Niños muriendo de hambre en África, Familias enteras muertas por explosiones de atentados suicidas, excesos como la droga, mujeres violadas, etc. Si Dios existiera no permitirá nada de esto.
Este es uno de los argumentos preferidos de los ateos y no es que no tenga lógica esta postura pues si lo vemos fríamente, todos estos eventos tristes no se condicen con la imagen de un Dios que es infinito en amor, compasión y misericordia.
Pero la respuesta es más corta y menos compleja de lo que se podría suponer. Antes de responsabilizar a Dios de algo, deberíamos preguntarnos quienes somos los primeros que permitimos hambrunas, fundamentalismo, excesos y abusos. Pues sí, la respuesta es «nosotros», somos nosotros los que estamos en el frente de batalla de la vida, en plena línea de fuego de este mundo. Nuestra especie, los mismos que tenemos el poder de dar la vida por amor también permitimos y hacemos todas esas aberraciones por responsabilidad propia, sin Dios en la ecuación, somos los únicos responsables de gran parte del sufrimiento en la humanidad.
Y es que sólo se trata de ti y de mi y de cada uno individualmente. Tan solo preguntémonos cuantas veces al día (en nuestro pequeño mundo personal) actuamos en base al amor y cuantas no:
– ¿Has amado lo suficiente como para dar limosna a todos y a cada uno de los que te lo han pedido sin cuestionarte por un segundo si se lo «merecen»?
– ¿Has amado lo suficiente como para no gritar e insultar al automovilista que se te atravesó delante y te hizo frenar brusco?
– ¿Has amado lo suficiente como para dejar de fumar y ese dinero donarlo a quien más necesita?
– ¿Has amado lo suficiente como para nunca haber tenido sexo sin amor y solo con la intención de tu satisfacción personal?
¿En qué se diferencian los ejemplos anteriores de las hambrunas, fundamentalismo, excesos y abusos mencionados al inicio?
Únicamente se diferencian en la escala. Nada más!.
Cada vez que encontraste un solo argumento para dejar de dar una limosna, diciéndote a ti mismo que es un borracho que sólo quiere dinero para seguir bebiendo, que es un ciego que ve, que debería trabajar como todos, etc., entonces estás obligado a aceptar que en el mundo habrá también alguna justificación para que el hambre y la pobreza sigan existiendo y hayan motivos para no aplacarlas.
Cada vez que bajaste el vidrio de tu auto e insultaste, ofendiste y gritaste indignado al conductor que se te atravesó, volviéndote contra él con toda tu ira, con todo tipo de gestos y con la decidida intención de reprocharle en su cara lo absolutamente equivocado que está, entonces también debes aceptar que pueden haber hombres que griten al mundo, incluso haciéndose explotar, para demostrar lo equivocado que está el resto.
Cada vez que te reconoces en algún exceso o vicio, como una borrachera social con amigos, un porro de marihuana para relajarte, una cajetilla de cigarros para el estrés o comer en exceso para matar la ansiedad, entonces debes aceptar que también hayan excesos a mayor escala y por su puesto hombres que provean los insumos para esos excesos (como los traficantes de drogas).
Cada vez que abusaste de alguien (no necesariamente sexualmente), puede ser abuso laboral, abuso psicológico, abuso de confianza o abuso de poder, entonces estás obligado a aceptar que en el mundo puedan haber abusadores de todo tipo como lo son los violadores.
No pongo en duda que has dado muchas limosnas, y que muchas veces te has contenido de insultar y que otras tantas te has restringido en tus deseos propios a favor de los demás. Tampoco digo que todo el sufrimiento del mundo sea tu culpa, lo que digo es que si a una escala muy menor todo lo anterior existe en ti, entonces también existe en mí y en todo el mundo, y por lo tanto todos debemos aceptar que a gran escala esto también existirá.
Dicho de otra forma y explicado con un ejemplo: En Asia se vende la sopa de aleta de tiburón como un alimento excéntrico, delicioso y muy caro. Millones de tiburones muertos sólo por conseguir su aleta. Ecologistas de todo el mundo han logrado muchas cosas, incluso lograron prohibirla en algunos países. Sin embargo la sopa de aleta de tiburón continúa vendiéndose indiscriminadamente muchas veces en forma clandestina.
La pregunta que explica lo que he querido decir en los párrafos anteriores es:
¿Existiría el comercio de sopa de aleta de tiburón si no hubiera gente que la consumiera?. Si no existiera un solo cliente esperando por la sopa entonces simplemente no estaría la posibilidad de que ese producto se comercializara.
Así también podemos preguntarnos, ¿existirían las hambrunas si no hubiera gente que las permitiera?.
El ser humano, dotado misteriosamente del don de amar hasta el extremo y también con la capacidad de exterminarse mutuamente, atrapados en cinco limitados sentidos que no nos ayudan al altruismo sino más bien a alimentar nuestro instinto egoísta. Así, limitados como somos, donde aveces provocamos hambrunas, abusos y excesos en nuestro pequeño mundo personal, así y todo sentimos en nuestro interior la chispa de saber cuál es la opción correcta, inscrito en nuestro ADN está que el amor es el camino y lo más sorprendente de todo es que además sabemos que tenemos el poder de decidir entre amor o miedo.
Ahora vuelve Dios a la ecuación. Quiero imaginar que parte de la explicación de Dios es ese poder interior que cada uno tiene de encender el interruptor, de escoger correctamente, de mirar por sobre nuestros cinco sentidos y de traer la luz al mundo en vez de oscuridad y caos. El poder potencial del amor en cada ser humano es un don mayúsculo, que ha evitado nuestra autodestrucción en nuestra estadía en este planeta. Este poder potencial solo requiere de una decisión, de encender o apagar el switch de nuestro ego. Lo que hagamos con amor en nuestro pequeño mundo individual, afectará a mayor escala en el mundo entero y si todos somos capaces de apretar juntos el interruptor, sólo entonces entenderemos que Dios más que permitir el sufrimiento, nos otorgó a nosotros el poder de erradicarlo.
Porque todos somos Uno!
