Cómo un simple juego de ajedrez me enseñó acerca del amor incondicional…
A veces escuchamos hablar del amor incondicional y lo vemos como algo tan utópico, tan elevado y reservado solo para los grandes maestros iluminados.
Pero realmente el amor incondicional es algo que tenemos la capacidad de vivir en nuestras vidas, y si no estamos atentos puede que no seamos capaces de verlo.
Esta semana que el pollito estuvo conmigo en la casa, nos dedicamos a jugar ajedrez. Ha sido bastante entretenido porque hace años que no jugaba y de alguna manera sentía que era hábil para ese juego, así que me animé a jugar.
Por otro lado, el pollo muy aplicado se ha dedicado a estudiar, leer y ver videos de maestros de ajedrez así que, en teoría, las fuerzas estarían equiparadas.
El resultado, pollito me ganó en prácticamente todas las partidas.
Pero que tiene que ver esto con amor incondicional?
Cuando me ganó la primera vez sentí alegría porque se manejaba bien en el tablero. Luego me volvió a ganar y me sentí aún más feliz, luego siguió ganando y empecé a sentir orgullo… cada vez que me ganaba aumentaba mi felicidad por él… y ahí me detuve y me pregunté… espera!… ¿no debería sentirme frustrado por mi mismo?, ¿no debería sentir algo de envidia?, ¿no debería sentir herido mi amor propio?
Pero nada de eso sentía y era exactamente al revés y ahí me di cuenta que lo que sentía era amor incondicional. Porque en los momentos en que me ganaba, yo únicamente pensaba en el pollo y no estaba concentrado en mi.
Claro, pensé también que quizás con la esposa, los hijos y la familia en general, es simple y algo natural sentir ese tipo de amor. Y aunque eso es cierto, igualmente es impresionante comprobar que este concepto de amor, que lo vemos tan alejado, lo vivimos más frecuente de lo que pensamos en nuestro día a día.
Es este tipo de amor el que debemos cultivar hacia los demás, y aunque sea difícil, Dios nos regala a la familia para demostrarnos que el amor incondicional es real y que lo podemos experimentar.
Cómo?… justamente dejando de pensar en nosotros mismos sino que pensando exclusivamente en el otro.
En la medida que nos alejamos del yo, lentamente comienza a aparecer el otro y te das cuenta que la felicidad del otro termina haciéndote feliz a ti. Es justo en ese momento que ya no hay condiciones, no te fijas en los merecimientos del otro sino que en el bienestar del otro, conectando directamente al cable de los 200 mil voltios de luz que ha estado inmutable y disponibles siempre para lograr la plenitud completa, haciéndonos así afines al Creador a través del verdadero amor.
****** el amor incondicional es algo que tenemos la capacidad de vivir en nuestras vidas, y si no estamos atentos puede que no seamos capaces de verlo. ******
Shabbat shalom.
