Una historia curiosa, cómo muchas, de la biblia es la historia de los dos hijos de Isaac (Itzjak). Isaac tuvo dos hijos gemelos, Esav y Yaakov. El relato textual dice que Esav nació primero que Yaakob quien desde atrás lo tenía agarrado del tobillo. Esav es descrito como un hombre fiero, cazador y sangriento, en cambio Yaakov era descrito como un hombre justo y que le gustaba la vida en su tienda. Un día Yaakov había preparado lentejas rojas para la cena y el relato dice que Esav entra a la tienda cansado de la caza y hambriento y le dice a su hermano – dame a engullir de esa cosa roja pues estoy hambriento. Yaakov le dice que se lo dará solo si a cambio le da su primogenitura (el honor de recibir la bendición de su padre al primer nacido). Esav responde diciéndole – de que me sirve esa primogenitura si algún día igual moriré. Así despreció la bendición de su padre, por un plato de lentejas rojas.
Seguramente a estas alturas, aparte de encontrar esta historia completamente extraña, se estarán preguntando que reflexión se podría sacar de ella.
Cómo la mayoría de las historias de la biblia, al leerlas literalmente no nos dicen mucho y más bien tienden a confundirnos. Pero la sabiduría de la Kabbalah nos ha transmitido, a través de los siglos, el verdadero secreto oculto de estas historias.
Realmente la historia de Esav y Yaakov nos es más que la historia de nuestra alma. Esav y Yaakov no son dos personas separadas, sino que son una misma persona compuesta por el alma (Yaakov) con sus virtudes y el cuerpo (Esav) con sus malas inclinaciones.
Las lentejas rojas son nuestro deseo de espiritualidad que, a los ojos de Itzjak (alma) es el alimento para corregirnos. Sin embargo, a los ojos de Esav (nuestros rasgos menos refinados), representa una “cosa roja” que con tal de “engullirla” es capaz de despreciar la bendición del Padre.
¿Qué es lo que nos permite ver “lentejas rojas para alimentarnos” o una “cosa roja para engullir”?
La respuesta es nuestro libre albedrío.
Cada día tenemos la posibilidad de transformarnos en Yaakov o en Esav y más aún tenemos la posibilidad de optar por recibir o despreciar la bendición de nuestro Padre.
¿Por qué la historia fue relatada con algo tan poco glamoroso como lentejas y no con un cabrito o ternero tal como otras historias bíblicas más épicas?
Nuestras cualidades menos refinadas no son grandes cosas, no se trata de que optemos por ser o no asesinos seriales o tengamos que optar por robar o no. Realmente se trata de aquellas cosas que la mayoría de las veces ni siquiera queremos prestarle atención, tal como no le prestarías atención a un plato de lentejas.
Ser una persona espiritual no es aquella que es perfecta, sino es aquella que se esfuerza por descubrir, reconocer, asumir sus rasgos negativos y trabajar duro para depurarlos, así nos alimentamos espiritualmente y recibimos la bendición de nuestro Padre.
En este paseo a la playa de fin de semana comprobé que tengo tanto que depurar de mi mismo y más aún, me di cuenta que muchas veces he engullido de eso rojo.
Gracias a Dios, uno de los secretos kabbalisticos y milagros más hermosos de Shabbat es que, en cada Shabbat, Dios crea nuevamente el mundo. Es decir, cada día Domingo es como si fuera nuestro primer día en el mundo, teniendo toda una semana para corregir aquello que no nos hace alcanzar las bendiciones que están destinadas para nosotros.
Que Dios nos de la voluntad, la fuerza y la sabiduría para transformarnos en Yaakov para alcanzar toda la Plenitud (shalom).
Shabbat Shalom.
