el poder”, “Hay interes estratégicos tras este ataque”, “Ucrania busca apoyo con intereses ocultos”, “Rusia sólo quiere expandir su territorio”, “la OTAN como siempre quiere mantener el control de todo”, “No hay reales intenciones de diálogo”,”Putin es el nuevo Hitler”, “Putin no escucha a nadie”, etc. Etc.
Pero. ¿qué tal si miramos en nuestra propia vida?
Para la sabiduría de la Kabbalah, una guerra no es más que un reflejo, un efecto en este mundo físico de una causa mucho más sutil y que se extiende mucho más allá que el territorio afectado por el conflicto. Es una causa raiz que nos involucra a cada uno de nosotros. Esta causa es que nuestras almas aún no han corregido los grados de desconexión que tenemos con el Creador, alcanzando una masa crítica tal que permitió la manifestación física de la guerra.
Cuando la vasija original se rompió, esta se dividió en 600 mil almas, las cuales a su vez fueron repartidas como chispas en los hoy más de 7 mil millones de personas habitando nuestro planeta. Cada trozo de esta vasija debe corregir aspectos de ego específicos y por lo tanto muchísmas personas compartimos estos mismos aspectos de corrección (muchas personas somos iracundas, muchas somos ambiciosas, muchas somos vengativas, etc.)
Dicho de otro modo, Dios prefirió utilizar la vieja y conocida estrategia de “dividir para reinar”, ya que de esa manera sería más fácil lograr la corrección de cada trozo de alma primordial al repartir la responsabilidad de la corrección en varias personas. Asi pues, basta con que una masa crítica de gente corriga un aspecto específico del ego para que todas las demás personas se corrigan y sea también corregido el trozo de vasija primordial.
Con esta nueva mirada, si de las frases anteriores cambiamos los las palabras “Rusia”, “Ucrania”, “OTAN”, “Putin” por mi propio “yo”, seguramente nos daremos cuenta como nosotros también hemos ayudado a provocar la guerra;
“Yo sólo busco el poder”, “Yo tengo intereses estratégicos tras este ataque”, “Yo busco apoyo con intereses ocultos”, “Yo sólo quiero expandir mi territorio”, “Yo como siempre quiero mantener el control de todo”, “Yo no tengo reales intenciones de diálogo”,”Yo soy el nuevo Hitler”, “yo no escucho a nadie”. ¿Con cuáles de estos aspectos (o de muchos otros) me siento identificado ya que comparto algunas de las mismas chispas de las personas que están allá al otro lado del mundo?
¿Quieres que realmente la guerra se acabe?
Pues hagámosnos responsbales de la parte que nos toca, libremos una guerra espiritual, seamos verdaderos guerreros espirituales y comencemos por mantener la paz en nuestros hogares, en nuestros trabajos, seamos humildes, no busquemos imponer nuestras ideas de forma imperativa, seamos empáticos, sepamos escuchar, dialogar y por sobre todo amémomonos desinteresadamente más que nunca. Sólo de esa forma, y con la infinita misericordia de nuestro Abba Kadosh, podremos alcanzar una masa crítica necesaria para corregirnos y hacer que, junto con nuestras plegarias y acciones positivas, desaparezca la manifestación física de esta lamentable y triste guerra.
Que así sea!
