Me dirigía en mi auto a dejar a mi hermano cuando, por distracción, me pasé de la ruta trazada por Waze. La verdad ninguno de los dos prestó demasiada atención al imprevisto porque rápidamente Waze trazó una nueva ruta para llegar al destino. Casi inmediatamente después, volví a equivocar el camino y nuevamente Waze elaboró una nueva ruta para nosotros, esta vez algo más larga porque no había un retorno inmediato posible. Sin embargo, aún cuando ninguno de los dos conocía el sector por donde nos envió, estábamos tranquilos y confiados porque sabíamos que finalmente terminaríamos llegando al destino. Ambos elogiamos a Waze por su capacidad de guiarnos sin tener que preocuparnos y seguimos conversando como si nada hubiera pasado.
Dios es el Waze de la humanidad, El siempre está re calculando nuestra ruta para llevarnos al destino para el cual fuimos creados. Sin embargo, muchas veces las caídas, los fracasos, las pérdidas y todo lo que nos duele lo vemos como producto del caos, la mala suerte o la inexistencia de alguien que ayuda desde lo alto.
Dios jamás nos abandona, únicamente nos lleva por la rutas necesarias, algunas más largas, duras, espinozas que otras, para alcanzar nuestro crecimiento espiritual y lograr nuestro destino.
Si tan solo tuviéramos la misma confianza en Dios como la tenemos con Waze la vida sería muchísimo más plena. Si elimináramos la queja por todo lo malo que nos ocurre y todo aquello lo viéramos como solo el aprendizaje de un error, confiados y tranquilos de que Dios nos está trazando una nueva ruta, entonces eliminaríamos de nuestra vida el miedo, la angustia, la tristeza y dedicaríamos nuestra vida a agradecer, alabar y a conectar con esta fuerza infinita e inagotable de amor incondicional que llamamos Dios.
Que Dios nos de la fuerza para que como humanidad logremos la redención y podamos escuchar pronto a nuestro Creador diciendo “has llegado a tu destino”.
Shabbat Shalom!
