En tiempos donde hemos estado virtualmente obligados a guardar distanciamiento de los demás, a volvernos a nuestras casas y a mirarnos a nosotros mismos, vale la pena preguntarnos si esto lo podemos tomar como una real oportunidad o sólo es una situación más de la cual quejarnos y deprimirnos.
Si miramos la historia de nuestro Patriarca Abraham podríamos obtener alguna respuesta.
En la mayoría de las biblias tradicionales, podemos leer la primera instrucción que Dios le da a Abraham en su ciudad natal:
(Génesis 12:1)
“Yavé dijo a Abram: Deja tu país, a los de tu raza y a la familia de tu padre, y anda a la tierra que yo te mostraré.” (Biblia Latinoamericana)
En estas traducciones podemos ver una clara instrucción de irse o salir del lugar de donde está. Sin embargo, al volver al texto original en Hebreo, el texto de la Torá, podemos ver algo mucho más profundo y que nos revela una gran enseñanza. En la Torá leemos:
(Bereshit 12:1)
“Vete para ti (o vete desde ti) de tu tierra, de donde naciste y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré.”(Torá)
Leyendo esta traducción original, vemos que inicia de una forma algo diferente a las traducciones anteriores, es más, hasta tiene 2 opciones de traducción al parecer opuestas. ¿Qué aprendemos de esta traducción?
Dicen los psicólogos que las personas estamos influenciadas o definidas por 3 tipos de entornos/circunstancias. Primero que nada nos definen nuestros genes, que como sabemos nos heredan información estructural de nuestros antepasados. Luego nos define o influencia nuestra familia, la forma en que nos criaron, lo funcional o disfuncional del grupo familiar, etc. Y finalmente nos define o influencia nuestra sociedad, es decir nuestro país, cultura, costumbres, etc.
Al parecer no tenemos escapatoria, somos personas esclavas de estos tres elementos y deberíamos entregarnos a ellos. Así, si una persona nació con una predisposición genética a la depresión, en una familia disfuncional y en un país de precariedad, entonces no queda otra posibilidad que sucumbir a una vida desgraciada y triste.
Sin embargo, Dios nos manda a que la esclavitud no sea una opción para la humanidad.
El texto original en hebreo coincide con lo que hoy dicen los psicólogos (claro, la Torá lo dijo más de 3 mil años antes). De la Torá aprendemos:
- “Vete desde ti”, que alude a sobreponerte a tu predisposición genética, viajando a tu alma que no es física.
- “De la tierra de donde naciste”, aludiendo a tu entorno social
- “Y de la casa de tu padre”, aludiendo a la influencia de la familia
Una segunda traducción posible es:
- “Vete hacia ti”, que alude a ir a tu alma por sobre tu genética física
- “De la tierra de donde naciste”, aludiendo a tu entorno social
- “Y de la casa de tu padre”, aludiendo a la influencia de la familia
Cualquier de las alternativas nos enseñan algo que las biblias occidentales perdieron al momento de traducirlas a los diferentes idiomas. El mensaje de fondo no era salir e irse a algún lugar en el exterior (aunque el mensaje de moverse de la zona de confort está implícito también), el mensaje más certero y profundo es cambiar nuestro interior, elevarnos espiritualmente, elevar nuestro estado de conciencia, conectarnos con luz del Creador, con la verdadera realidad del 99% y trascender. Sólo así podremos alcanzar la plenitud tanto en el plano físico como en nuestra alma.
¿Fácil?, no, ¿posible?, sí. De hecho después de una larga y sufrida travesía desde la esclavitud de Egipto (estrechez) por el desierto, camino a la liberación, que duró 40 años, el pueblo de Israel logró entrar a la tierra prometida.
Hoy el llamado ha sido a no salir, quedarnos en casa, guardar distanciamiento, irnos hacia nuestro interior. Quizás el Creador nuevamente nos está hablando igual como los hizo hace milenios. Si queremos escuchar el mensaje y obedecer, tal como lo hizo Abraham Avinu, tenemos la posibilidad de encontrar, de esta pandemia, una verdadera oportunidad para alcanzar la tan anhelada tierra desde donde emana leche y miel.
Shabbat shalom
