¿Cuál es la diferencia, espiritualmente hablando, entre dar y compartir?
Si bien podríamos tratar ambas palabras como sinónimos, espiritualmente hay algo que las diferencia; la conciencia.
Aunque dar y compartir son aributos positivos, el dar puede transformarse en un acto mécánico, obligado y quedar relegado a un simple gesto de generosidad. Sin embargo el compartir contiene en si mismo el acto de dar y el acto de involucrarnos en ese acto de otorgamiento.
Al respecto hay muchos ejemplos.
- Puedo dar una limosna a un mendigo o puedo compartir la limosna con una sonrisa y una bendición con la genuina intención de que su vida mejore
- Puedo darle tiempo a alguien para que me hable o puedo compartir parte de mi vida con esa persona involucrándome en lo que me quiere decir
- Puedo dar cariño a mi familia porque me hacen feliz o puedo compartir mis habilidades y esfuerzo en mi familia para hacerla feliz
- Puedo darle las gracias a alguien que me hizo un favor o puedo compartir una bendición a quien me ha favorecido
- Puedo darle un préstamo de dinero a alguien que me lo pide o puedo compartir una genuina preocupación con esa persona ayudnádola no solo con el dinero que necesita sino que con cualquier otra cosa que le falte.
El dar por si solo podría llegar a ser egoísta o interesado, pero el compartir siempre será real y hará que me involucre. Sólo la “conciencia” transforma la acción de “dar” en un acto de “compartir” verdadero, combustible que hará encender la llama del amor incondicional hacia toda la humanidad.
Porque todos somos Uno.
